Deste hace 3 años vive en La Habana, pero todavía en su corazón prima el sentimiento de amor por la Isla porque es un hombre que fue muy aclamado en esta insula, al que se le agradeció lo que hizo por el béisbol, un pinero con una actitud my sensible, él es Wilber Pérez, un pelotero que emocionó a la gente en el Cristóbal Labra y en otros estadios de Cuba, que hoy ya no es aquel pitcher que la gente decía: hoy pichea Wilber, pero para suerte del béisbol tiene una continuidad.
Wilber, quien alega que aun se siente pinero porque tuvo la vida entera en la Isla de la Juventud desde pequeñito donde hizo su carrera deportiva, estudios, familia, dijo que aunque uno salga de la Isla siempre queda el corazón allí.
¿Eso quiere decir que en algún momento del día, en medio de tu ajetreo, piensas en la Isla? Realmente pienso mucho en ella, recuerdo a las personas, a los que estuvieron siempre conmigo, mi mamá que está allá, mi hermana, muchos compañeros del deporte durante el tiempo que jugué y otros que se fueron antes, he mantenido un roce con los muchachos.
¿Qué significó para ti cuando viste que tu hijo Wilber Pérez iba a seguir tu camino?. Bueno, para mí es un orgullo que el legado siga como otros atletas lo han hecho con sus hijos, porque mi hijo es lo más grande y bello que tengo en la vida y realmente me enorgullece mucho que haya seguido mis pasos, que tenga amor por el béisbol.

Wilber, y lo has dicho muy rápido, que tienes amor por el béisbol, pero hay que decir que Wilber Pérez, hijo, tiene un brazo potente. Bueno, sí, ahora mismo lo tienen en un proyecto de desarrollo local aquí en La Habana, en el Cerro y realmente lo tienen trabajando por la potencia que tiene de lanzar bastante duro para su categoría.
Ahora mismo lo tienen jugando en una categoría sub 15, 15, 16 años porque a pesar del tamaño que tiene, que está bastante crecido, y la potencia del brazo se tiene prevención ante niños más chiquito de tamaño pero de su categoría.
Pero Wilber Pérez tiene una arista muy humana que lo diferencia de los cientos de pineros radicados hoy en la Habana. Él presta servicios con su tripilingo, o triciclo eléctrico. a los pineros que necesitan moverse por las calles de La Habana y los espera incluso en la terminal de ómnibus y tiene una diferencia en el precio, con un trato muy afable.

Sobre ese gesto precisó que él se siente pinero todavía y conoce muchas personas y la situación del país económicamente difícil, por tanto no debe abusar de los precios y además con las personas que uno estima siempre tengo respecto y valoro el precio para un viaje. Normalmente a mí la gente me dice, tú cobras poco. Y es que yo no me dedico a esto solo, porque soy profesor de béisbol, yo tengo mis tiempo libre y como todo cubano busca el dinero diario honradamente, el sustento más allá de un sueldo que sabemos no alcanza para todo.
Wilber, ¿qué repites de ese mundo que viviste con tu equipo de la Isla en la formación de esas personas que tienes a tu cargo como profesor de deporte? Primero yo les enseño a los muchachos que la disciplina, dedicación, constancia es lo que lleva a un atleta al éxito. Cuando uno se va a dedicar a algo tiene que hacerlo con amor, con entera seguridad de que va a lograr metas.
Yo les digo a los muchachos que no vayan al terreno por gusto, a coger sol, que cada día traten de ser mejores, que solamente no pueden acordarse del guante a la hora de ir para el terreno de pelotas, que el béisbol es igual que la escuela.
El profesor en la escuela termina tu clase y te dice la tarea para la casa. El béisbol tiene que ser igual, porque lo que tú haces en el terreno de pelotas no te alcanza todo el tiempo para hacer todo lo que tú necesitas. Entonces debes llegar a tu casa en un tiempo libre y si el profesor señala alguna deficiencia, trabajar arriba de esa deficiencia y mejorar. Si no, realmente el atleta no mejora.
Les enseño es que el atleta tiene que ser humilde, una persona sencilla, correcta, educada, pero por encima de todo, una persona de bien. La persona que sea de bien es querido por todos y a la larga va a tener frutos en la vida.
Wilmer, ¿y cómo está ese brazo tuyo? Yo realmente me retiré del béisbol no porque no pudiera jugar más,fue porque ya no veía incentivo de seguir jugando. Ya todo se estaba priorizando en la juventud, contratos, equipos cubanos, las posibilidades como atleta las veía que no tenían incentivo para seguir jugando.
También la familia necesitaba mucho más de mí, ya el niño venía creciendo, necesitaba más compañía de papá, de tiempo con él y mi esposa que por suerte siempre me ha apoyado en todo.
Wilmer Pérez, el pinero que movió el estadio en Cristóbal Labra y que hoy tiene en su hijo Wilmer Pérez la continuidad de ese pitcher que se admiró en la Isla de la Juventud, también sabe tender su mano a todo pinero que necesite moverse en La Habana.
