Los Costos del Bloqueo de EE.UU. a Cuba (+English) – Cubainformación
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Los Costos del Bloqueo de EE.UU. a Cuba (+English) – Cubainformación

Pantalla de la publicación, con imagen del Hotel Nacional de Cuba en el primer Período Especial, 1993. Foto: Margot Pepper.


Margot Pepper

Counter Punch

La acusación del gobierno de Trump contra el expresidente cubano Raúl Castro, el despliegue del portaaviones USS Nimitz y sus buques de guerra, y las recientes medidas que presionan a los países para que no suministren petróleo a Cuba tienen como objetivo forzar un cambio de régimen en la isla. Estas políticas son parte de la larga campaña de Estados Unidos contra el gobierno cubano, codificada en 1962 con el embargo estadounidense a Cuba, y han creado lo que podría describirse como el «Nuevo Período Especial» de Cuba, comparable al «Período Especial» original de la década de 1990, tras la pérdida del apoyo de la Unión Soviética. La revolución cubana contra la dictadura de Batista, respaldada por EE.UU., ha sobrevivido 64 de sus 67 años bajo lo que los funcionarios estadounidenses llaman un «embargo». Los cubanos lo llaman «el bloqueo», argumentando que su impacto ha sido tan aislante físicamente como un bloqueo militar. Más allá del sufrimiento, la cantidad de dinero que Estados Unidos ha gastado en hacer cumplir esta política de aislamiento económico —el bloqueo más largo de la historia— podría haberse utilizado para abordar necesidades sociales apremiantes en todo Estados Unidos. Esto plantea la pregunta: ¿Valió la pena el bloqueo? Y si es así, ¿para quién?

Según «La Guía Práctica del Derecho Humanitario» de Médicos Sin Fronteras, un bloqueo es un acto de guerra que busca aislar a un adversario, interrumpir la actividad económica y prevenir el movimiento de suministros vitales. Bajo un embargo, un país prohíbe a sus propias empresas o subsidiarias hacer negocios con otro país, en lugar de interferir con terceros. A través de lo que es esencialmente un bloqueo económico más amplio, Estados Unidos ha impedido intermitentemente que Cuba comercie con otras naciones. A medida que el presidente Donald Trump se ha vuelto más estridente, las Naciones Unidas han criticado la política de su administración de imponer aranceles a cualquier país que envíe petróleo a Cuba como una grave violación del derecho internacional. A principios de este año, un bloqueo militar era evidente cuando «la Guardia Costera de EE.UU. interceptó un buque tanque lleno de fueloil colombiano en ruta a Cuba a menos de 70 millas de la isla», según The New York Times. El gobierno estadounidense sabe que un bloqueo es un acto de guerra, según el congresista de Connecticut Joe Courtney, quien dijo en un comunicado de prensa reciente: «El derecho internacional, en realidad, en términos de bloqueos, fue establecido en 1909 en la Conferencia Naval de Londres, en la que EE.UU. participó y el Senado de EE.UU. votó para respaldar, y definió los bloqueos como un acto de guerra».

Por eso, hasta ahora, las administraciones estadounidenses se han mostrado tan firmes en llamar a tales sanciones un «embargo». Comprender cómo comenzó esta campaña económica contra Cuba, junto con sus impactos en Cuba y más allá, nos ayudará a comprender mejor la situación actual entre Estados Unidos y Cuba.

Los Orígenes del «Embargo»

La justificación original del embargo a principios de la década de 1960 fue la expropiación por parte de Cuba de «unos 1.800 millones de dólares en propiedades de propiedad estadounidense», según la Comisión de Reclamaciones de Extranjeros de EE.UU. A su vez, los cubanos argumentan que a principios de siglo, Estados Unidos había tomado el control del 70% de la tierra cubana y tres cuartas partes de su industria primaria, el azúcar, lo que Carollee Bengelsdorf, en El problema de la democracia en Cuba, describe como la «virtual ‘confiscación’ de la economía [cubana] por parte de Estados Unidos». En la década de 1950, como resultado de la extracción de riqueza por parte de EE.UU. y el legado del dominio colonial español, cinco de cada seis cubanos vivían en chozas o no tenían hogar, el 80% de los residentes de La Habana sufría hambre y desempleo, y dos tercios de los niños cubanos no asistían a la escuela. Los datos del censo cubano de esos años revelan que solo el 3% de los cubanos rurales tenían viviendas habitables, solo el 10% disfrutaba de agua corriente o electricidad, y más de la mitad de la población cubana vivía en viviendas que carecían de paredes o pisos de cemento. Los cubanos afirman que tales condiciones no les dejaron más remedio en 1959 que expulsar a los «yanquis» y recuperar sus propios territorios y negocios, tal como los yanquis habían expulsado a los británicos en 1776. El resultado fue un éxodo de alrededor de un cuarto de millón de personas, en su mayoría leales ricos a Batista, que ahora constituyen el lobby cubanoamericano anticastrista.

Si vamos a responsabilizar a Cuba por aproximadamente 4.500 millones de dólares en reclamaciones estadounidenses derivadas de los 5.911 casos certificados por la Comisión de Reclamaciones de Extranjeros de EE.UU. contra el gobierno cubano por las expropiaciones que llevó a cabo principalmente entre 1960 y 1961, difícilmente se puede comprender lo que Estados Unidos debería a los Leales Británicos y a la Corona después de 250 años.

Presionadas por el lobby cubanoamericano, esta analogía ha escapado tanto a las administraciones republicanas como demócratas de EE.UU. Para tomar represalias, en 1962 el presidente John F. Kennedy invocó la Ley de Comercio con el Enemigo de 1917, la base legal del embargo comercial, que permitió a Estados Unidos congelar activos cubanos y prohibir transacciones financieras. Luego, en 1966, la Ley Helms-Burton endureció el bloqueo económico castigando a las empresas extranjeras que hicieran negocios en Cuba. En 1992, empeorando el impacto del colapso soviético, el presidente George H. W. Bush firmó la Ley Torricelli, que prohibía a las subsidiarias estadounidenses en el extranjero comerciar con Cuba.

De 2017 a 2021, invocando partes inactivas de la Ley Helms-Burton, Trump volvió a incluir a Cuba en la lista de estados patrocinadores del terrorismo, restringió los viajes y las remesas, y alentó demandas contra empresas que «traficaban» o realizaban negocios con propiedades nacionalizadas por la Revolución Cubana de 1959. Esto allanó el camino para el fallo de la Corte Suprema de 2026 que permitió a la empresa estadounidense Havana Docks Corporation demandar a cuatro líneas de cruceros por atracar en puertos de La Habana que fueron nacionalizados por el gobierno cubano antes de 1960.

