“Dónde están las mujeres que no tienen maridooooooooooo?”, repite una y otra vez, entre fragmentos de música de reparto, la potente voz del DJ a través del bafle gigantesco instalado en áreas de la Plaza Cultural de Olivos I, en Sancti Spíritus, donde se centran las actividades recreativas del verano en la cabecera provincial.
A la Redacción de Escambray llega la carta de los vecinos del edificio 12 Plantas, para dar fe de una inquietud que también se hace sentir en todos los alrededores del concurrido barrio.
“Desde hace varias semanas los festejos se extienden día y noche, con ofertas gastronómicas a precios exorbitantes, aparatos para los niños también carísimos y una música ruidosa, sobre todo en horario nocturno”, refieren los remitentes.
El texto reconoce que se entiende la necesidad de ofrecer opciones recreativas en esta etapa veraniega, en tiempos de apagones y ausencia de otras propuestas por falta de recursos, pero advierte que tampoco pueden afectarse la paz y la tranquilidad de las personas que allí habitan.
“Es un infierno convivir con el escándalo de una música que no siempre es la más adecuada, pero lo peor no es ni siquiera la calidad artística, sino la agresión sonora a que estamos sometidos de lunes a lunes, sin descanso”, apunta la carta.
También se preguntan los remitentes si es permisible extender los horarios de fiesta hasta las dos o las tres de la madrugada, incluso en días laborables, pues allí viven personas que trabajan y no pueden prácticamente dormir hasta esa hora.
Igualmente, cuestionan el exceso de bafles (aseguran que hay más de uno en distintas direcciones) y los altos decibeles tanto de la música como de la voz del animador, que grita desmesuradamente a la una de la mañana como si fueran las tres de la tarde.
“Las paredes del edificio se estremecen —asegura la carta—, así que pueden imaginarse cómo impactará en las cabezas de las personas, agobiadas ya por el apagón y los problemas cotidianos. Ahora ni siquiera pueden intentar dormir tranquilamente. Aquí viven ancianos, niños, personas que trabajan al día siguiente y están todos obligados a soportar este abuso, noche tras noche, según se dice hasta que concluya agosto”.
Escambray sugiere a las autoridades pertinentes revisar el asunto, pues, si bien es cierto que la recreación es un derecho y una necesidad social, también lo es convivir en armonía. Lo que no debe suceder es que se violen disposiciones establecidas, que el ruido campee por su respeto sin control y que, a costa de mantener opciones para el disfrute de un segmento poblacional, un barrio entero tenga que padecer insomnio permanente.



