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Leyanis Pérez reta a Yulimar Rojas en Tokio

El triple salto femenino llega al Mundial de Tokio con una jerarquía alterada por la vuelta de Yulimar Rojas, pero también con una cubana que ha ganado espacio por mérito propio. Leyanis Pérez, la mejor triplista de la temporada, entra a la final con argumentos para discutir el oro y con la posibilidad real de sostener la tradición cubana en una prueba que la isla ha convertido en territorio propio.

La venezolana, dueña del récord mundial con 15,74 metros, no compitió en esta disciplina durante los dos últimos años por una grave lesión en el tendón de Aquiles. Su regreso en Tokio cambia de inmediato el escenario. Durante su ausencia, otras atletas aprovecharon para crecer, pero la reaparición de una campeona de ese calibre vuelve a poner orden en la cabeza del grupo y obliga a todas a subir el listón.

Entre las que han dado ese paso está Pérez, nacida hace 23 años en Pinar del Río, quien ha pasado esta temporada al primer plano internacional. La cubana reconoció que la presencia de Rojas eleva el desafío y la motiva a salir a pelear por una medalla mundial. Su temporada ya venía anunciando ese salto: fue campeona mundial bajo techo en Nankín, revalidó luego la Liga de Diamante y firmó la mejor marca del año antes de Tokio, con 14,93 metros.

La historia de Pérez también carga una cuenta pendiente. En los Juegos Olímpicos de París, con la baja de Rojas todavía sin resolver en la pista, no logró subir al podio y terminó quinta, un resultado que le dejó un sabor amargo. Pocas semanas más tarde se desquitó al ganar la final de la temporada de la Liga de Diamante, una victoria que confirmó que ya no era una promesa sino una candidata seria en cualquier final.

Tokio, además, tiene para ella una carga personal. Hace cuatro años debía debutar en ese mismo estadio en unos Juegos Olímpicos, pero una lesión a última hora la dejó fuera cuando apenas tenía 19 años. Desde entonces ha seguido una progresión sostenida: oro en los Juegos Panamericanos Júnior de Cali en 2021, títulos y presencia creciente en 2022, y en 2023 el bronce mundial que la instaló definitivamente entre las mejores, en una final donde Rojas se llevó el oro en el último salto.

Pérez habla también desde una escuela. En Cuba, el triple salto no se entiende como una excepción, sino como una tradición pesada y exigente que sigue produciendo figuras pese al deterioro general del deporte en la isla. Ella misma lo resumió con crudeza: al llegar, la vía estaba trazada por generaciones de grandes saltadoras, y lo que toca es entrenar duro y salir a responder. Esa herencia explica por qué la prueba sigue siendo una de las pocas en que Cuba conserva prestigio internacional.

La delegación cubana en esa final no depende solo de Pérez. Liadagmis Povea, de 29 años, también estará en la pelea después de conquistar la plata en el Mundial indoor de marzo, su primera gran medalla en el escenario planetario. Con dos cubanas metidas en la discusión, el triple salto vuelve a ofrecerle a la isla una ventana de protagonismo en medio de tantas grietas deportivas internas. En Tokio, la batalla será entre una campeona que vuelve y una cubana que ya no pide permiso para desafiarla.

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