Los ataques de Trump contra Cuba han llegado recientemente a reflejar su estrategia más amplia de «máxima presión», que combina severas sanciones económicas y aislamiento internacional en un esfuerzo por derrocar a gobiernos adversarios en América Latina y Medio Oriente, apuntando particularmente a Irán, Cuba y Venezuela.

La Orden Ejecutiva de Trump del 29 de enero de 2026 amplió su campaña de máxima presión al imponer aranceles a los países que enviaran combustible a Cuba, y su Orden Ejecutiva del 1 de mayo de 2026 autorizó a Estados Unidos a incautar activos pertenecientes a personas extranjeras que se encontrara que estaban «traficando» con propiedades incluidas en listas negras o nacionalizadas.

Los Costos para Estados Unidos de la Máxima Presión

La mayoría de los países han apoyado consistentemente las resoluciones de la ONU que se oponen a las acciones de EE.UU. contra Cuba. Los expertos de la ONU califican el bloqueo como una «forma extrema de coerción económica unilateral» que viola el derecho internacional. Afirman que obstruye el «derecho al desarrollo del pueblo cubano, al tiempo que socava sus derechos a la alimentación, la educación, la salud y el agua y el saneamiento». Durante 34 años consecutivos, desde 1992, la Asamblea General de la ONU ha aprobado por abrumadora mayoría resoluciones que exigen el fin del bloqueo económico estadounidense a Cuba, citando la violación del derecho internacional. Las votaciones anuales muestran constantemente a más de 180 países oponiéndose a la postura de EE.UU., con solo Estados Unidos e Israel votando típicamente en contra.

El público estadounidense ha sido escéptico sobre el bloqueo durante décadas. Una encuesta de Pew Research Center de 2016 reveló que el 73% de los estadounidenses favorecía el fin del bloqueo. Más recientemente, una encuesta de YouGov del 25 de febrero de 2026 muestra que ni siquiera un tercio de las personas en Estados Unidos aprueba el bloqueo, y solo el 13% apoya atacar a Cuba. Solo el 5% de los estadounidenses ve a Cuba como una amenaza grave. Para poner esto en perspectiva, el 4% de los estadounidenses también ve a Canadá como una amenaza. Una encuesta de Data for Progress de 2024 muestra que solo aproximadamente una cuarta parte de los estadounidenses se opone a levantar las restricciones de viaje a la isla.

Estos porcentajes podrían ser más altos si el público fuera consciente de que el bloqueo nos está costando más que a Cuba. La Cuba Policy Foundation estima que Estados Unidos está perdiendo hasta 4.840 millones de dólares anuales en ventas y exportaciones. «Si se levantara el embargo, el agricultor estadounidense promedio sentiría una diferencia en su vida en dos o tres años», escribió el autor del estudio. A 4.840 millones de dólares al año, durante la vida útil de 64 años, Estados Unidos ha perdido 310.000 millones de dólares, casi suficiente para proporcionar un hogar a cada persona sin hogar en el país. (Según el Departamento de Vivienda y Desarrollo Urbano de EE.UU. [HUD], el número de personas que experimentan la falta de vivienda en 2024 alcanzó un máximo de 771.480 personas. Esto equivale a unos 402.000 dólares por persona sin hogar, justo por debajo del precio medio de lista de una vivienda de 425.000 dólares). Si bien esto no solucionará las causas estructurales de la falta de vivienda, representaría una solución transformadora. La comparación con la vivienda es solo una forma de entender la magnitud de esa cifra. Un total de 310.000 millones de dólares también podría poner 1.890 dólares en el bolsillo de cada uno de los 164 millones de contribuyentes del país.

A su vez, como señala Helen Yaffe en un artículo de Jacobin de principios de este año, «En 2025, el informe anual de Cuba a las Naciones Unidas situó el costo acumulado del bloqueo estadounidense en más de 170.000 millones de dólares. Los costos aumentan año tras año, alcanzando los 7.600 millones de dólares solo de marzo de 2024 a febrero de 2025». Esto situaría el costo para Cuba hasta la fecha en unos 178.000 millones de dólares, un poco más de la mitad de los 310.000 millones que Estados Unidos ha gastado hasta ahora.

El bloqueo también ha privado al público estadounidense de los avances médicos de Cuba. En 2008, Cuba lanzó Cimavax, la primera vacuna contra el cáncer de pulmón que prolongaba la vida de los pacientes con cáncer de pulmón, aliviando la respiración y restaurando el apetito. En 2022, Cuba lanzó NeuroEPO, que revierte el deterioro cognitivo en pacientes con Alzheimer. Los consumidores estadounidenses también han sido excluidos del acceso a la primera vacuna contra la meningitis B del mundo; las potentes vacunas cubanas contra el Covid; Heberprot-P, un tratamiento para heridas graves del pie diabético que también reduce significativamente el riesgo de amputaciones de miembros inferiores; tecnologías para la discapacidad auditiva; tratamientos para la retinosis pigmentaria (un grupo de enfermedades oculares raras que afectan la retina); y PPG, un popular fármaco reductor del colesterol con el efecto secundario de aumentar la potencia sexual.

Hasta la máxima presión, la isla socialista logró proporcionar a todos sus habitantes lo que el país más rico del mundo no pudo: atención médica gratuita de primer nivel, educación universitaria y de posgrado gratuita, alimentos y servicios públicos subsidiados y, en general, tasas muy bajas de delincuencia violenta y tenencia de armas.

En Estados Unidos, en 2024, casi el 14% o 47,9 millones de personas sufrían inseguridad alimentaria y 26,7 millones carecían de cobertura de atención médica, según fuentes como la Oficina del Censo de EE.UU. En contraste, antes de 2018, la inseguridad alimentaria en Cuba rondaba el 2,5%, según el Servicio de Investigación Económica del USDA. Después de la pandemia y la campaña de máxima presión de Trump, para 2023, el Servicio de Investigación Económica del USDA estimó que casi el 12,8% de la población cubana sufría inseguridad alimentaria. Hoy, como resultado de la campaña acelerada de Trump contra Cuba, grupos independientes como el Observatorio Cubano de Derechos Humanos han informado de que hasta el 78% de los cubanos están saltando comidas.

