¿Por qué Trump no aprieta el botón con Cuba? Historiadores responden
A mediados de julio de 2026, con más de 240 sanciones impuestas al régimen cubano desde enero y una isla que a diario bordea el colapso energético, la pregunta que ronda a la comunidad cubana sigue sin respuesta: ¿por qué Trump no da el paso definitivo? Tres expertos debatieron esta cuestión en una tertulia de CiberCuba conducida por Tania Costa, con conclusiones que oscilan entre la paciencia estratégica y la frustración.
El punto de partida fue la declaración del jefe de misión de la Embajada de EE.UU. en La Habana, Mike Hammer, quien afirmó en febrero de este año en entrevista con el diario ABC, en España, que «en 2026 vamos a ver un cambio histórico en Cuba» y que «la dictadura se va a acabar». Cinco meses después, ese cambio prometido no ha llegado y hay dudad de que lo haga de la forma soñada.
Para el historiador Omar Sixto no estamos ante un arrepentimiento de EE.UU. «No, no, Trump no se ha arrepentido. De hecho, aunque no lo parezca, hay muchos indicios de que ahí está. El problema es que no da el paso o no toca el botoncito, pero los indicios ahí están. El asunto es los titubeos, que no sabemos nosotros por qué razones. Debe haber algunas».
El investigador de la Universidad Autónoma de México Alejandro González Acosta ofreció una explicación geopolítica. «Yo no quisiera estar en los zapatos actualmente del presidente Trump, porque todo el mundo está pidiendo, no solamente desde Cuba, Ucrania, Irán, en fin, y él es uno solo y Estados Unidos es uno solo».
Para ilustrar la complejidad de las expectativas sobre Cuba, González Acosta recurrió a una imagen histórica. «Hay una antigua caricatura cubana, de finales del siglo XIX, que aparece el tío Sam, y desde la isla aparecen varios cubanos, y uno dice anexión, otro dice no intervención, el otro independencia, el otro autonomía española, y la caricatura se titula ¿Qué quieren los cubanos? Yo creo que a 100 años de eso, pues la situación es muy similar».
Por su parte, el historiador Jorge León introdujo un factor que, según él, se subestima: el ego del presidente estadounidense. «Hay un elemento que se tiene poco en cuenta, que es el ego de Trump. Él sabe que resolver el problema de Cuba va a ser un hecho trascendental, que lo va a ubicar en un pedestal en la historia», señaló, añadiendo que el presidente americano «tiene también el conocimiento histórico de lo que logró Reagan, y está en ese camino».
León apuntó además que la guerra con Irán tiene a Trump «medio paralizado» respecto a Cuba, pero planteó que la presión acumulada podría no requerir una intervención directa. «Toda esta negociación, todo gira en torno a una fractura interna, a un colapso, a una acumulación de factores con presión internacional, que pudieran dar al traste con la tiranía, sin tener Estados Unidos que hacer una intervención directa».
Dentro del propio gobierno de Trump existen diferencias de criterios. El secretario de Estado Marco Rubio impulsa la máxima presión, aunque expresó escepticismo sobre la disposición del régimen. «Sinceramente, no veo mucho avance», admitió.
El vicepresidente JD Vance, por su parte, reveló en junio contactos diplomáticos activos entre Washington y La Habana para explorar posibles cambios bilaterales.
El telón de fondo es una Cuba devastada: apagones de hasta 25 horas y 30 horas consecutivas, una contracción del PIB proyectada entre -6,5% y -7,2%, y una reducción de entre 80% y 90% en las importaciones de combustible. Las elecciones de medio término de noviembre de 2026 marcan el horizonte político que los analistas señalan como la ventana de oportunidad para que Trump muestre resultados.
León, quien declaró en abril que Cuba vivirá una transición democrática en noviembre, resumió el estado de ánimo colectivo con una frase: «Creo que el silencio también se deja escuchar. Creo que sí, que hay elementos que están bajo la alfombra».
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