Guerrillero Opinión

Por qué el 26

¿Cómo estarán los otros? ¿Esto nos lo dieron por récords de apagones o de falta de agua? Es que, una vez más, nos cogieron de bobos… Esos son criterios escuchados a pinareños que no entienden el porqué la provincia recibió la sede nacional de la conmemoración por el aniversario 73 del asalto a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes.

Y es que, tradicionalmente, el otorgamiento estaba asociado al destaque de un territorio no solo en indicadores, sino en el reflejo de la calidad de vida de sus pobladores, esas facilidades que a veces no percibimos, pero dotan de seguridad y confort la cotidianidad.

Hoy Cuba nos ofrece más dudas que certezas y de ellas no estamos exentos los que vivimos en el extremo occidental del país, aun cuando la esperanza se vuelve esquiva millares nos levantamos cada día a darlo todo, quizás por la fuerza de la costumbre, porque no nos vamos a quedar de brazos cruzados y dejar que los “no hay” hagan nido en la vida propia y de nuestros seres queridos o simplemente, porque el instinto de supervivencia es superior a la apatía.

Lo cierto es que la abnegación y el sacrificio compiten por ganarle al apagón, al alza de los precios, a la falta de agua… y otras tantas carencias, entre las que se encuentran cosas de mayor valía como la cercanía de la familia, el ver crecer a los nietos o visitar al amigo de la infancia.

Justamente, por esa vida tan cuesta arriba es que no podemos mirar hacia otro lado cuando hay médicos y maestros lidiando casi desde el alba para llegar a hospitales y a escuelas. Ellos también sufrieron el calor, los mosquitos y van con las mismas preocupaciones que el resto de nosotros, muchas veces de tal magnitud como no saber qué comerán en casa por la noche y con qué lo elaborarán.

De ellos esperamos un buen trato para sus pacientes y educandos, esa cuota de humanismo y empatía que exigen sus profesiones y hasta el extra de aguantarnos la “descarga” por aquello que les impide ser mejores y no es su responsabilidad.

Merecen la mirada sobre sí los campesinos que no ponen excusas y amanecen en el surco, quienes producen lo que llega hasta nuestras mesas, incluso, convertidos en guardianes de cosecha, porque en tiempos de crisis no escasean los que buscan en el robo una manera de sustento.

Los tabacaleros, protegidos por un esquema cerrado de financiamiento, pero cuya laboriosidad y bonanza abarca a jornaleros, a sus familias, a los trabajadores de escogidas, despalillos y fábricas, también sobresalen por los donativos que realiza el sector a instituciones sociales.

No olvidemos a los artistas que padecen las penurias por igual, pero que no han dejado escapar sus musas ni de reinventarse para que se cierre el ciclo frente al espectador. Es una designación que honra a esos hombres y mujeres, muchas veces poco reconocidos, cuyo ingenio se torna en soluciones para mantener activas maquinarias, procesos y colectivos. Al emprendedor que quiere que crezcamos juntos, al obrero humilde, al funcionario que no olvidó que su encargo es servir…

Si de dignificar la capacidad de este pueblo de crecerse ante la adversidad se trata, un podio para nuestros niños y ancianos, en un extremo y otro de la cadena, sobrecogidos por igual ante una realidad que les supera y que necesitan de protección para cruzar la tormenta.

Es una sede ganada por los miles de pinareñas que, alejadas de las comodidades del hogar por las circunstancias, cocinan con carbón; para los brazos que cargan agua y abanican a infantes en madrugadas oscuras y calurosas; para los que comparten lo que tienen; los que gestionan redes de apoyo para que sean menos los “no tengo”; los que sonríen pese a las ojeras; los que saben que las palabras de aliento sanan tanto como los medicamentos.

Es una sede para el entendimiento de que el futuro solo es posible si estamos vivos, y cierran su mente a bombas u otras “alternativas” que nos mengüen con “pérdidas colaterales”.

Hay un pedazo de todos los que seguimos trabajando, a veces con el alma calcinada por la desesperanza, pero sin asirnos al lamento y con la mirada puesta en un mañana menos doloroso, más cierto, hecho por ti, por mí, por nosotros; a la medida de los sueños propios, nacidos del deseo pospuesto de ser dichosos y prósperos.

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