«¡Qué hermoso ha de ser dejar al morir sendero luminoso […]!». Con ese aforismo martiano, que refleja fielmente el verdadero sentir de mis colegas con respecto a la estela de gratos recuerdos que dejara en nosotros el periodista Manuel Varela Pérez (1930-2022), quiero ilustrar la entrevista que tuvo la inconmensurable gentileza de concederme el nonagenario corresponsal de Radio Progreso en la ciudad de Cienfuegos, a quien me unían sólidos vínculos, no solo profesionales, sino también afectivo-emocionales, desde que el periodista y filólogo Rafael Terry Aldana (1940-2006), director de la revista RP-105 hasta su lamentable deceso, nos presentara hace más de un cuarto de siglo. Por razones no imputables ni a Varela ni a mí, ese diálogo quedó inconcluso, pero, ahora, lo retomo para honrar la sagrada memoria de quien se consagrara en cuerpo, mente y alma al ejercicio del magisterio y el periodismo en su natal «Perla del Sur». ¿Cuáles fueron las motivaciones fundamentales que inclinaron su vocación hacia la práctica docente-educativa primero, y hacia el ejercicio periodístico después? A mi época de juventud y estudiante de magisterio y de periodismo se remontan los primeros contactos con la educación y la prensa. En la Escuela Primaria Superior (hoy Escuela Secundaria Básica) se publicaba El escolar, algo así como un «periódico hablado» en el cual intervenía antes de comenzar las clases. Con posterioridad, me vinculé a una sección denominada Retablo estudiantil. Esos fueron —que yo recuerde— mis primeros «pininos» en el campo de la prensa, mientras que, a la enseñanza común (así se denominaba la enseñanza primaria en la época en que comencé a ejercer la docencia en ese nivel educacional), le entregué lo mejor de mis años mozos. ¿Cómo se las arreglaba usted para poder «burlar» la «censura de prensa», prevaleciente en la época republicana; etapa en la que comenzó …

