Marco Rubio ha pedido a los cubanos que actúen ‘ahora’ y Donald Trump ha dejado caer que sus buques de guerra pueden hacer escala en Cuba a la vuelta del conflicto con Irán. En el centro del tablero, una treintena de hoteles españoles.
No es una frase suelta ni casual. El secretario de Estado publicó el mensaje en redes sociales horas después de que el presidente hablara en un mitin en el sur de Florida, el territorio donde se concentra el voto cubanoamericano. Allí sugirió que los buques que regresen de la guerra con Irán podrían desviarse hacia la isla. Dos señales, un mismo día, una sola dirección.
Conviene leer el texto completo. Rubio lo dirigió a ‘quienes buscan crear un cambio positivo’ y les vino a decir que la decepción acumulada —promesas incumplidas, corrupción, privilegios de unos pocos— es la oportunidad que llevaban esperando. El mensaje, tal y como lo recoge el diario británico, incluía una referencia a una ‘colaboración discreta’ con la CIA. La fórmula no es menor.
Qué hay detrás del mensaje de Rubio
El calendario explica parte del ruido. Estados Unidos vota en noviembre y el sur de Florida vuelve a ser un campo de batalla electoral donde Cuba pesa mucho más de lo que su tamaño sugiere. Pero reducir todo a la campaña sería un error. La isla atraviesa una de sus peores crisis en décadas: apagones prolongados, escasez de combustible y una emigración que ha vaciado aulas y hospitales.
Y aquí está la clave que casi nadie cuenta. Cualquier movimiento de Washington sobre Cuba deja de ser un asunto caribeño en el minuto en que toca a las empresas que sostienen la economía turística de la isla. Las principales hablan español y tienen su sede en Madrid, Palma o Barcelona.
Qué se juega España: hoteles, divisas y una posición incómoda
Meliá, Iberostar, Barceló, NH y Riu llevan tres décadas en la isla y son, con diferencia, el principal inversor hotelero extranjero del país. Gestionan sus establecimientos mediante joint ventures con el Estado cubano —el reparto de ingresos que el sector llama ‘parte económico’—, y el turismo es la primera fuente de divisas de la economía cubana. Traducido: cuando se habla de buques de guerra, se habla del activo español más expuesto en el Caribe.
Las cadenas españolas son el mayor inversor hotelero extranjero en Cuba, y su futuro depende ahora de una campaña electoral en Florida.
La cifra que mejor mide la exposición no es una facturación, sino una dependencia. Cuba no tiene otro sector que genere divisas con esa rapidez, y buena parte de la planta hotelera de capital foráneo está operada por compañías españolas. Si el turismo se para, la isla se queda sin moneda extranjera; si la isla se desordena, esas compañías pierden caja, licencias y, en el peor escenario, activos.
El Gobierno español mantiene una posición conocida: rechazo al embargo y voto anual en la ONU a favor de levantarlo. No es una postura cómoda. España quiere proteger a sus empresas sin romper con Washington, y ese equilibrio se tensa cada vez que la Casa Blanca sube el tono.
El precedente de 2019 que ya golpeó a las empresas españolas
Ya ocurrió. El Título III de la Ley Helms-Burton, aprobada en 1996, permite demandar ante tribunales estadounidenses por propiedades expropiadas tras 1959. Todos los presidentes lo habían suspendido por decreto hasta que Trump lo activó en 2019. Meliá, Iberostar, Barceló y NH se vieron entonces en juzgados de Estados Unidos por hoteles levantados sobre terrenos reclamados por demandantes con nacionalidad estadounidense.
La respuesta europea fue el reglamento de bloqueo de 1996, que prohíbe a las compañías de la UE acatar esas decisiones extraterritoriales. Funciona como escudo, pero no borra el riesgo: la empresa queda atrapada entre dos ordenamientos que se contradicen. Y en ese pulso, la firma española siempre lleva las de perder.
Retrocedamos un momento, porque no es la primera vez que una potencia exterior decide el destino de la isla. En 1898, tras la guerra hispano-estadounidense, España salió de Cuba; la enmienda Platt de 1901 concedió a Washington el derecho a intervenir cuando lo estimara necesario hasta su derogación en 1934. Guantánamo sigue en manos estadounidenses desde 1903. La historia cubana del siglo XX está hecha de tutelas ajenas.
Lo que España dejó allí —la lengua, la arquitectura de La Habana, una cultura jurídica, las marcas hoteleras que hoy operan en la isla— sobrevivió a la bandera. Ese es el capital simbólico que también está en juego.
Hacia delante, hay tres cosas que conviene seguir. La primera, si el Departamento de Defensa concreta o no el desvío de buques: una sugerencia en un mitin no es una orden. La segunda, si la Casa Blanca mueve licencias o sanciones que afecten al turismo y a las empresas españolas en Cuba. La tercera, si las cadenas revisan sus planes de inversión para 2027, porque el sector ya ha aprendido que en Cuba la política siempre llega antes que la cuenta de resultados.
📌 Ficha del Caso
- Ficha sobre el caso: El secretario de Estado de EE.UU. instó a los cubanos a actuar ‘ahora’, horas después de que Trump sugiriera desviar buques de guerra hacia la isla al regreso del conflicto con Irán.
- Datos importantes: Las cadenas españolas son el principal inversor hotelero extranjero en Cuba. El Título III de la Ley Helms-Burton, activado en 2019, ya llevó a Meliá, Iberostar, Barceló y NH ante tribunales de EE.UU.
- Resumen: España tiene en Cuba un activo económico y simbólico difícil de sustituir, y cualquier movimiento de Washington en la isla lo pone bajo sospecha.

