Dicen de los capricornios que sobresalen por su sentido práctico ante los desafíos de la vida y los sentimientos; en ello, y también en su procedencia humilde del barrio holguinero de Floro Pérez, insiste Rubén Rodríguez González, Premio Iberoamericano de Cuento Julio Cortázar 2024.
De la certeza de que el libro es un bien hermoso y preciado ha bebido toda la existencia de este escritor, quien llegó a la lectura y, por consiguiente, a la escritura por intuición.
Al periodismo, por vocación, pese al carácter tímido con el que se identifica; y a la primera edición del Premio Celestino de Cuento en 1999, que ganó con Flora y el ángel.
Con más de dos décadas dedicado y aferrado a su amor por el semanario ¡Ahora!, en el cual se desempeña como periodista, columnista y editor, Rodríguez González aseguró a la Agencia Cubana de Noticias que en esa redacción se siente querido, cómodo y protegido, y ello le ha permitido desarrollar en paralelo su trayectoria literaria.
«Me divierte el acto de escribir; sufro la historia», expresó, de ahí que, como narrador, se imponga cierta distancia y respeto a lo que narra y describe, con el objetivo de trasladar al papel mundos mágicos, personajes vívidos, además de entregarse al goce de la creación.
Sin embargo, «escribir no siempre es fácil», reconoció, pues para él se trata de un proceso que depende tanto de la alegría como de la capacidad para enfrentar las adversidades, por lo que su carácter pragmático, ese fuego frío propio del capricornio- que dice ser-, representa una ventaja que le ayuda a poner las cosas en su lugar.
Autor de más de 10 títulos para la infancia, entre los que destacan El maravilloso viaje del mundo alrededor de Leidi Jámilton, Premio Abril, y El garrancho de Garabulla, publicado bajo el sello de Ediciones Holguín; el autor concibe sus obras como puertas hacia otros universos y disfruta invitar a los lectores a cruzar umbrales que ha creado.
La primera pieza de la literatura infantil cubana que lo impactó y a la cual atribuye el deseo de construir relatos para niños capaces de abordar sentimientos y conflictos humanos, fue Cuentos de Guane, de la pinareña Nersys Felipe, cuyo tono, temática rural y viaje narrativo resonaron con vivencias de su entorno.
Además, confesó su placer por crear historias destinadas a los más pequeños, pues las considera satisfactorias y útiles, y disfruta trabajar con pocos personajes y escenarios sencillos, como un director de escena que encuentra el tono adecuado sin permitir que sobre nada en el texto.
Si bien acumula décadas de experiencia en ese género, también realizó incursiones para adultos, en la que obtuvo algunos de sus reconocimientos más importantes: el Premio Alejo Carpentier 2019 y el Anual de la Crítica 2022, ambos por el volumen El año que nieve.
El autor reconoció que varios de sus galardones iniciales estuvieron vinculados con necesidades económicas, ya que, aunque ha llevado una vida austera y de aspiraciones sencillas, considera que el quehacer creativo mantiene una relación inevitable con la economía, circunstancia que puede influir en la motivación.
La XXXIV Feria Internacional del Libro, en su capítulo holguinero, se dedicó a su vida y obra, distinción que lo convirtió en el centro de múltiples homenajes.
Entre los reconocimientos recibidos figuró el Hacha de Holguín, máxima distinción que otorga el Gobierno en la oriental provincia, y que en esta ocasión rubricó el aprecio institucional por una trayectoria consagrada a las letras cubanas.
Sobre esos homenajes, el multipremiado narrador manifestó que aprecia el reconocimiento y el estímulo que recibe por hacer lo que ama.
Sin ocultar la dicha que le provoca su oficio, aseguró encontrarse en ese estado eufórico que acompaña los momentos de epifanía creativa, pues trabaja en el mapa de una nueva novela de fantasía que dará continuidad a una historia concluida en apariencia, pero cuyas posibilidades, tras un final feliz, resultan imposibles de ignorar.
Rubén Rodríguez González se dice tímido, pero esa reserva no se traslada a su pluma, siempre firme y dispuesta a crear, que aprovecha su amplio dominio del lenguaje para construir relatos más o menos simpáticos, trágicos o reales, en los cuales deja una parte de sí mismo, una huella que permanece en el librero, y en la memoria, de cada lector.
