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Pinceladas de Montevideo: Zorrilla, encuentro con el pasado (+Fotos)

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En el recinto cada pieza está ubicada para la evocación. Basta un recorrido por las habitaciones en la otrora casa de verano del destacado intelectual y diplomático uruguayo Juan Zorrilla de San Martín para tener la sensación de su presencia hasta en el último rincón del hoy museo homónimo, en el céntrtico barrio de Punta Carretas, enclavado en la capital de la República Oriental del Uruguay.

Sobre el inmueble decía el propio escritor: “Toda mi vida está entre estas cuatro paredes, aquí están mis recuerdos de familia y el fruto de mis esfuerzos”. Sin dudas, el solo hecho de tal apreciación le confiere al lugar un enorme valor histórico, sentimental y patrimonial.

De la mano de Mariana Fernández, del equipo de especialistas de la institución, conocimos de un buen “trecho” de la vida y la obra de quien es considerado el Poeta de la Patria. La vívida explicación de la anfitriona nos transportó en el tiempo, a tal punto que nos imaginamos los pasos de su inquilino rumbo a una suerte de torreón-remanso, espacio frente al río de La Plata, donde Zorrilla escribió casi la totalidad de su obra literaria; o, por qué no, también fantasear sobre la idea de escuchar la melodía de cualquiera de las piezas musicales ejecutadas al piano por su segunda esposa, Concepción, o las hijas Elvira y “Cochona”, todas ellas dotadas de afinada voz y excelentes condiciones en la práctica de ese instrumento de cuerdas.

“Le contaré de qué va la historia, precisa Mariana. La construcción de esta casa comenzó a principios de 1900, fue ejecutada en dos etapas: la primera en 1904 y luego en 1921 en que tuvo una ampliación. En el momento en que se ejecuta el proyecto, lo que se conocía por Punta Brava era muy distinto a lo que es hoy, con un desarrollo residencial. Entonces, era un terreno con unas pocas edificaciones. Contemplaba espacios, más que para habitar, para dedicarse a la pesca practicada por humildes lugareños”.

Vista de la entrada y parte del inmueble de la Casa- Museo Zorrilla, próximo a la Rambla montevideana./ Foto: María Elena Llanes Suárez

Agrega la especialista que a este lugar se llegaba a través del tranvía este, procedente de la Ciudad Vieja de Montevideo, el que además de transportar personas hasta un punto un tanto distante de aquí, también en ese medio venía la basura que luego se depositaba por este sector de la ribera del río, justo cerca del faro.

“El propio Juan Zorrilla describía en sus obras que este era un terreno de arena y cuchillas. En realidad él ubicó esta residencia aquí porque era un gran amante de la naturaleza. Entonces, este fue un sitio de mucha inspiración para el poeta, a tal punto que se refiere a él como un lugar mágico, muy a tono con sus inquietudes artísticas”, comenta la joven.

Los biógrafos del destacado intelectual uruguayo señalan que no fue una persona muy acaudalada como se puede pensar. Si bien se recibió de abogado, en realidad después fue desarrollando otras profesiones. Nacido el 28 de diciembre de 1855, se desempeñó de magistrado como juez letrado, mientras que en la esfera política fue elegido diputado al Parlamento por Montevideo. Su actividad periodística tuvo entre sus momentos cumbres la fundación del diario El Bien Público. En cuanto a su participación en la docencia ocupó diversas cátedras en la Universidad de la República.

En esta suerte de torreón, con vista al río de La Plata, se encerraba el poeta para escribir la prolífera obra literaria./ Foto: María Elena Llanes Suárez.

Empero, esta personalidad imprescindible de la vida social y cultural de la nación sudamericana tuvo su campo más amplio en la literatura y el arte en general. Incursionó en la poesía, con obras tales como Notas de un himno (1877), La leyenda patria (1879), La epopeya de Artigas (1910), El ángel de los charrúas, Himno al árbol y Tabaré (1888), entre los más destacados. Así mismo dejó para la posteridad memorables ensayos.

