Otro de ellos me impidió llegar a tiempo al Día Mundial del Judo. Ni esa caída pudo dejarme sin contar una historia que va de Japón a Cuba, entre maestros y medallas…
Cuando ya me había sentado a escribir esta crónica me pasó algo no tan sorprendente… Uno de esos apagones que forman parte de nuestro día a día me atrapó por la solapa de mi imaginario judogui y me propinó un duro Uchi-Mata.
La verdad es que me tiró contra el tatami, pero tampoco me tomó desprevenido. Y como ya hemos aprendido a romper caída para amortiguar los golpes de los cortes eléctricos, me dije: “La escribiré en cuanto pueda”.
Eso se llama resiliencia, la capacidad de sobreponerse a las adversidades y seguir adelante. Una especialidad en la cual los cubanos merecemos varias medallas olímpicas.
Tuve que aplicarla al no poder escribir a tiempo sobre el Día Mundial del Judo, celebrado el pasado miércoles 28 de octubre.
Un japonés universal

La fecha rinde homenaje al nacimiento de Jigoro Kano (1860-1938), fundador de esta disciplina en 1882, quien entendió que el combate también podía convertirse en una escuela de educación, respeto y superación.
No alcanzó a verlo en unos Juegos Olímpicos. Murió 26 años antes de su debut, precisamente en su país, en Tokio 1964, donde únicamente compitieron hombres.
Pero estoy seguro: habría disfrutado contemplando lo que vino después.
Japón incluso domina el medallero histórico olímpico del judo con 51 títulos, 23 platas y 30 bronces: 104 preseas hasta París 2024. Ninguna otra nación se le acerca en coronas.
¿Y Cuba? Antes de responder, hagamos otro viaje.
De un maestro a muchos campeones
En 1951 llegó a nuestro país el maestro Andrés Kolychkine (San Petersburgo, 11 de marzo de 1913-La Habana, 12 de marzo de 1997), figura decisiva en la introducción y desarrollo del judo cubano.
Después de 1959, la disciplina amplió sus horizontes y encontró nuevos espacios de enseñanza y preparación.
Los frutos terminaron por llegar a los escenarios más exigentes.
Hasta París 2024, Cuba acumulaba seis títulos olímpicos, 15 medallas de plata y 16 de bronce: 37 en total. Un sexto lugar histórico por naciones. ¡Nada mal para un país tan pequeño!
Aunque los resultados más recientes distan de aquellas jornadas gloriosas, ese patrimonio merece recordarse sin esconder las dificultades del presente.
Otra vez en el tatami
Pienso en Kano, en Kolychkine, en nuestros campeones y en una enseñanza elemental del judo: aprender a caer también forma parte del camino.
Al final pude levantarme, volver a encender la computadora y terminar estas líneas.
Eso sí, con una preocupación.
Ojalá no aparezca otro Uchi-Mata antes de enviarlas a la redacción.
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