
Los apagones empujaron este jueves por la noche a vecinos de Santos Suárez, en el municipio Diez de Octubre de La Habana, a protestar en la calle y prender fuego a montones de basura en plena vía pública. La escena volvió a dejar al descubierto hasta qué punto la crisis eléctrica está rompiendo la paciencia de la gente en la capital.
Las imágenes difundidas en redes mostraron llamas en varias calles del barrio mientras residentes expresaban su hartazgo por los cortes prolongados y la vida diaria cada vez más difícil. En una ciudad donde el régimen insiste en normalizar la carencia, el fuego en la calle terminó siendo la respuesta visible al cansancio acumulado.
“Ahora mismo sucediendo en La Habana (en Santos Suárez y en el Bahía)”, escribió un usuario en Facebook. Otro mensaje ironizó sobre la llamada “continuidad” para describir horas interminables sin electricidad, una frase que ya suena vacía frente a la realidad de millones de cubanos obligados a resistir sin luz, sin descanso y sin soluciones.
El periodista José Raúl Gallego también reportó desde Cuba que en la zona “están sonando la campana de la Iglesia”, una señal de alarma que acompañó la protesta. Yosmany Mayeta Labrada compartió imágenes de grandes hogueras y aseguró que varios basureros habían sido incendiados por vecinos durante la movilización.
Lo ocurrido en La Habana coincidió con una nueva noche de cacerolazos en Santiago de Cuba, donde se reportaron protestas por segunda jornada consecutiva en el Reparto Sorribe, Veguita de Galo y la calle Zamorana. También hubo denuncias de manifestaciones en calles cercanas a la sede provincial del Partido Comunista de Cuba, con apagones que, según los reportes, llegan hasta 22 horas diarias en algunas zonas.
La crisis electroenergética nacional, agravada por la salida de servicio de la termoeléctrica Antonio Guiteras y por los déficits de generación, ha convertido el apagón en un detonante social. El malestar ya no se queda en el oriente del país ni en barrios castigados por la escasez: también alcanza la capital, donde la frustración empieza a salir de los hogares y a tomar la calle.
El mensaje político es imposible de maquillar. Cuando la basura termina ardiendo en medio de la noche porque el barrio no aguanta más, el régimen queda expuesto en lo más básico: no logra sostener la electricidad, no protege la vida cotidiana y ha llevado el deterioro a un punto en que la protesta aparece como desahogo y denuncia al mismo tiempo.