Un informe reciente del Center for Economic and Policy Research basado en datos del Banco Mundial también encontró que el fortalecimiento de las sanciones de EE.UU. contra Cuba a partir de 2017 fue probablemente la causa principal de un gran aumento en las tasas de mortalidad infantil en Cuba. Durante décadas, Cuba tuvo una tasa de mortalidad infantil más baja (cuatro por cada 1.000 nacidos vivos) que Estados Unidos (seis por cada 1.000 nacidos vivos). Sin embargo, desde 2018, el informe encontró que la tasa ha aumentado, alcanzando 9,9 en 2025, lo que resultó en un total de 1.800 muertes infantiles en un período de siete años.

Si bien Cuba puede tener atención médica universal, con las reservas de combustible agotadas, los hospitales carecen de electricidad para incubadoras y operaciones, y las farmacias carecen de medicamentos. Sin embargo, Cuba todavía se compara favorablemente con Estados Unidos en otras áreas:

  • Vivienda: Prácticamente no hay personas sin hogar en Cuba. La Ley de Reforma Urbana de 1960 convirtió a los inquilinos en propietarios, por lo que el 85% de los cubanos son dueños de sus propias casas y no pagan impuestos a la propiedad ni intereses sobre sus pagos. Después de 1985, los pagos para comprar una vivienda no podían exceder el 10% del ingreso familiar combinado. Las hipotecas en EE.UU. a menudo superan el 38% de los salarios.

  • Alfabetización: La tasa de alfabetización de adultos en Cuba (99,8%) es más alta que la tasa de Estados Unidos (97%), según el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD).

  • Empleo: La tasa de desempleo en Cuba es solo del 1,8% según datos de la CIA, en comparación con el 4,3% en Estados Unidos.

Daños a los Cubanos

Si bien el precio de 310.000 millones de dólares para Estados Unidos es más alto, Cuba obviamente ha sufrido un golpe mucho mayor en relación con su tamaño y recursos.

Muchas fuentes cubanas y estadounidenses no identificadas para este artículo mencionaron una variedad de dificultades: los montones de basura que atraen plagas (uno mencionó ver a una persona hurgando en ellos en busca de comida), los apagones de 20 a 22 horas que detienen las bombas de agua, la gente que se salta duchas y comidas. Ellen Rosenzweig, que vivió en Cuba durante 20 años y estuvo casada con un músico de la legendaria banda cubana Los Van Van, señaló: «Entonces, si tu electricidad está encendida a las 3 a.m., tienes que levantarte entonces para llenar bañeras y cocinar para el día». Uno de los resultados de la campaña de máxima presión de Trump ha sido un éxodo masivo de Cuba del 10% de su población, en su mayoría jóvenes refugiados económicos profesionales, y la emigración continúa aumentando.

Antes del primer mandato presidencial de Trump, el ingenio cubano pudo burlar el bloqueo. El país resistió la crisis petrolera anterior durante el Período Especial postsoviético de la década de 1990, la pérdida de su industria turística durante la pandemia y la necesidad de improvisar piezas de repuesto para los sistemas de transporte y redes eléctricas envejecidos fabricados en Estados Unidos. Sin embargo, cada una de estas crisis expuso aún más el talón de Aquiles de Cuba, uno que el Secretario de Estado Marco Rubio estaba más que feliz de atacar.

«Todas las piezas se alinearon para hacer que este deseo obsesivo de finalmente tomar el control de Cuba pareciera posible», observa Medea Benjamin, autora y cofundadora de la organización contra la guerra Code Pink, en una entrevista telefónica. En un artículo reciente en Common Dreams en respuesta a la acusación de Castro por la muerte de cuatro operativos de Hermanos al Rescate que murieron en 1996 cuando su avión fue derribado sobre Cuba, Benjamin describe cómo los grupos extremistas anticubanos han matado a más de 74 civiles cubanos y cómo Hermanos al Rescate recibió específicamente advertencias por «25 violaciones graves y sistemáticas del espacio aéreo cubano» antes del derribo del avión. (Hermanos al Rescate era una organización de exiliados cubanos con sede en Miami que comenzó como un grupo de búsqueda y rescate para migrantes cubanos, pero se volvió políticamente controvertida debido a las actividades anticastristas y los vuelos cerca del espacio aéreo cubano).

«Ese mismo anticomunismo ha existido durante décadas y los cubanos de Miami como Marco Rubio sienten que finalmente pueden lograr su sueño. Este apoyo descarado a la doctrina Monroe moderna —la ‘Donroe Doctrina’— proviene directamente de Rubio», explica. El término es un juego de palabras con el nombre de Donald Trump y la política de 1823 establecida por el presidente James Monroe que ha evolucionado para justificar intervenciones militares en América Latina.

Rubio es un impulsor principal de las campañas de máxima presión de la administración Trump. Cuenta con el apoyo de influyentes redes políticas cubanoamericanas anticastristas, incluido el lobby cubanoamericano, la familia Fanjul (una prominente familia cubanoamericana conocida por construir un imperio multimillonario de azúcar y bienes raíces) y el fallecido dueño de Las Vegas Sands, Sheldon Adelson, un donante conservador cuya causa principal era mantener el apoyo de EE.UU. a Israel.

Dados nuestros propios problemas económicos aquí en Estados Unidos, un coro creciente de voces pide el fin de esta costosa e inmoral vendetta. Después de reunirse con el presidente cubano Miguel Díaz-Canel y el Ministro de Relaciones Exteriores Bruno Rodríguez Parrilla esta primavera, los representantes de la Cámara de Representantes Pramila Jayapal y Jonathan Jackson emitieron un comunicado. «Este es un castigo colectivo cruel —efectivamente un bombardeo económico de la infraestructura del país— que ha producido daños permanentes. Debe detenerse de inmediato», escribieron.

A principios de este año, el representante de la Cámara de Representantes James McGovern presentó la H.R. 7521, la Ley de Comercio entre Estados Unidos y Cuba de 2026, que levantaría el bloqueo por completo. Desafortunadamente, la legislación aún no ha sido programada para una votación.

«Ese es un bloqueo fracasado porque no ha funcionado en 64 años», dice Zoila Benitez, la exjefa de un departamento de noticias cubano. «Las sanciones al petróleo han creado una crisis humanitaria y nadie debería tener que pasar por eso». Benitez emigró a Estados Unidos en 2021 después de un accidente en una escalera sin iluminación y la repentina falta de disponibilidad de reemplazos de articulaciones médicas debido a las sanciones de Trump. Extraña a sus seres queridos y su hermoso apartamento con pisos de mármol que ayudó a construir. Como muchos emigrados cubanos, cree que Cuba necesita cambios —incluyendo, posiblemente, más partidos políticos— pero rechaza la participación de EE.UU.

