La Operación Carlota cambió un continente
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La Operación Carlota cambió un continente

De seguro la herencia revolucionaria del viejo Rojas, a quien recuerdo siempre con uniforme de miliciano, caló hondo en sus hijos, en particular, en Ángel Luis Rojas Martínez, El Niño, apelativo para cercanos amigos, que pronto hizo suya la probidad de la familia en el tranquilo pueblo de Los Arabos.

Pero El Niño creció y, en calidad de radiotelegrafista, aceptó el llamado a participar —oficio mediante— en la misión militar en África. Entre 1979 y 1981 su desempeño en las comunicaciones resultó vital. Como caravanista, recorrió Angola por los cuatro puntos cardinales. Hoy es un septuagenario sin tacha, integrante de la Asociación de Combatientes de la Revolución Cubana, un veterano de guerra que lleva en su pecho varias medallas por su valor y consagración en la epopeya internacionalista, que se mantuvo durante 15 años bajo el nombre de Operación Carlota.

El 5 de noviembre de 1975, en respuesta a un llamamiento directo y urgente del recién independizado Gobierno de Angola, Cuba iniciaba la Misión Militar Internacionalista en ese país, conocida en la historia como Operación Carlota. Esta fue protagonizada por los hijos de La Mayor de las Antillas, para asegurar la independencia del país hermano, y para acelerar la caída del apartheid en Sudáfrica.

Operación Carlota

Más de 30 000 combatientes tuvieron el alto honor y el privilegio de brindar su ayuda solidaria en momentos en que peligraba la soberanía angolana, después de siglos de explotación colonial.

De Cabinda hasta Cunene, sin vacilar, jefes militares experimentados y fogueados en el mando, jóvenes oficiales, soldados y reservistas aceptaron el reto, sobre todo por conciencia, por convicción de estar al lado de los angolanos para defender los sueños de construir una nueva sociedad.

La Operación Carlota no solo significó la entrega y el compromiso de Cuba, también el firme propósito de apoyar la justicia y la autodeterminación de los pueblos. Este acto heroico trascendió lo militar y resultó un compromiso con la dignidad humana y con los ideales revolucionarios que compartimos.

Esta gloriosa página de nuestra historia sigue siendo testimonio de la voluntad firme de Cuba de luchar por la justicia social más allá de sus fronteras, de respetar los compromisos contraídos y no claudicar frente a los enemigos de siempre.

La victoria cubana en suelo africano, al decir de Nelson Mandela, marcó el viraje para librar de una vez y por todas al continente, y a Sudáfrica en específico, del azote del apartheid.

Por otro lado, siempre tendrá que hablarse de batallas decisivas como Kifangondo, clave para la proclamación de la independencia angoleña; Ebo, que expulsó de territorio nacional a la primera invasión sudafricana; y Cuito Cuanavale (1987-1988), que determinó la liberación de África Austral.

Sin embargo, civiles cubanos derrocharon coraje en Sumbe (25 de marzo de 1984), en la provincia de Cuanza Sur, cuando junto a las Fuerzas Armadas Para la Liberación de Angola defendieron la ciudad y resistieron hasta la llegada de tropas regulares.

Operación Carlota

Lo mismo ocurrió en Cangamba (2 al 10 de agosto de 1983), donde un reducido grupo de cubanos y angoleños resistieron ante el cerco y el fuego de los sudafricanos y la Unita, en un terreno no mucho mayor que un estadio de fútbol, casi sin alimentos y sin agua, y, finalmente, alcanzaron la victoria que cambió un continente.

Así se quebró la espina dorsal del apartheid, se forzó a Sudáfrica a retirarse no solo de Angola, sino también de Namibia, acelerando su independencia. Fue el principio del fin del régimen racista de Pretoria, consideran no pocos historiadores.

Aquel gesto de altruismo de los internacionalistas cubanos fue merecidamente denominado Operación Carlota, en tributo a la cautiva africana de indómita bravura. Ella continúa siendo paradigma de la resistencia, estandarte que desde hace muchos años sabe hacer suyo este glorioso pueblo. 

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