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Hay canciones que no son solo una declaración de principios ante la vida, sino abrazo para tiempos convulsos e impulso para asumir los riesgos que valen la pena. Historia de las sillas es una esas.
El que tenga una canción tendrá tormenta, / el que tenga compañía, soledad. / El que siga un buen camino tendrá sillas / peligrosas que lo inviten a parar. / Pero vale la canción buena tormenta / y la compañía vale soledad. / Siempre vale la agonía de la prisa, / aunque se llene de sillas la verdad.
Así inició Silvio Rodríguez su concierto, este domingo, en el Movistar Arena, en Madrid. Con la presentación culminó la exitosa gira que lo llevó de vuelta a España, tras varios años sin presentarse en ese país, y que incluyó (desde septiembre en Barcelona) un tour por ocho ciudades.
Más de dos horas cantó Silvio. Todas las entradas habían sido vendidas, y la prensa describió un «pabellón abarrotado». Los titulares dieron cuenta, asimismo, de las emociones vividas: «Silvio Rodríguez se despide de España con un baño de nostalgia en Madrid»; «Silvio Rodríguez, comandante del alma, celebra seis décadas de magisterio en Madrid»; «Silvio Rodríguez cogió su “fusil de belleza” en Madrid».
Acompañaron al trovador, que cumplirá muy pronto 80 años, Niurka González (flauta y clarinete), Malva Rodríguez (coros, teclados), Jorge Aragón (piano), Rachid López (guitarra), Maykel Elizarde (tres), Jorge Reyes (contrabajo), Emilio Vega (vibráfono) y Oliver Valdés (batería / percusión).
El medio El Español resaltó en su crónica de la noche: «…el concierto arrancó muy poco después de las 19 horas, prácticamente puntual, y había muchas ganas de disfrutar de uno de los repertorios más excelsos de la música en español. En sus sofisticadas melodías aflora el sustrato de toda la música popular latinoamericana. En sus letras, plagadas de hallazgos poéticos e imágenes centelleantes, resuena el eco de las revoluciones del sur. De los poetas José Martí y Luis Rogelio Nogueras, pero también de los coetáneos con los que formó parte de la Nueva Trova».
La «ovación cerrada y el público en pie para recibir al maestro», y la sobriedad sobre el escenario fueron elementos también resaltados de un show calificado como una artesanía notable.
Historia de las sillas, Ala de colibrí, Sueño con serpientes, Virgen de Occidente, Viene la cosa, Nuestro después, En cuál de esos planetas, Me acosa el carapálida, Pequeña serenata diurna, La era está pariendo un corazón y El necio estuvieron entre los temas compartidos por Silvio.
Las referencias a José Martí, Pepe Mujica, y Luis Eduardo Aute –de cuya canción La belleza interpretó su versión– y al poema Halt!, de Luis Rogelio Nogueras; así como a Abel Santamaría, pues compartió Canción del elegido, también formaron parte del concierto, en el que se escucharon los ¡Viva Cuba! y ¡Palestina Libre! (el trovador llevó la kufiya sobre los hombros parte de la noche).
Ojalá, una de las canciones en las que el despecho se ha elevado más desde lo poético, no podía faltar y fue coreada con fervor; pero la escogida para cerrar fue Óleo de mujer con sombrero: La cobardía es asunto / De los hombres, no de los amantes / Los amores cobardes no llegan a amores / Ni a historias, se quedan allí.
Silvio no cabe en un concierto de dos horas; muchos quedaron esperando, por ejemplo, Unicornio; sin embargo, nadie terminó defraudado: allí estuvo su poética estremecedora, su coherencia y amplitud de miras, y la defensa de la belleza, que es siempre revolucionaria.
«Vi a no pocas personas con los ojos vidriosos al término», escribió uno de los cronistas. La capacidad de la emoción y del entendimiento son saldos que deja el arte de Silvio, algo muy necesario en un mundo abocado a los fascismos.
Su guitarra no enmudecerá para las multitudes. Hace unas semanas, anunció que a finales de abril de 2027 tendrá una gira por México, que llegará hasta Monterrey, Guadalajara, Puebla y cerrará en el Auditorio Nacional.