El setenta y cinco por ciento de los cubanoamericanos en el sur de Florida —en su mayoría la base de Rubio y Trump— también dice que el bloqueo no ha funcionado, según una encuesta reciente del Instituto de Investigación Cubano.

Ryan Stone, un conductor de Uber en Florida, me dijo: «Estoy 100% a favor de que Estados Unidos se mantenga en su carril en lugar de malgastar nuestro dinero. Creo que deberíamos votar sobre esto cada año y debería ser democrático».

Jean, un excolombiano que está en Florida en calidad de asilo, perdió su licencia de conducir comercial de camiones gracias a una orden ejecutiva que Trump emitió en marzo. «Es una tontería», dijo sobre el bloqueo con desdén. Por otro lado, cuando le pregunté a Yanet, una anfitriona de hotel, si apoyaba una invasión estadounidense, dijo en español: «¿Invasión? Yo le llamo intervención».

Si bien levantar el bloqueo mejoraría el nivel de vida de los cubanos y dejaría al descubierto los verdaderos errores del gobierno cubano, la economía cubana seguiría cargada con su legado colonial como productora primero de azúcar y luego de turismo. Los términos desiguales del comercio mantienen históricamente a los países anteriormente colonizados como proveedores de materias primas y servicios, subsidiando el alto nivel de vida en los países industrializados. Es útil recordar este campo de juego desigual cada vez que se hacen comparaciones con Cuba.

El presidente cubano insinuó que los asesinatos de imitación en Irán y los secuestros en Venezuela no funcionarán en Cuba, ni tampoco una ocupación. «El hecho es que tenemos un liderazgo colectivo… hay cientos de personas capaces de asumir esa responsabilidad y tomar decisiones colectivamente», explicó Díaz-Canel a NBC, «…una doctrina conocida como la Guerra de Todo el Pueblo… cada mujer cubana y cada hombre cubano tiene una misión, un propósito, un objetivo que defender, un lugar y una posición que ocupar en la defensa».

El Futuro de Cuba

A pesar de las dificultades, más de la mitad de la población cubana (5,2 millones de 9,7 millones) salió a celebrar el legado de la Revolución Cubana y el Día Internacional de los Trabajadores el 1 de mayo. A finales de ese mes, 6.230.973 personas —o el 80% de la población del país mayor de 16 años— firmaron una petición denunciando el bloqueo energético y comprometiéndose a defender la soberanía de Cuba.

Recientemente, México, China y Rusia se comprometieron a seguir comerciando con Cuba. La BBC informa que «el ministerio de relaciones exteriores chino pidió a Estados Unidos que dejara de usar ‘coerción’ y ‘amenazas’ contra su aliado, mientras que el Kremlin dijo que la presión ejercida sobre La Habana ‘raya en la violencia'». China ha estado trabajando con Cuba para construir su infraestructura solar. Esto no parece una guerra que Trump y Rubio vayan a ganar rápidamente.

Antes de 1959, Cuba estaba dominada por casinos, prostitución y crimen organizado. A juzgar por sus inversiones anteriores, maniobras políticas y amistades cercanas, se podría suponer que Trump tiene debilidad por los casinos, los salones de baile y las islas. ¿Valdrá la pena el costo exorbitante del bloqueo para volver al mismo statu quo desigual que Cuba tenía bajo Batista, pero bajo la marca Trump?

Antes de la campaña de máxima presión de Trump, el hecho de que un país pobre y anteriormente colonizado pudiera satisfacer las necesidades básicas de sus ciudadanos, mientras superaba a Estados Unidos en medidas clave, subrayaba lo económico que podría ser para Estados Unidos seguir su ejemplo. Y aquí puede residir la verdadera motivación del bloqueo, y su costo más significativo: impide que la gente haga tales comparaciones de primera mano. En otras palabras, ¿por qué el gobierno estadounidense está dispuesto a gastar 310.000 millones de dólares, más el costo incalculable de una posible invasión, solo para evitar que el público estadounidense haga sus propias comparaciones?


Las memorias de Margot Pepper sobre su año en Cuba durante el Período Especial, «Through the Wall: A Year in Havana», fueron nominadas para el American Book Award de 2006. Su trabajo ha aparecido en Dollars & Sense, Common Dreams, Utne Reader, Monthly Review, Z-net, Counterpunch, City Lights y otros lugares, y se puede encontrar en margotpepper.com.