“Eso sí, putualiza Mariana, fue muy trabajador, entre otros motivos por ser padre de muchos hijos (trece en total) producto de la desendencia de dos matrimonios”.

Un dato interesante es que la casa se levantó con materiales reciclados de viviendas demolinas en Ciudad Vieja, incluyendo ladrillos, azulejos y carpintería de madera,entre otros elementos de construcción. Así surgió la morada muy humilde, como el mismo Zorrilla de San Martín la calificaba.

“En el año 1921, prosigue nuestra anfitriona, su hijo, José Luis Zorrilla —otro de los grandes reconocidos por la historia del Uruguay, y padre de la destacada actriz ‘China’ Zorrilla—, fue quien ayudó a ampliar la casa y también a diseñar el jardín español, con su fuente y bancos”.

Con la premisa de que Zorrilla ponderaba la riqueza espiritual y cultural por encima de la material, acompañamos a Mariana por las diferentes piezas de la casa. El periplo comenzó por el comedor con su mobilario original, además de otros detalles muy significativos como el escudo de la familia encima de la estufa, la lámpara de gas de la época y algunas obras pictóricas, entre ellas un fresco que narra el versículo bíblico sobre la Cena de Emau, pintado por su hijo José Luis, y muestra de la fe cristiana profesada por Juan y su familia.

En el dormitorio de Zorrilla se conservan los muebles originales y el traje de Ministro Plenipotenciario en España, Francia y el Vaticano, el mismo que vistió Zorrilla en su función diplomática./Foto: María Elena Llanes Suárez.

A propósito de esa religiosidad, Mariana se deteniene en la capilla u oratorio, consagrada a la virgen Nuestra Señora del Carmen, de la cual se puede apreciar una talla española en madera, policromada y con corona de oro y plata. “Por aquella época, cuenta la especialista, no existía en la zona ninguna iglesia, por lo que la gente que vivía aquí no tenía donde ir a rezar y dicen que Zorrilla recibió nada menos que el permiso especial del Papa León XIII para oficiar misas aquí, con la participación de feligreses de los alrededores”.

Los pasos, siempre junto a la anfitriona, nos llevó a otras habitaciones del Museo. Así pasamos por el salón de recepción donde eran frecuentes las veladas musicales, la sala de lectura con libros, fotos del poeta y sus antepasados, así como otras petenenencias personales. Por su lado, en la sala de los oleos se exhiben los cuadros más destacados del patrimonio de Zorrilla, entre ellos una representación del encuentro entre la española Blanca y Tabaré (indio protagonista del poema épico del mismo nombre escrito por Juan y considerado la epopeya nacional del Uruguay que recoge el encuentro de dos civilizaciones) en tamaño considerable, además de las esculturas más importantes de José Luis, entre ellas “El Viejo Viscacha”.

Espacio dedicado a la destacada actriz del teatro y el cine “China” Zorrilla, nieta del Poeta de la Patria./ Foto: María Elena Llanes Suárez.

Un lugar que nos proporcionó un sentimiento de respeto y recogimiento fue el dormitorio con la presencia de la cama donde reposó el poeta, amén de otros componentes del mobiliario estrictamente original. En la recámara llama poderosamente la atención el uniforme de Ministro Plenipotenciario que enfundó Zorrilla mientras cumplía su misión de buena voluntad en España, Francia y el Vaticano.

Completan la estructura del Museo una sala de exhibiciones anexas, construida en 2001, en las que se desarrollan exposiciones temporales, ciclos de concierto, lectura y actividades relacionadas y comproducidas con otras áreas del Ministerio de Educación.

Cinco años después de la muerte de Juan Zorrilla de San Martín, acaesida el 3 de noviembre de 1931, la casa pasa a ser propiedad del estado y se convierte en museo. Finalmante abre sus puertas al público un 3 de noviembre de 1943. En tanto, el 7 de agosto de 1975 es declarado Monumento Histórico Nacional.

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