Una reflexión oportuna sobre la solidaridad del pueblo cubano y de decenas de norteamericanos en la lucha por la independencia de ambas naciones
Por RENÉ GONZÁLEZ BARRIOS *
Hay entre Estados Unidos y Cuba vínculos históricos de diversa índole desde el surgimiento de la nación norteña. Sus políticos, incluidos los padres fundadores, miraron con apetencias geopolíticas la estratégica Isla bautizada como la Llave del Golfo. En cinco ocasiones la quisieron comprar a España y, ante la terquedad ibérica, la prefirieron en sus manos mientras no estuvieran las condiciones creadas para apropiársela.
El año 1898 fue el parteaguas. Pero no todos en Estados Unidos pensaron en la anexión. Hubo en su pueblo y en círculos políticos y sociales mucha opinión favorable, simpatías y respeto hacia la nación rebelde, resoluta e indomable, decidida a ser independiente bajo las más complejas circunstancias.
Aunque hoy conduzca los destinos de los Estados Unidos de América un gobierno ultraconservador y fascista, existe un pueblo, amante de las glorias pasadas, que históricamente ha tendido puentes a su vecino del sur. Amigos tuvo Cuba allí en época del padre Félix Varela, en el laborioso y combativo exilio mambí, en los tiempos de José Martí, en apoyo al Movimiento 26 de Julio, en las luchas por la liberación del niño Elián González y de los cinco héroes prisioneros del imperio, en las batallas contra el bloqueo de ayer y de hoy.
La ayuda olvidada
El 4 de julio de 1776, los revolucionarios estadounidenses declaraban su independencia de Gran Bretaña. Consolidarla duraría más de siete años de cruenta lucha. No fue hasta el 3 de septiembre de 1783, que, mediante la firma del Tratado de París, se establecería la paz entre las Trece Colonias e Inglaterra, y se reconocía el nacimiento de una nueva república, los Estados Unidos de América.
En su lucha por la independencia, que fue dura y gloriosa, los revolucionarios encabezados por George Washington contaron con el apoyo de Francia y España, y de hombres de bien de diferentes regiones del mundo, entre ellos, el prócer venezolano Francisco de Miranda.
El doctor Eduardo Torres Cueva, en su documentado trabajo Lo que le debe la independencia de los Estados Unidos a Cuba. La ayuda olvidada, demuestra el importante papel de La Habana, en hombres y dinero, para la materialización de aquella causa. Más de 1 200 combatientes del Regimiento de Fijos de La Habana y los Batallones de Pardos y Morenos, junto a tropas españolas, desalojaron a los ingleses de la Florida, el cauce del río Mississippi y las islas Bahamas.
En julio de 1781, el ejército de George Washington se encontraba en una precaria situación financiera y de abastecimientos. En esas circunstancias, se necesitaba la suma de un millón 200 000 libras esterlinas para paliar la crisis.
Se recaudaron en nuestro país un millón 800 000 pesos oro reales, una parte proveniente de los fondos de la administración colonial y, el grueso, de una recaudación pública en La Habana. Las damas habaneras entregaron joyas y dinero para contribuir a la independencia de Estados Unidos.
Eran tiempos en los que aún no estaba forjada la nación cubana. Aquellos episodios formaban parte de la estrategia de la metrópolis colonial española para debilitar a Inglaterra, su rival político y militar. No obstante, marca una pauta llena de simbolismo y digna de reflexión.
El mambisado norteamericano
Décadas después, cuando se pronunció en Cuba el grito de independencia el 10 de octubre de 1868, decenas de estadounidenses se enrolaron en las expediciones mambisas y viajaron a Cuba a pelear por la independencia y contra la esclavitud.
El mayor general Thomas Jordan, natural de Luray, Virginia, arribó a Cuba el 11 de mayo de 1869 comandando la expedición del Perrit. En diciembre era el jefe del Estado Mayor del Ejército Libertador. Este militar estadounidense, incomprendido en su momento por los combatientes cubanos, de regreso a Estados Unidos en 1870, se convertiría en un defensor de la causa de la independencia de Cuba.