Fuentes

Medea Benjamin, «The Indictment of Raul Castro: A New Low in Cuba Policy,» Common Dreams, 21 de mayo de 2026 (commondreams.org); Kim Hjelmgaard, «Trump ramps up Cuba pressure as Nimitz carrier enters Caribbean Sea,» USA Today, 21 de mayo de 2026 (usatoday.com); Françoise Bouchet-Saulnier, «The Practical Guide to Humanitarian Law,» Médicos Sin Fronteras, 1998 (guide-humanitarian-law.org); David Mericle, Jacob Kitzman, Wong Gim Teck y Shu Jian, «Embargo or Blockade?» The Cuban Experience, 1998; Jack Nicas y Christiaan Triebert, «A New U.S. Blockade Is Strangling Cuba,» New York Times, 20 de febrero de 2026 (nytimes.com); Comunicado de prensa de Joe Courtney, «Of Course A Blockade is an Act of War,» 19 de mayo de 2026 (courtney.house.gov); Eduardo Galeano, Las venas abiertas de América Latina (Monthly Review Press, 1971); Carollee Bengelsdorf, The Problem of Democracy in Cuba (Oxford University Press, 1994); Eduardo Humberto del Río García, Cuba para principiantes (Editorial Grijalbo S.A., 1983); José Luis Rodríguez y George Carriazo Moreno, Erradicación de la Pobreza en Cuba (Editorial De Ciencias Sociales, 1987); Tom Phillips, «Cuba Has Run Out Of Diesel And Fuel Oil, Energy Minister Says, As US Blockade Pushes Island To Brink,» The Guardian, 13 de mayo de 2026 (theguardian.com); Vibhu Mishra, «General Assembly renews long-standing call for end to US embargo against Cuba,» UN News, 30 de octubre de 2024 (news.un.org); Asamblea General de las Naciones Unidas, «Necessity of ending the economic, commercial and financial embargo imposed by the United States of America against Cuba,» 11 de octubre de 2023 (docs.un.org); Michelle Nichols, «US Fails To Make Big Dent In UN Vote Calling For End To Cuba Embargo,» Reuters, 29 de octubre de 2025 (reuters.com); The Editors of ProCon, «Cuba Embargo,» Encyclopædia Britannica, 10 de febrero de 2026 (britannica.com); Steven Goldstein, «America’s Farmers Bearing Heavy Burden for U.S. Embargo Against Cuba: New Report,» AfroCubaWeb, 28 de enero de 2002 (afrocubaweb.com); Anna Diamond, «Why We Don’t Know How Many People Are Homeless,» New York Times, 18 de febrero de 2026 (nytimes.com); Macrotrends, «U.S. Median Home Listing Price (2016-2026)» (macrotrends.net); Zillow, «Housing Data» (zillow.com/research/data); Helen Yaffe, «Defend Cuba From US Efforts to Crush It,» Jacobin, 13 de marzo de 2026 (jacobin.com); Bureau of Diplomatic Security, «Cuba 2012 Crime and Safety Report,» Departamento de Estado de EE.UU., 21 de marzo de 2012 (state.gov); Steven Zahniser, Lila Cardell, Yacob Abrehe Zereyesus y Constanza Valdes, «Cuba’s deteriorating food security and its implications for US agricultural exports,» Departamento de Agricultura de EE.UU., Servicio de Investigación Económica, octubre de 2024 (usda.gov); Nicholas Kristof, «Why Infants May Be More Likely to Die in America Than Cuba,» New York Times, 18 de enero de 2019 (nytimes.com); Ed Augustin y Jack Nicas, «Cuban Patients Are Dying Because of US Blockade, Doctors Say,» New York Times, 26 de marzo de 2026 (nytimes.com); Economista Sinan Koont; Leni Villagomez Reeves, «Marco Rubio’s Powerful Secret Backers,» Community Alliance, 2 de abril de 2025 (fresnoalliance.com); Dan Berman, «Sheldon Adelson-owned Las Vegas Review-Journal endorses Marco Rubio,» CNN, 5 de febrero de 2016 (cnn.com); Jonathan Jackson, «Press Release: Jayapal, Jackson Statement on Delegation to Cuba,» 5 de abril de 2026 (jonathanjackson.house.gov); Entrevista de Kristen Welker al Presidente cubano y Primer Secretario del Comité Central del Partido Comunista de Cuba Miguel Mario Díaz-Canel Bermúdez, «Surrender is Not Part of the Revolutionaries’ Mindset,» Meet the Press, NBC News, 9 de abril de 2026 (nbc.com); Belly of the Beast, «Cuba’s Population Shrinks by 1.4 Million in Five Years,» 30 de mayo de 2025 (bellyofthebeastcuba.com); Frances Robles, «On May Day Cuba’s Communist Leaders Deliver a Defiant Tone to the U.S.,» New York Times, 1 de mayo de 2026 (nytimes.com).

Publicado originalmente en el número de julio/agosto de Dollars & Sense.

 

The Costs of the US Blockade on Cuba

Margot Pepper

View of Havana’s Hotel Nacional de Cuba in the first Special Period, 1993. Photo: Margot Pepper.

The Trump Administration’s indictment of former Cuban President Raúl Castro, the deployment of the USS Nimitz aircraft carrier and warships, and recent measures pressuring countries not to supply oil to Cuba are all intended to force regime change on the island. These policies are part of the United States’ long-standing campaign against the Cuban government, codified in 1962 with the U.S. embargo on Cuba, and have created what could be described as Cuba’s “New Special Period,” comparable to the original “Special Period” in the 1990s after the loss of support from the Soviet Union. The Cuban revolution against the U.S.-backed Batista dictatorship has survived 64 of its 67 years under what U.S. officials call an “embargo.” Cubans call it “el bloqueo” (the blockade), arguing that its impact has been just as physically isolating as a military blockade. Suffering aside, the amount of money that the United States has spent on enforcing this policy of economic isolation—the longest blockade in history—could instead have been used to address pressing social needs throughout the United States. This raises the question: Was the blockade worth the cost? And if so, for whom?

According to Doctors Without Borders’ “The Practical Guide to Humanitarian Law,” a blockade is an act of war that seeks to isolate an adversary, disrupt economic activity, and prevent the movement of vital supplies. Under an embargo, a country prohibits its own companies or subsidiaries from engaging in business with another country, rather than interfering with third parties. Through what is essentially a broader economic blockade, the United States has intermittently prevented Cuba from commerce with other nations. As President Donald Trump has become even more strident, the United Nations has criticized his administration’s policy of imposing tariffs on any country that sends oil to Cuba as a serious violation of international law. Earlier this year, a military blockade was evident as “the U.S. Coast Guard intercepted a tanker full of Colombian fuel oil en route to Cuba within 70 miles of the island,” according to the New York Times. The U.S. government knows that a blockade is an act of war, according to Connecticut

Congressperson Joe Courtney, who said in a recent press release, “The international law, actually, in terms of blockades, was established in 1909 at the London Naval Conference, which the U.S. participated in and the U.S. Senate actually voted to endorse, and it defined blockades as an act of war.”

That is why, until now, U.S. administrations have been so adamant about calling such sanctions an “embargo.” Understanding how this economic campaign against Cuba began, along with its impacts on Cuba and beyond, will help us better understand the current situation between the United States and Cuba.

The Origins of the “Embargo”

The original justification for the embargo in the early 1960s was Cuba’s expropriation of “some $1.8 billion worth of U.S.-owned property,” according to the U.S. Foreign Claims Settlement Commission. In turn, Cubans argue that earlier in the century the United States had seized control of 70% of Cuban land and three-quarters of its primary industry—sugar—which Carollee Bengelsdorf, in The Problem of Democracy in Cuba, describes as the “virtual ‘confiscation’ of [Cuba’s] economy by the United States.” By the 1950s, as a result of U.S. wealth-extraction and the legacy of Spanish colonial rule, five out of six Cubans lived in shacks or were homeless, 80% of Havana’s residents suffered from hunger and unemployment, and two-thirds of Cuban children didn’t attend school. Cuban census data for those years reveal that only 3% of rural Cubans had habitable housing, only 10% enjoyed running water or electricity, and more than half of the Cuban population lived in housing that lacked cement walls or floors. Cubans say such conditions left them no recourse in 1959 but to expel the “Yanquis” and reclaim their own territories and businesses, just as the Yankees had expelled the British in 1776. The result was an exodus of around a quarter of a million of mostly wealthy Batista loyalists, now the anti-Castro Cuban-American lobby.

