La paciencia persa
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La paciencia persa

Puede decirse que EE.UU. tiene preferencias por Israel, algo variable si la prolongación de la guerra contra Irán aumenta la crisis de credibilidad yanqui. Oriente Medio va camino a un polvorín


La comunidad internacional se había hecho muchas expectativas en relación con la hoja de ruta de un entendimiento entre los Estados Unidos e Irán, iniciado el 7 de abril. Sin embargo, esta no sería sustentable si Israel atacaba al Líbano, a pesar de la frágil palabra empeñada por el presidente estadounidense, Donald Trump, en nombre del primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu.  

Asimismo, el mandatario yanqui se muestra muy volátil en sus decisiones, manejadas a capricho sin estar aquejado de locura alguna, sino para manipular de esta forma caótica las bolsas donde obtener pingües ganancias. Por eso, un día afirma haber liberado el estrecho de Ormuz y después amenaza con desatar el Infierno. Recientemente sopesa una tregua ilusoria, pues Teherán se niega a seguirle el juego y mucho menos darle ventaja. También en casa, el magnate presidente afronta un creciente rechazo a la guerra, debido a las ya tremendas consecuencias económicas; ello unido al agotamiento de medios antiaéreos.

El 27 de julio de 2026, el portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores de Irán, Esmaeli Bagahaei, calificó a EE.UU., Israel y Ucrania de “destructivos para la paz y la seguridad internacionales”, en alusión al ataque de Kiev contra un buque iraní en el Mar Caspio. Se trata de un acto injustificable en busca de simpatías y más dinero para su beligerancia contra Rusia. Dicho suceso demuestra cómo en política internacional la mayoría de las variables se insertan en un escenario mayor. Y es ahí donde Tel Aviv y Washington desean enviar el mensaje de “invencibilidad”, a pesar de ser una narrativa distorsionada.

Buen acuerdo y otras piezas claves

Según Irán, el memorando de entendimiento con los Estados Unidos es “el acuerdo definitivo” y entonces es inoperante plantearse ninguno más, tal como ha dejado caer Trump. Se especuló por los medios occidentales que, a través de Paquistán, el ayatolá Motajba Jamenei envió el mensaje siguiente: “Irán consideraría aceptar una pausa de diez días en la actual escalada de tensiones, pero para que eso ocurra Trump debe comenzar a cumplir, en la pausa, todos los aspectos del Memorándum de Entendimiento (MoU) de catorce puntos”.

Tal como lo ve el comentarista brasileño Pepe Escobar, haciéndose eco de informaciones fidedignas desde Teherán, esto es falso y responde únicamente a la narrativa estadounidense de crear suspenso. Escobar explica cómo dentro de Irán hay muchas estructuras de poder rivales y por ende pueden surgir fisuras; empero, el propio presidente Pezeshkian ha reconocido públicamente en Jamenei la máxima autoridad y que, de conjunto, debe ser superada la actual encrucijada de “ni guerra, ni paz”.

Siguiendo la mirada de Escobar, el cálculo de Teherán es muy claro, transmitido indirectamente por los paquistaníes: “la escalada en marcha y la presión político-económica se están extendiendo como la pólvora por Asia Occidental, las rutas marítimas y los mercados energéticos mundiales”. De este conjunto hay una certeza: Irán se resiste a redefinir nada, pues el MoU es el acuerdo.

Coincidimos cuando se le adscribe a Irán el control total sobre dos de los puntos estratégicos energéticos más importantes del orbe: El estrecho de Ormuz y el de Bab al Mandeb, en punto de quiebre por las acciones de control de Yemen, país en conflicto largo con Arabia Saudita. 

Por su parte, el experto Daniel Ruiz analiza este diferendo con pinzas: “las fuerzas armadas yemeníes avisaron a las navieras que cualquier barco que cargue o descargue en puertos sauditas puede ser atacado en cualquier punto de su ruta”. Él explica: “el gobierno de Yemen resumió su decisión en tres palabras: ojo por ojo. La coalición encabezada por Arabia Saudita bombardea al país y bloquea sus puertos y aeropuertos desde 2015, siendo así que Yemen invoca el derecho a responder bloqueo con bloqueo y toda escalada con escalada”.  

El asunto es muy serio, pero hasta ahora manejable, aunque otros acontecimientos pudieran salirse de control y quizá lo hagan en un punto de la geografía mesooriental de relativa estabilidad tras tantísimos años de invasión yanqui. Prensa Latina informaba recientemente: “La presidencia de Irak condenó hoy los ataques aéreos conjuntos de Estados Unidos y Arabia Saudita contra posiciones de las Fuerzas de Movilización Popular y advirtió contra el uso de su territorio para dirimir conflictos regionales”. En la protesta se aduce contravención del derecho internacional y la Carta de la ONU.

Así las cosas, EE. UU. y alguno de sus aliados han optado por una peligrosa estrategia de fuego con el desconocimiento visceral de la realidad regional, donde ha ido en aumento la resistencia de los pueblos. En su defensa los dos invasores argumentan haberlo hecho para cortar cualquier probable ayuda a Irán.

En esa línea se halla el Líbano: justo el mismo día de la protesta iraní por el ataque ucraniano contra una de sus embarcaciones, Netanyahu se insubordinaba: “no me retiraré ni de Gaza, Siria ni Líbano”.

Además de Gaza, Israel bombardea al Líbano. /imdiario.com.ar

Un contundente editorial de La Jornada, fechado el 20 de julio, denunció el “genocidio de Israel contra Líbano –adicional al perpetrado en Gaza desde hace tres años–, pese a que el memorándum de Islamabad de abril estipulaba el fin de la invasión israelí en territorio libanés”. El diario mexicano explicaba que “al margen de la propaganda de Benjamín Netanyahu, las motivaciones del régimen sionista para procurar la aniquilación de Irán son transparentes: convertir a Israel en un hegemón regional y eliminar los obstáculos para una expansión territorial sin precedentes”. Al desconocer las “ordenes” de la Casa Blanca, la empuja a proseguir el conflicto. ¡Irán espera!

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