La joven Sierpe de Cuba
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La joven Sierpe de Cuba

A medio siglo de su alumbramiento, los recuerdos acentúan el placer de seguir serpenteando el curso de los tiempos actuales


Todavía La Sierpe –el municipio más joven de Cuba cuando comenzó a regir la división político administrativa del año 1976– huele a justa celebración.

Las últimas horas del recién finalizado octubre enmarcaron los 50 años transcurridos desde entonces.

Por ello, a lo largo del décimo mes del calendario –y aún– los habitantes de ese apacible territorio festejaron un cumpleaños el cual atañe a todos, a cada hogar, a cada calle, a cada edificio, a cada instalación de beneficio social, levantado todo desde cero, a partir de los primeros años de la década de 1970.

Fue la construcción del mayor embalse cubano (la Presa Zaza) el origen del nacimiento de la localidad, tras la decisión de asentar allí a familias residentes en lo que sería el amplio vaso del reservorio acuático y a otras que irían poblando el lugar, en el contexto de un programa de alta prioridad nacional, para impulsar aún más el cultivo del arroz en la zona.

Presa Zaza, orgullo del municipio. /Pastor Batista

La Sierpe, desde luego, no fue un pueblo fantasma, surgido de la nada, sin raíces.

Incuestionable es no solo la probada participación de la zona en sucesos correspondientes a las gestas por la independencia de Cuba (siglo XIX), sino también otras referencias históricas anteriores, avaladas por investigaciones y documentos.

No resulta casual, en modo alguno, que, como granos de arroz espiguen por estos días los recuerdos y el sentido de pertenencia entre los aproximadamente 16 000 habitantes del joven municipio.

Dicho en otros términos: Tampoco allí ha podido la dureza de estos tiempos impedir que la ternura se tienda sobre remembranzas conservadas por los primeros habitantes del pueblo y que han venido transmitiendo, en hermosa herencia, a hijos, nietos, sobrinos, vecinos…

Medio siglo, en fin, ha transcurrido desde que La Sierpe ocupó espacio, como naciente municipio, en el mapa territorial de Sancti Spíritus y de la nación.

A la luz de este siglo, resulta interesante pensar en el cambio que experimentaron numerosas familias, al dejar atrás viviendas rústicas, de madera, techo de guano, letrinas, piso de tierra… para instalarse en edificios multifamiliares, donde tal vez todo les resultaba no solo nuevo, sino desconocido, extraño, aparentemente inadaptable.

Haydée Rodríguez Martínez –cuya familia, cuentan, estrenó el primer apartamento entregado en La Sierpe– suele ser presa de melancólicos recuerdos al mirar el embalse. Es inevitable. Pero es, a la vez, de quienes morirán agradecidos de haber pasado a vivir en ese “lindo palomar”, desde el cual se sigue siendo tan libre como las tojosas y yaguasas que pueblan la zona.

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