If we are to hold Cuba accountable for roughly $4.5 billion in U.S. claims stemming from the 5,911 cases certified by the U.S. Foreign Claims Settlement Commission against the Cuban government for the expropriations it carried out primarily from 1960–1961, one can hardly comprehend what the United States would owe to British Loyalists and the Crown after 250 years.

Pressured by the Cuban-American lobby, this parallel has escaped both Republican and Democratic U.S. administrations. To exact revenge, in 1962 President John F. Kennedy invoked the Trading with the Enemy Act of 1917, the legal basis for the trade embargo, which allowed the United States to freeze Cuban assets and prohibit financial transactions. Then, in 1966, the Helms-Burton Act tightened the economic blockade by punishing foreign companies doing business in Cuba. In 1992, worsening the impact of the Soviet collapse, President George H. W. Bush signed the Torricelli Act, banning foreign U.S. subsidiaries from trading with Cuba.

From 2017 to 2021, invoking dormant portions of the Helms-Burton Act, Trump relisted Cuba as a state sponsor of terrorism, restricted travel and remittances, and encouraged lawsuits against companies “trafficking” or engaging in business with property nationalized by the 1959 Cuban Revolution. This paved the way for the 2026 Supreme Court ruling allowing the U.S.-based Havana Docks Corporation to sue four cruise lines for docking in Havana ports that were nationalized by the Cuban government before 1960.

Trump’s attacks on Cuba have more recently come to mirror his broader “maximum pressure” strategy, which combines severe economic sanctions and international isolation in an effort to topple adversarial governments in Latin America and the Middle East, particularly targeting Iran, Cuba, and Venezuela.

Trump’s January 29, 2026, Executive Order expanded his maximum pressure campaign by imposing tariffs on countries sending fuel to Cuba, and his May 1, 2026, Executive Order authorized the United States to seize assets belonging to foreign individuals found to be “trafficking” in blacklisted or nationalized properties.

The Costs to the United States of Maximum Pressure

Most countries have consistently supported U.N. resolutions opposing U.S. actions against Cuba. U.N. experts call the blockade an “extreme form of unilateral economic coercion” that violates international law. They say it obstructs the “Cuban people’s right to development while undermining their rights to food, education, health, and water and sanitation.” For 34 consecutive years, since 1992, the U.N. General Assembly has overwhelmingly passed resolutions demanding an end to the U.S. economic blockade of Cuba, citing the violation of international law. Annual votes consistently see over 180 countries opposing the U.S. stance, with only the United States and Israel typically voting against.

The U.S. public has been skeptical of the blockade for decades. A 2016 Pew Research Center poll revealed that 73% of Americans favored ending the blockade. More recently, a February 25, 2026 poll by YouGov shows that not even a third of people in the United States approve of the blockade, and only 13% support attacking Cuba. Just 5% of Americans view Cuba as a serious threat. To put this in perspective, 4% of Americans view Canada as a threat, too. A 2024 Data for Progress poll shows that only roughly a quarter of Americans oppose lifting travel restrictions to the island.

These percentages might be higher were the public aware that the blockade is costing us more than Cuba. The Cuba Policy Foundation estimates that the United States is losing up to $4.84 billion annually in sales and exports. “If the embargo were lifted, the average American farmer would feel a difference in his or her life within two to three years,” the study’s author wrote. At $4.84 billion a year, over the lifespan of 64 years, the United States has missed out on $310 billion—nearly enough to provide a home for every unhoused person in the country. (According to the U.S. Department of Housing and Urban Development (HUD), the number of people experiencing homelessness in 2024 peaked at 771,480 people. This is about $402,000 per unhoused individual, just shy of the Median Home Listing Price of $425,000.) While this won’t fix the structural causes of homelessness, it would represent a transformative solution. The housing comparison is just one way of understanding the scale of that figure. A total of $310 billion could also put $1,890 in the pocket of each of the nation’s 164 million taxpayers.

In turn, as Helen Yaffe notes in a Jacobin article from earlier this year, “In 2025, Cuba’s annual report to the United Nations put the cumulative cost of the U.S. blockade at over $170 billion. Costs are rising year after year, reaching $7.6 billion from March 2024 to February 2025 alone.” This would put the cost for Cuba to date at about $178 billion, a little over half of the $310 billion the United States has spent so far.

The blockade has also deprived the U.S. public of Cuba’s medical breakthroughs. In 2008 Cuba released Cimavax, the first lung cancer vaccine which extended life in lung cancer patients while also easing breathing and restoring appetite. In 2022, Cuba released NeuroEPO, which reverses cognitive decline in patients with Alzheimer’s. U.S. consumers have also been denied access to the world’s first meningitis B vaccine; Cuba’s potent Covid vaccines; Heberprot-P, a treatment for severe diabetic foot wounds that also significantly reduces the risk of lower-limb amputations; technologies for hearing impairment; treatments for retinitis pigmentosa (a group of rare eye diseases that affect the retina); and PPG, a popular cholesterol-reducing drug with the side effect of increased sexual potency.

Until maximum pressure, the socialist island managed to provide all its inhabitants with what the most affluent country in the world could not: free top-notch health care, free university and graduate school education, subsidized food and utilities, and overall, very low violent crime and gun ownership rates.

In the United States, as of 2024, nearly 14% or 47.9 million people were food insecure and 26.7 million lacked health care coverage, according to sources including the U.S. Census Bureau. In contrast, prior to 2018, Cuba’s food insecurity hovered around 2.5%, according to the USDA’s Economic Research Service. After the pandemic and Trump’s maximum pressure campaign, by 2023, the USDA Economic Research Service estimated that nearly 12.8% of Cuba’s population were food insecure. Today, as a result of Trump’s accelerated campaign against Cuba, independent groups like the Cuban Observatory for Human Rights have reported that up to 78% of Cubans are skipping meals.

A recent report by the Center for Economic and Policy Research based on World Bank data also found that the strengthening of U.S. sanctions against Cuba beginning in 2017 were likely the main cause of a huge spike in Cuba’s infant mortality rates. For decades Cuba had a lower infant mortality rate (four per 1,000 live births) than the United States (six per 1,000 live births). Since 2018, however, the report found the rate has increased, reaching 9.9 in 2025, resulting in a total of 1,800 infant deaths over a seven-year period.

