El de 1896 es un año muy importante para la Revolución independentista. Es el de la culminación de La Invasión en la villa de Mantua en el extremo occidental, por lo que la insurrección se ha corrido por la Isla toda. Sin embargo, es también el año en que caen en combate cuatro generales gloriosos: José Maceo, Juan Bruno Zazas, Serafín Sánchez y Antonio Maceo, por ese orden. La Revolución siente el duro golpe y se duele por el alto precio de la independencia.
Se conmemoran ahora 130 años de la muerte de José Marcelino Maceo Grajales, el conocido General José, el 5 de julio de 1896, en el combate de Loma del Gato.
Es la suya una de las personalidades más singulares del mambisado cubano. Su bravura incomparable (de valiente entre los valientes), nos lleva a olvidar otras facetas de su carácter: el humor en ocasiones, la sensibilidad por la música, su antirracismo, su ternura con la mujer, el talento guerrillero, la inteligencia política.
José Maceo, el León de Oriente, fue audaz, sensible y leal. Su humor, su música y su entrega a la Independencia lo hacen símbolo humano y épico del mambisado.
Cuenta el historiador Abelardo Padrón que “según su propia correspondencia, José, como en un chiste, refiere su entrada a Guantánamo con una veintena de hombres. Analizada la acción con los ojos de aquel momento, eso era tremendamente difícil: existía un solo camino cuidado entre dos fortines. Así era José.
“Unos dicen que compró tabacos en un cafetín. Otros, que regaló el vuelto. Que brindó. En definitiva, la temeridad consiste en el hecho. No pensó en lo que la independencia sufriría con su pérdida. Seguirle era jugar con la muerte.
“Después escribía a su esposa, más bien en una carta jocosa: … Me divertía en ver a las mujeres huyendo y a los soldados que aunque dicen que son tan guapos saben huir bien…”.
He aquí otra pieza de su carácter:
El General José acababa de realizar una de aquellas travesuras en que arriesgaba su vida en desmedida: solo, a caballo, atravesó un río para salvar y recoger el cuerpo de su ayudante herido, bajo una lluvia de balas. No había ocurrido contratiempo alguno pero su hermano Antonio, enterado del asunto, estaba molesto con él. Conocía el carácter de José y cuán peligrosas podían ser tales “locuras”.
En su libro Mambisadas, el historiador Abelardo Padrón toma la palabra para reproducir aquel diálogo:
“José, con su tabaco en la boca, sonreía, sonreía.
¡Quita el humo, que molesta!
Miren ustedes que mi hermano es pinturero; le hace daño el humo del tabaco como si fuera una damita romántica.
Está usted detenido. Y no se mueva de su pabellón si no recibe la orden.
“De momento, la disciplina militar había sido cumplida, y la rigurosidad del campamento se mantenía. Antonio amaba demasiado a su hermano y al rato, le mandó a buscar con su ayudante.
“Dígale a Antonio que estoy detenido en mi pabellón, y que de aquí no puedo salir sin una orden escrita y firmada por él.
“Antonio le fue a ver y le ordenó montar a caballo.
“Los dos hermanos salieron y, al cabo de unos treinta minutos, ya de regreso, ambos reían y… ¡José no estaba detenido!”
Nacido el 2 de febrero de 1849 y en consecuencia casi cuatro años menor que su hermano Antonio, José Maceo se incorporó a la guerra el 11 de octubre de 1868 –un día después del alzamiento de Carlos Manuel de Céspedes. En esa fecha participa en su primer combate, en Ti Arriba, y solo depone las armas el 8 de junio de 1878, por lo que fue uno de los últimos jefes en cesar la lucha tras la Protesta de Baraguá. ¡Pero aun así permanece en Cuba!
En 1879 estuvo entre los primeros en la Guerra Chiquita. Después vinieron la prisión en Chafarinas y otras cárceles, la fuga, el exilio ─en Kingston, Panamá, Costa Rica─ donde se pone a disposición de José Martí cuando este visita esa nación. Y por último, en 1895, llega la nueva guerra.
José Maceo sentía una gran simpatía por José Martí a quien le regaló el caballo Baconao, el cual cabalgaba el 19 de mayo de 1895 durante su caída en combate.
El afecto que le profesa Martí queda explìcito en carta que le dirige el 3 de noviembre de 1894: “Quien ha defendido con valor mi patria, y su libertad de hombre, es como acreedor mio, y me parece mi hermano”. Por su parte, la simpatía del General José se manifiesta en un gesto, el de obsequiarle un caballo blanco, Baconao, el cual cabalga cuando cae en Dos Ríos.
El 1 de abril de 1895 José desembarca por Baracoa, pero días después los expedicionarios son sorpendidods por fuerzas españolas que han sido informadas por una guerrilla de cubanos traidores. Muere For Crombet y José escapa lanzándose desde una gran altura al fondo de un barranco. Al cabo de numerosas jornadas de solitario andar consigue contactar nuevamenre con las huestes mambisas. Es, sencillamente, el más audaz y avezado de los combatientes.
El 28 de abril de 1895, por decisión de José Martí y de Máximo Gómez, en reconocimiento a sus méritos y antigüedad, José Maceo es ascendido al grado de Mayor General. Y más combates, hasta que el 5 de julio de 1896 cae mortalmente herido en las cercanías de Loma del Gato ─hoy perteneciente al municipio Songo-La Maya, provincia de Santiago de Cuba─ quien por su arrojo fue conocido como El león de Oriente.
El General en Jefe Máximo Gómez ordena cuatro días de luto por “la muerte del Jefe cuya desapariciòn deplora todo el Ejército Libertador”.
¡Sin flaquear en un solo momento
y sin jamás quejarse…!
¡Aquel pecho no tuvo más latidos
que para los heroicos y sublimes arranques…!
¡Aun en la Loma del Gato él ordenò la carga
cuando ya no podía, del suelo, levantarse…!
¡Era una roja punta de cuchillo…!
¡Era una centella de coraje…!
(Manuel Navarro Luna, fragmento del poema “El General José”, 1949, en ocasión del centenario del natalicio del héroe)

