¿Qué pasó con el caracol gigante africano?
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¿Qué pasó con el caracol gigante africano?

El caracol gigante africano es una imagen recurrente en muchos patios del poblado de Santa Marta. Foto: tomada de Presa Latina

Se pensaba que había desaparecido de la Isla. Ya pocos hablan de él, solo de vez en cuando lo vemos en algún meme dedicado en las redes sociales. No han sido pocos los que se han preguntado qué ha sucedido con el caracol gigante africano, que de ser un “personaje tristemente célebre”, ya no ocupa titulares ni mantiene en estado de alerta a casi nadie.

Quizás el duro impacto provocado por la covid-19, la crisis económica que desde hace algunos años padece Cuba, los apagones, el carbón, la falta de electricidad y agua, o la premura con que se habita un país sofocado por las consecuencias de un desgaste sistemático, hayan invisibilizado al caracol gigante africano.

Lo cierto es que lo que para algunos constituye un simple recuerdo o, incluso, motivo de broma; para otros es una preocupación constante devenida de su día a día. Un habitante indeseable al que miran con resquemor y suspicacia.

SÍ HAY CARACOL

Bien lo saben los vecinos del consejo popular Santa Marta, perteneciente al municipio de Cárdenas, quienes deben lidiar a diario con esta especie altamente invasiva y cuyos efectos negativos sobre la salud de las personas, aunque parezcan invisibles, no han variado en nada.

Así lo confirma Graciela Isaac, vecina de La Emilia. “En realidad el caracol gigante africano es común en esta zona, forma parte de la fauna. Están en mi patio y llegan hasta la puerta de la casa. De vez en cuando hago una recogida, los echo en un recipiente destinado para ello; debería ponerles sal, pero eso es imposible, entonces, consigo cal. Me comen las plantas.

Esta especie se reproduce aceleradamente en algunos lugares de la provincia. Fotos: Yailenys Ramírez Torres
Esta especie se reproduce aceleradamente en algunos lugares de la provincia. Foto: Yailenys Ramírez Torres

“No todo el mundo usa guantes u otras medidas de protección, ni tienen percepción de riesgo respecto a este tema. Los matan con palos, los tocan con la mano, los dejan tirados en el patio. La gente ya los ve como algo normal y les ha perdido el miedo.

“No hay respuesta de las entidades, por aquí nadie viene ni a orientar ni a decir lo que se debe hacer con ellos. Sabemos de su peligrosidad y todo lo que pueden provocar, pero no tenemos otra opción que erradicarlos por nuestros medios. Resulta una tarea complicada, porque hoy los eliminas y a los días tienes ahí. Es un problema para la comunidad. Antes, sí se hablaba mucho al respecto y Salud se mantenía al tanto; ahora es diferente”.

De igual manera lo siente Ladislao Reyes, vecino de la calle 12 final, en Santa Marta. Él confirma que el patio de su casa está lleno, “es como un animal más, pero no sirven los cuidados si los demás no saben qué hacer. Ya es preocupante la cantidad, y la población no baja. Tampoco hay percepción de riesgo de sus efectos tan negativos”, explica.

Historias como estas se multiplican en otros poblados de la provincia que han visto reproducirse en su entorno más cercano a esta especie tan nociva para la salud, que también impacta en otras esferas como la agricultura.

Precisamente, el reporte de estas situaciones en las redes sociales motivó el desarrollo de una investigación sobre el caracol gigante africano en la provincia. Esta es liderada por el doctor en Ciencias Biológicas Enrique Ramón Soto Ramírez, quien es, además, profesor titular de la Universidad de Matanzas y especialista en la Delegación Territorial del Ministerio de Ciencia Tecnología y Medioambiente en Matanzas, y el profesor, investigador y biólogo Esteban Pérez Peña.      

¿DÓNDE ESTÁ EL CARACOL?

Según narróPérez Peña al periódico Girón, la investigación inició en el mes de mayo, debido a una publicación con imágenes del molusco, expuesta en la red social Facebook por un estudiante de Periodismo. “Enseguida me comunico con él y fuimos al lugar donde había tomado la foto. En efecto, en la línea, cerca de la Terminal, encontramos un foco.