While Cuba may have universal health care, with fuel reserves depleted, hospitals lack electricity for incubators and operations, and pharmacies lack medicine. Nonetheless, Cuba still compares favorably to the United States in other areas:

Housing: There are virtually no unhoused people in Cuba. The 1960 Urban Reform Law turned renters into homeowners so 85% of Cubans own their own homes and pay no property taxes or interest on their payments. After 1985, payments toward buying a home couldn’t exceed 10% of the combined household income. U.S. mortgages often exceed 38% of salaries.

Literacy: The adult literacy rate in Cuba (99.8%) is higher than the United States’ rate (97%), per the United Nations Development Programme (UNDP).

Employment: Cuba’s unemployment rate is only 1.8% according to CIA data, compared with 4.3% in the United States.

Harms to Cubans

While the United States’ $310 billion price tag is higher, Cuba has obviously suffered a far greater blow relative to its size and resources.

Many unnamed Cuban and U.S. sources for this article mentioned a variety of hardships—the garbage piles attracting pests (one mentioned seeing a person sifting through them for food), the 20–22-hour blackouts halting water pumps, people skipping showers and meals. Ellen Rosenzweig, who lived in Cuba for 20 years and was married to a musician in the legendary Cuban band Los Van Van, noted, “So if your electricity is on at 3 a.m., you have to be up then to fill bathtubs and cook for the day.” One result of Trump’s maximum pressure campaign has been a massive exodus from Cuba of 10% of its population, mostly young professional economic refugees, with emigration continuing to rise.

Before Trump’s first presidential term, Cuban ingenuity was able to outsmart el bloqueo. The country withstood the previous oil crisis during the 1990s post-Soviet Special Period, the loss of its tourist industry during the pandemic, and the need to improvise replacement parts for aging U.S.-made transportation systems and electric grids. Yet each of these crises further exposed Cuba’s Achilles’ heel, one that Secretary of State Marco Rubio was more than happy to attack.

“All of the pieces aligned to make this obsessive desire to finally take over Cuba seem possible,” observes Medea Benjamin, author and co-founder of the anti-war organization Code Pink, in a telephone interview. In a recent article on Common Dreams responding to Castro’s indictment over the deaths of four Brothers to the Rescue operatives who were killed in 1996 when their plane was shot down over Cuba, Benjamin describes how anti-Cuban extremist groups have killed over 74 Cuban civilians and how Brothers to the Rescue specifically received warnings for “25 serious and systematic violations of Cuban airspace” prior to the downing of the plane. (Brothers to the Rescue was a Miami-based Cuban exile organization that began as a search-and-rescue group for Cuban migrants but became politically controversial due to anti-Castro activities and flights near Cuban airspace.)

“That same anti-communism has been around for decades and Miami Cubans like Marco Rubio feel they can finally accomplish their dream. This bold-faced support for the modern-day Monroe Doctrine—the ‘Donroe Doctrine’—is coming directly from Rubio,” she explains. The term is a play on Donald Trump’s name and the 1823 policy established by President James Monroe that has evolved to justify military interventions in Latin America.

Rubio is a primary driver of the Trump administration’s maximum pressure campaigns. He is supported by influential anti-Castro Cuban-American political networks, including the Cuban-American lobby, the Fanjul family (a prominent Cuban-American family known for building a multi-billion-dollar sugar and real estate empire), and the late Las Vegas Sands owner Sheldon Adelson, a conservative donor whose primary cause was maintaining U.S. support for Israel.

Given our own economic woes here in the United States, a growing chorus of voices is calling for an end to this costly, immoral vendetta. After meeting with Cuban President Miguel Díaz-Canel and Foreign Minister Bruno Rodríguez Parrilla this spring, House Representatives Pramila Jayapal and Jonathan Jackson released a statement. “This is cruel collective punishment—effectively an economic bombing of the infrastructure of the country—that has produced permanent damage. It must stop immediately,” they wrote.

Earlier this year, House Representative James McGovern introduced H.R. 7521, the United States-Cuba Trade Act of 2026, which would lift the blockade entirely. Unfortunately, the legislation has not yet been scheduled for a vote.

“That’s a failed blockade because it hasn’t worked in 64 years,” says Zoila Benitez, the retired head of a Cuban news department. “The oil sanctions have created a humanitarian crisis and nobody should have to go through that.” Benitez emigrated to the United States in 2021 after an accident in an unlit stairwell and the sudden unavailability of medical joint replacements due to Trump’s sanctions. She misses loved ones and her beautiful apartment with marble floors that she helped build. Like many Cuban émigrés she believes Cuba needs change—including, possibly, more political parties—but rejects U.S. involvement.

Seventy-five percent of Cuban-Americans in South Florida—mostly Rubio’s and Trump’s base—also say that the blockade has not worked, a recent poll by the Cuban Research Institute found.

Florida Uber driver Ryan Stone told me, “I’m 100% for America staying in its lane instead of wasting our money. I think we should vote on it each year and it should be democratic.”

Jean, a former Colombian who is in Florida on asylum, lost his commercial trucking license thanks to an executive order Trump issued in March. “Es una tonteria—It’s a joke,” he said about the blockade dismissively. On the other hand, when I asked hotel hostess Yanet about whether or not she supported a U.S. invasion, she said in Spanish, “Invasion? I call it an intervention.”

While lifting the blockade would boost Cubans’ living standard and lay bare the Cuban government’s true mistakes, Cuba’s economy would still be saddled with its colonial legacy as a producer first of sugar and later of tourism. Unequal trade terms historically maintain formerly colonized countries as purveyors of raw materials and services, subsidizing the high standard of living in industrialized countries. It is useful to remember this uneven playing field whenever making comparisons with Cuba.

The Cuban president implied that copycat Iran assassinations and Venezuela kidnappings won’t work in Cuba, nor would an occupation. “The fact is that we have a collective leadership …there are hundreds of people who are capable of assuming that responsibility and making decisions collectively,” Díaz-Canel explained on NBC, “…a doctrine known as the War of the Entire People … every Cuban woman and every Cuban man has a mission, a purpose, a goal to defend, a place and a position to occupy in the defense.”