El 6 de diciembre de ese año, en carta al periódico World de New York, diría: “Ningún pueblo ha peleado jamás con tanta obstinación por la libertad y rodeado de desventuras tan numerosas y desalentadoras como el pueblo cubano que no ha tenido auxilio de ninguna parte; antes, al contrario, los gobiernos de los Estados Unidos e Inglaterra han impedido que reciba ayuda…”.
El general Thomas Jordan falleció el 27 de noviembre de 1895 en New York. Poco antes, se lamentaba en carta al cubano Gonzalo de Quesada de no haber podido hacer más por Cuba.
Henry M. Reeve, nacido en Brooklyn, New York, se convirtió en un héroe de leyenda para los patriotas cubanos. Recordado como el “dignísimo militar” por el mayor general Vicente García, este joven estadounidense, a quien, según el Generalísimo Máximo Gómez, “sus soldados lo quieren como un padre”, había plasmado en una correspondencia en mayo de 1874 la necesidad de: “Que nuestro pueblo, allá en los Estados Unidos, pudiera saber la verdad de esta lucha”.

Murió en combate el 4 de agosto de 1876 como general de brigada, cuando invadía el occidente del país, a los 26 años de edad.
Pelearon nueve norteamericanos como coroneles mambises, dos tenientes coroneles, ocho fueron comandantes, 17 capitanes y ocho tenientes. Otros 83 combatientes alcanzaron diferentes rangos.
Del mambisado norteamericano murieron por la libertad de Cuba cinco coroneles: John Asby, de Kentucky, y James Clancey, en 1870, en Camagüey; Carlos Westreyo, en combate en Remedios el 18 de junio de 1871; David Johnson el 7 de mayo de 1880, al caer en emboscada junto al brigadier cubano José Medina Prudentes; y Charles Gordon, compañero del lugarteniente general Antonio Maceo en la campaña de Pinar del Río, muerto en 1897 en la provincia de Las Villas.
El comandante Winchester Dana Osgood, famoso futbolista en las universidades de Cornell y Pennsylvania, cayó en combate durante el sitio de Guáimaro el 28 de octubre de 1896. El capitán Edmond H. Fredericks murió en campaña en 1897.
El teniente artillero James Pennie, de Washington D. C. y expedicionario del vapor Bermuda a las órdenes del mayor general Calixto García, perdió una pierna durante la guerra. George S. Newton Le Fuite, de Nueva York, también teniente, fue herido en combate y hecho prisionero el 9 de agosto de 1897. Falleció en prisión.
Otros estadounidenses cayeron por Cuba en las diferentes contiendas, fusilados por los españoles tras caer prisioneros: Carlos Speahman y Alberto Wyeth, de New York, expedicionarios del Grapeshot, el 18 y 21 de junio de 1869, respectivamente; el sargento Blake, del ejército norteamericano, expedicionario del Perrit, en Puerto Príncipe (10 de abril de 1870); Ed H. Hurt, capturado en un hospital mambí el 21 de octubre de 1870; y los expedicionarios del Virginius (Santiago de Cuba, 7 de noviembre de 1873) Joseph Fry, capitán de buque, John C. Harris, Frederic Williamson, William Bainard, Eduard Day, Thomas Read y John Brown.

Otros norteamericanos ganaron celebridad en los campos de Cuba. Frederick Funston, teniente coronel artillero a las órdenes del lugarteniente general Calixto García, fue años después mayor general del ejército de Estados Unidos. John O’Brien fue un lobo de mar que puso su vida a disposición de la independencia de Cuba. Durante la guerra de 1895, condujo a Cuba buena parte de las expediciones. Sobre su experiencia revolucionaria dejó un libro: El Capitán Dinamita, sobrenombre con el que era conocido por los cubanos. Al terminar la contienda trabajó como jefe de prácticos en el puerto de La Habana.
El teniente Osmund Latrobe Jr., natural de Baltimore, combatió en la guerra del 95 como artillero a las órdenes de Calixto García. Durante la guerra formó parte del estado mayor del general Enrique Collazo. Llegó a coronel del ejército de Estados Unidos y fue ayudante del presidente Calvin Coolidge.
Hacia el pueblo estadounidense hubo siempre expresiones de respeto y admiración por nuestros próceres y líderes revolucionarios, desde José Martí hasta Fidel Castro Ruz. La memoria de aquellos héroes, cubanos y estadounidenses que combatieron y ofrendaron sus vidas en nobles empeños, y las acciones de ese pueblo en aras de la independencia de Cuba, nos inspiran confianza en la posibilidad de construcción, algún día, de un nuevo tipo de relación bilateral.
*Doctor en Ciencias Históricas, miembro de la Academia de la Historia y director del Centro Fidel Castro Ruz.
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