“A partir de ahí hicimos un estudio bastante amplio en páginas digitales y empezamos a buscar las áreas donde se encontraba el animal. Sabemos que fuera de la provincia hay varios territorios que tienen focos, aunque no los han reportado. Ya en Matanzas tenemos identificados los municipios donde se confirma su presencia”, agregó Pérez Peña.

Los pobladores toman precauciones para evitar la proliferación acelerada del caracol gigante africano. Fotos: Yailenys Ramírez Torres
Los pobladores toman precauciones para evitar la proliferación acelerada del caracol gigante africano. Foto: Yailenys Ramírez Torres

Soto Ramírez explicó que el caracol gigante africano (Lissachatina fulica)se reconoce como una especie exótica invasora, de respiración pulmonar, oriunda del este de África. Se ha ido desplazando hacia diferentes lugares del mundo, incluyendo Asia, Europa, América, incluso, Oceanía.

A ello ha contribuido, en ocasiones, el desarrollo de ritos por diversas culturas religiosas africanas, donde se emplea su concha. También ha sido utilizado por pescadores como carnada, quienes lo mantienen en sus embarcaciones y lo trasladan de isla en isla, internacionalmente.

El animal posee una concha de dimensiones considerables, que en estado adulto puede alcanzar hasta 30 centímetros. Este se ha introducido en Cuba en los últimos años, con un desplazamiento importante a través de diferentes ciudades.

“En el territorio tenemos identificadas varias localidades donde ha invadido de manera natural los ecosistemas urbanos. Podemos encontrarlo dentro de Matanzas: en el reparto Camilo Cienfuegos, la parte de atrás de la línea de la antigua Terminal de Ómnibus, el reparto Armando Mestre (Naranjal); así como en otras regiones de la provincia: Cárdenas, Colón, Jovellanos, Santa Marta y el central Humberto Álvarez”, añadió Soto Ramírez.

Es una especie muy prolífica, hermafrodita, incluso, se reproduce sin necesidad de buscar un apareamiento, puede hacer alrededor de seis puestas al año y en cada una poner unos 500 huevos. El nivel de efectividad de la eclosión está sobre el 90 %, o sea, que se reproduce con habilidad y rapidez extraordinarias. 

Sobre las consecuencias de su reproducción descontrolada, alerta el profesor Soto Ramírez. “Provoca importantes daños a la economía agrícola y debe preocuparnos desde el punto de vista epidemiológico, porque transmite enfermedades muy peligrosas al ser humano, como distintos tipos de meningitis, enfermedades que pueden afectar al sistema nervioso y padecimientos que traen trastornos, sobre todo, a las personas con afectación en el sistema inmunológico.

“Hay que tener muchísimo cuidado con su manipulación. Estos moluscos deambulan y algunas personas sienten curiosidad por ellos y establecen contacto directo. Por eso hemos realizado una serie de trabajos donde orientamos las medidas a tener en cuenta para manipularlos.

“Por ejemplo, no puede haber contacto directo con la especie, por lo que se debe utilizar guantes y nasobucos, y evitar el acercamiento de los ejemplares a los órganos visuales y olfativos. Después de su manipulación, se deben lavar las manos de forma adecuada.

Los pobladores toman precauciones para evitar la proliferación acelerada del caracol gigante africano. Fotos: Yailenys Ramírez Torres

“Hemos constatado que en otros países las personas comen el caracol porque consideran que con la cocción se evitan estas enfermedades o, sencillamente, no conocen que este animal es un peligro para la sanidad. De cualquier manera, no es aconsejable esta práctica.

“Lo aconsejable es colectar estos especímenes e introducirlos en una cubeta con agua, pues ellos llevan a cabo un intercambio gaseoso respiratorio a través de los pulmones y se van a ahogar rápido. Luego, deben sepultarlos en la tierra, la microbiología del suelo se encarga de su descomposición.

El caracol gigante africano no ha desaparecido y puede estar muy cerca. No se trata de alarmarse, sino de precaver, de detectarlos a tiempo y seguir el procedimiento para erradicarlos de manera ordenada y segura. También hay que encender la alerta a quienes deben ser los encargados de detectar estos focos y asesorar a los pobladores que se encuentran en contacto con esta especie invasora. Este es tan solo un primer acercamiento al tema, sobre el cual el periódico Girón volverá para darle seguimiento. (Por Jessica Acevedo Alfonso y Yailenys Ramírez Torres/Edición web: Miguel Márquez Díaz)


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