Llega octubre y con él el lazo rosa se multiplica en pulseras, camisetas, fachadas de hospitales y publicaciones en redes sociales. Pero detrás de ese color hay una realidad que no admite gestos superficiales: el cáncer de mama sigue siendo uno de los tumores más frecuentes en las mujeres cubanas y del mundo, y la diferencia entre la vida y la muerte muchas veces está en la detección temprana.
No se trata solo de concienciar, se trata de actuar. Ir al médico ante cualquier bulto, cambio en la piel o secreción anormal no es un acto de alarmismo, es un acto de responsabilidad. El autoexamen mensual, la mamografía según la edad y los factores de riesgo, y la consulta oportuna son herramientas que salvan vidas, y están al alcance de todas en nuestro sistema de salud.
En Cienfuegos, los servicios de mastología y los grupos de apoyo trabajan sin pausa para garantizar el diagnóstico y el tratamiento. Pero la prevención comienza en casa, en la conversación entre madres e hijas, en la amiga que le recuerda a la otra que ya toca chequeo, en el hombre que acompaña y no minimiza. La solidaridad también es parte del tratamiento.
Octubre debe servir para romper mitos: el cáncer de mama no es sinónimo de muerte, no es una sentencia, no es algo de lo que haya que avergonzarse. Es una enfermedad que se puede vencer, y miles de mujeres en Cuba y en el mundo son prueba viviente de ello. Lo que no se puede permitir es llegar tarde por miedo, por desinformación o por negligencia.
Que el lazo rosa no se guarde el 31 de octubre. Que la conversación sobre la salud mamaria sea permanente, que las políticas públicas sigan priorizando el acceso a mamógrafos y especialistas, y que ninguna mujer tenga que enfrentar sola este camino. La prevención es un derecho, pero también un deber colectivo.