Cuba’s Future

Despite the hardships, more than half of the Cuban population (5.2 million out of 9.7 million) came out to celebrate the legacy of the Cuban Revolution and International Workers’ Day on May 1. Later that month, 6,230,973 people—or 80% of the country’s population over age 16—signed a petition denouncing the energy blockade and committing to defend Cuba’s sovereignty.

Recently, Mexico, China, and Russia pledged to continue trading with Cuba. The BBC reports that “the Chinese foreign ministry called on the United States to stop using ‘coercion’ and ‘threats’ against its ally, while the Kremlin said the pressure being exerted on Havana ‘borders on violence.’” China has been working with Cuba to build up its solar infrastructure. This does not look like a war that Trump and Rubio will win quickly.

Prior to 1959 Cuba was dominated by casinos, prostitution, and organized crime. Judging from his former investments, political maneuverings, and close friendships, one could assume Trump has a soft spot for casinos, ballrooms, and islands. Will the exorbitant cost of the blockade be worth returning to the same unequal status quo Cuba had under Bastita, but under the Trump brand instead?

Prior to Trump’s maximum pressure campaign, the fact that a poor, formerly colonized country could meet its citizens’ basic needs, while outperforming the United States on key measures, underscored how inexpensively the United States could follow suit. And herein may lie the real motivation of the blockade, and its most significant cost: it keeps people from making such comparisons first-hand. In other words, why is the U.S. government willing to spend $310 billion, plus the incalculable cost of a potential invasion, just to keep the U.S. public from making its own comparisons?

Margot Pepper’s memoir about her year based in Cuba during the Special Period, Through the Wall: A Year in Havana, was nominated for the 2006 American Book Award. Her work has appeared in Dollars & Sense, Common Dreams, the Utne ReaderMonthly Review, Z-net, Counterpunch, City Lights, and elsewhere and can be found at margotpepper.com.

Sources

Medea Benjamin, “The Indictment of Raul Catro: A New Low in Cuba Policy,”  Common Dreams, May 21, 2026 (commondreams.org); Kim Hjelmgaard, “Trump ramps up Cuba pressure as Nimitz carrier enters Caribbean Sea,” USA Today, May 21, 2026 (usatoday.com); Françoise Bouchet-Saulnier, “The Practical Guide to Humanitarian Law,” Medecins Sans Frontieres/Doctors Without Borders, 1998 (guide-humanitarian-law.org); David Mericle, Jacob Kitzman, Wong Gim Teck, and Shu Jian, “Embargo or Blockade?” The Cuban Experience,1998; Jack Nicas and Christiaan Triebert, “A New U.S. Blockade Is Strangling Cuba,” New York Times, February 20, 2026 (nytimes.com); Joe Courtney Press Release, “Of Course A Blockade is an Act of War,” May 19, 2026 (courtney.house.gov); Eduardo Galeano, Open Veins of Latin America (Monthly Review Press, 1971); Carollee Bengelsdorf, The Problem of Democracy in Cuba (Oxford University Press, 1994); Eduardo Humberto del Río García, Cuba para principiantes/ Cuba for Beginners (Editorial Grijalbo S.A., 1983); José Luis Rodríguez and George Carriazo Moreno, Eradication of Poverty in Cuba/ Erradicación de la Pobreza en Cuba (Editorial De Ciencias Sociales,1987); Tom Phillips, “Cuba Has Run Out Of Diesel And Fuel Oil, Energy Minister Says, As Us Blockade Pushes Island To Brink,” The Guardian, May 13, 2026 (theguardian.com); Vibhu Mishra “General Assembly renews long-standing call for end to US embargo against Cuba,” UN News, October 30, 2024 (news.un.org); United Nations General Assembly, “Necessity of ending the economic, commercial and financial embargo imposed by the United States of America against Cuba,” October 11, 2023 (docs.un.org); Michelle Nichols, “Us Fails To Make Big Dent In Un Vote Calling For End To Cuba Embargo,” Reuters, October 29, 2025 (reuters.com); The Editors of ProCon. “Cuba Embargo,” Encyclopedia Britannica, February 10, 2026 (britannica.com); Steven Goldstein, “America’s Farmers Bearing Heavy Burden for U.S. Embargo Against Cuba: New Report,” AfroCubaWeb, January 28, 2002 (afrocubaweb.com); Anna Diamond, “Why We Don’t Know How Many People Are Homeless,” New York Times, February 18, 2026 (nytimes.com); Macrotrends, “U.S. Median Home Listing Price (2016-2026)” (macrotrends.net); Zillow, “Housing Data” (zillow.com/research/data); Helen Yaffe, “Defend Cuba From US Efforts to Crush It,” Jacobin, March 13, 2026 (jacobin.com); Bureau of Diplomatic Security, “Cuba 2012 Crime and Safety Report,” U.S. Department of State, March 21, 2012 (state.gov); Steven Zahniser, Lila Cardell, Yacob Abrehe Zereyesus, and Constanza Valdes, “Cuba’s deteriorating food security and its implications for US agricultural exports,” U.S. Department of Agriculture, Economic Research Service, October 2024 (usda.gov); Nicholas Kristof, “Why Infants May Be More Likely to Die in American Than Cuba, New York Times, January 18, 2019 (nytimes.com); Ed Augustin and Jack Nicas, “Cuban Patients Are Dying Because of US Blockade, Doctors Say,” New York Times, March 26, 2026 (nytimes.com); Economist Sinan Koont; Leni Villagomez Reeves, “Marco Rubio’s Powerful Secret Backers,” Community Alliance, April 2, 2025 (fresnoalliance.com); Dan Berman, “Sheldon Adelson-owned Las Vegas Review-Journal endorses Marco Rubio,” CNN, February 5, 2016 (cnn.com); Jonathan Jackson, “Press Release: Jayapal, Jackson Statement on Delegation to Cuba,” April 5, 2026 (jonathanjackson.house.gov); Kristen Welker Interview with Cuban President and First Secretary of the Central Committee of the Communist Party of Cuba Miguel Mario Díaz-Canel Bermúdez, “Surrender is Not Part of the Revolutionaries’ Mindset,” Meet the Press, NBC News,  April 9, 2026 (nbc.com); Belly of the Beast, “Cuba’s Population Shrinks by 1.4 Million in Five Years,” May 30, 2025 (bellyofthebeastcuba.com); Frances Robles, “On May Day Cuba’s Communist Leaders Deliver a Defiant Tone to the U.S.,” New York Times, May 1, 2026 (nytimes.com).

First published in the July/August Issue of Dollars & Sense.

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