
Foto: Santiago Martí
La cuna del son, del bolero, de la música compuesta por Esteban Salas en su primada iglesia catedral -génesis de nuestras melodías más autóctonas-, está hoy de cumpleaños. Cuba, como le decían hasta principios del pasado siglo, es el Santiago de la Mayor de las Antillas que tiene sus pares en toda Iberoamérica.
Una gala en los predios de su antiguo Ayuntamiento -donde fue proclamado, a la nación y al mundo, el triunfo de la Revolución Cubana-, tendrá lugar esta noche para celebrar el aniversario 511, y a la vez esperar la mañana de la Santa Ana, devenida en Día de la Rebeldía Nacional.
Será un domingo diferente a aquel de julio de 1953, cuando un grupo de jóvenes -liderados por Fidel-, asaltó el cuartel Moncada para concretar la decisión de no dejar morir al Apóstol en el año de su Centenario.
Santiago es orgullo para la Patria. Desde José María Heredia hasta la mambisa familia Maceo-Grajales, y una extraordinaria y larga lista de héroes y mártires que fueron a la manigua y a la Sierra, y que nunca dejaron de luchar en el Llano.
Es la ciudad de Frank y Josué País, la del levantamiento del 30 de noviembre; la que recibió a los «mambises» del siglo XX el 1 de enero de 1959 y que, con la hidalguía que la caracteriza, recibió el título honorífico de Héroe de la República de Cuba y la Orden Antonio Maceo, en la noche del primer día de 1984.
Tras 511 años y «para una definición de la ciudad», a decir dr Waldo Leyva, basta un reto: «Si encuentras alguna piedra que no haya sido lanzada contra el enemigo / si descubres una calle por donde no haya pasado nunca un héroe / si desde el Tívoli no se ve el mar / si hay alguna ventana que no se haya abierto nunca a las guitarras / si no encuentras ninguna puerta abierta / puedes decir entonces que Santiago no existe».
Santiago es la cuna de la Revolución, pero -como cantó tantas veces el trovador-, es también pan, ese alimento que necesita levadura -en este caso su gente- para que leude toda la masa.



