La lección de dignidad del hockey sobre césped cubano
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La lección de dignidad del hockey sobre césped cubano

Deporte

El combinado femenino solo ha encajado una diana a lo largo del certamen. Foto: Sitio oficial del evento.
Foto: Ricardo López Hevia

Santo Domingo.– El hockey sobre césped cubano ha pulverizado todos los pronósticos en estos Juegos Centroamericanos y del Caribe. Lo que están firmando las selecciones femenina y masculina en las canchas de esta capital no es únicamente una sobresaliente actuación deportiva; es una lección de pundonor, resiliencia y vergüenza.

Ambas escuadras avanzaron a la gran final del torneo regional y, en el caso de los hombres, sellaron un boleto directo hacia los Juegos Panamericanos de Lima-2027.

En el choque semifinal, el conjunto masculino ante México logró una remontada que será recordada por mucho tiempo. En una disciplina donde el desgaste físico suele pasar factura a los equipos con menor kilometraje internacional, Cuba apeló a una reserva moral incalculable.

Remontaron el marcador en dos ocasiones, tras verse debajo 0-1 y 1-2, para vencer a los aztecas con ajustada pizarra de 3-2 definitiva.

Las estadísticas reflejan la madurez de un colectivo que no se desesperó: 52 % de posesión de la bocha y ocho penaltis córneres provocados ante la zaga rival. Este triunfo garantiza superar la actuación de San Salvador-2023 y devuelve al hockey masculino a la gran final por la corona regional.

Si lo de los hombres es una proeza, lo de las mujeres no se queda atrás. La victoria por 6-0 sobre Venezuela en semifinales fue la confirmación del buen momento que vive el elenco. Sin embargo, la estadística que verdaderamente estremece de esta escuadra es su balance defensivo: Cuba ha recibido un solo gol en contra en lo que va de torneo.

Anotar seis en una semifinal centroamericana, mientras mantienes tu portería inmaculada, habla de un trabajo coordinado con maestría desde el banquillo y ejecutado por atletas que suplen las horas de vuelo competitivo con un compromiso absoluto hacia la camiseta. Este lunes, ante las mexicanas, saldrán a ponerle la guinda a un torneo perfecto.

El verdadero valor de estas dos finales centroamericanas no está en los marcadores, sino en el contexto en el cual se han gestado. Es de conocimiento público que el hockey sobre césped en Cuba sobrevive en condiciones extremas.

Las competencias nacionales han quedado suspendidas debido a las limitaciones económicas conocidas del país y las salidas al exterior para realizar bases de entrenamiento son un lujo inexistente para esta disciplina.

¿Cómo se explica, entonces, que dos equipos formados en la escasez dominen a rivales con presupuestos holgados, canchas sintéticas de última generación y giras internacionales constantes?

La respuesta habita en la genética competitiva del deportista cubano. Habita en el pundonor de entrenadores que hacen milagros con la pizarra, en la cohesión de dos grupos de jóvenes que han aprendido a ser familia en la adversidad y en esa vergüenza deportiva que aflora cuando se viste el uniforme de las cuatro letras.

Ganen o pierdan la medalla de oro en sus respectivos duelos finales, los hockeístas cubanos ya han logrado el título más difícil de obtener: el respeto absoluto de su pueblo y la admiración de toda una región. Lo de Santo Domingo-2026 ya es, por derecho propio, el gran milagro del deporte antillano en este ciclo.

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