Es la hora del Campeonato Mundial: ¿Un desquite o no para Cuba?
Ahora que durante esta semana toca a nuestras puertas el Campeonato Mundial de Judo, me vuelve un recuerdo triste imposible de borrar.
Hace dos años estuve viendo, a pocos metros, en la Arena Campo de Marte, como enviado especial de BOHEMIA, nuestra centenaria revista fundada en 1908, uno de los descalabros más grandes de nuestros compatriotas.
París 2024 fue un espejo duro, casi cruel: en los tatamis olímpicos, donde Cuba tantas veces impuso respeto, la historia fue áspera, ver apagarse una luz encendida durante décadas.
La continuidad desde Montreal 1976 –en todas las ediciones en que Cuba estuvo presente– se quebró de golpe.
París dejó una sombra medio inesperada después de 48 años de presencia sostenida en el medallero.
Sí, la cámara, de pronto, perdió el foco.
Ese recuerdo se enlaza con lo ocurrido después en el Mundial de Budapest 2025, donde tampoco hubo medallas. Fue el tercer campeonato consecutivo sin subir al podio, algo jamás ocurrido desde Essen 1987.
El único resultado notable resultó el quinto lugar de Orlando Polanco (66 kg), quien peleó con valentía hasta caer ante el japonés Hifumi Abe, un coloso de la división.
El resto del grupo finalizó atrapado en eliminaciones tempranas, incluso figuras de peso como Andy Granda, campeón mundial en Tashkent 2022, quien no pudo avanzar más allá de su primer combate.
Y ahora, con Bakú 2026 (del 4 al 10 de octubre), la pregunta vuelve a flotar: ¿Habrá desquite o no?
Cuba llega con siete judocas –cuatro mujeres y tres hombres– en un contexto marcado por la falta de competencias internacionales y la ausencia de dos campeones centroamericanos: Dali Semanat (52 kg) y Marlon Herrera (73 kg), quienes no lograron entrar entre los 100 primeros del ranking mundial, requisito indispensable de la IJF.
El equipo femenino estará compuesto por Lían Benavidez (57 kg), Maylin del Toro (63 kg), Lianet Cardona (78 kg) y Dayanara Curvelo (+78 kg).
Entre los hombres competirán Jonathan Charón (60 kg), Orlando Polanco (66 kg) e Iván Silva (100 kg), este último con el recuerdo vivo de su plata mundial en Bakú 2018, entonces en la división de los 90 kg, antes de ascender a 100.
El cuerpo técnico reconoce que la preparación sufrió golpes: no pudieron asistir a los Grand Slam de Lausana y Budapest, ni realizar los campos de entrenamiento previstos.
A pesar de ello, mantienen la idea de pelear por una medalla, aunque saben que el camino será empinado.
El judo masculino viene de ganar cinco títulos en los Juegos Centroamericanos y del Caribe, pero ese impulso no siempre se traduce en resultados globales.
Por eso, para no crear falsas expectativas, conviene decirlo con claridad: llegar al podio parece muy complicado en un escenario donde Japón, Georgia, Francia y Corea del Sur marcan el ritmo con una profundidad competitiva que hoy no poseemos.
Y, sin embargo, el judo cubano tiene una virtud: la capacidad de sorprender cuando menos se espera.
Bakú será otra prueba, otro capítulo de una historia con glorias, silencios y resurrecciones. En el tatami, como en la vida, hay derrotas que enseñan más que las victorias.
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