La libertad individual con un precio colectivo
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La libertad individual con un precio colectivo

El comercial de Sydney Sweeney para Novig encendió el debate sobre hasta dónde alcanza la libertad individual cuando sus consecuencias recaen sobre otras


Hace pocas semanas, la gimnasta artística estadounidense Gracie Kramer vio un comercial donde una actriz posaba desnuda solo tapada por implementos deportivos para vender una plataforma de predicciones. El mensaje del anuncio era: “Novig es solo deporte”.

Kramer, con fotos suyas en competencia, respondió: “Esto es mucho más que deporte… Se trata de inspirar un cambio real en la forma en que se ve, valora y se representan a las mujeres”.

La corredora australiana Bree Masters también contestó, así como la cuatro veces campeona olímpica australiana de natación Ariarne Titmus, la medallista olímpica británica de atletismo Amy Hunt, y decenas de atletas femeninas en redes sociales, con pequeños textos e imágenes de ellas en competencia, enviaron un mensaje de “así sí es como lucen las mujeres en el deporte”.

El comercial de Novig es incómodo, un síntoma de un sistema que, a pesar de décadas de lucha por la igualdad en el deporte, como en otros ámbitos de la vida, sigue encontrando maneras sofisticadas de mercantilizar los cuerpos de las mujeres.

El último comercial de la plataforma de predicciones y apuestas deportivas, Novig, se encuentra en medio de una polémica en redes sociales por sexualizar el deporte femenino a través de la actriz norteamericana, Sidney Sweeney. /pinterest.com

Se supone que Sydney Sweeney tiene derecho a hacer lo que quiera y nadie debería cuestionar eso. Es una mujer adulta, con capacidad de decidir y, además, es accionista de Novig, no una víctima de explotación. Pero aquí es donde el análisis se complejiza, porque la libertad de Sydney existe dentro de un sistema que captura esa libertad, la empaqueta, y la vende como distracción del verdadero deporte.

Mientras ella sonríe en el comercial, las mujeres que compiten en campos y piscinas alrededor del mundo tienen que demostrar que merecen estar ahí no solo con sus tiempos, su sudor, sino también con su cuerpo.

El problema no es Sydney, es que en 2026 una empresa de predicciones y apuestas deportivas pensó que la mejor manera de captar la atención de su público es mostrar un cuerpo femenino desnudo tapado solo por implementos deportivos.

Sweeney tiene libertad de elegir y las atletas tienen que pelearse para que sus elecciones sean respetadas. En esa asimetría de poder, entre unos derechos que fluyen con facilidad y otros que deben ganarse a golpes, es donde los “dueños del mundo” siguen ganando.

La pregunta no es si Sydney debería hacer ese comercial, es cuánto tiempo más la sociedad elegirá esa opción como la más rentable, la más visible y la más capaz de captar atención. Si seguimos consumiendo cuerpos en lugar de deporte y las mujeres atletas tengan que gritar desde las redes sociales “así es como se ve una mujer compitiendo”, estaremos validando un sistema donde la libertad de unos se construye sobre la invisibilización de otros.

Las deportistas femeninas del mundo responden al comercial de Novig con videos y fotos de ellas en competencias. /pinterest.com

La responsabilidad colectiva no significa suprimir las libertades individuales. Significa preguntarnos si el precio de esa libertad, el costo que pagan quienes quedan atrás, es uno que realmente estamos dispuestos a pagar.

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