La Habana, 26 jul.- Muchos años después de los acontecimientos del 26 de julio de 1953, el doctor Armando Hart Dávalos, evocó la gratísima impresión que le causó su segunda visita a la capital provincial de Oriente en marzo de 1954, oportunidad en que pudo leer el “Manifiesto a la Nación”, al escribir:
“[…] Si en La Habana había admirado la hazaña, en Santiago comprendí que aquellos héroes y mártires transmitían un profundo mensaje que dejaría una huella permanente en la historia de Cuba”.
¿Cuál fue el clima político que encontró el Dr. Hart al llegar a la ciudad? ¿Cómo recepcionaron los santiagueros los sucesos del 26 de julio de 1953? ¿Qué huella dejaron en la juventud revolucionaria?
Cuando ocurre el ataque a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes, muchos jóvenes santiagueros provenientes fundamentalmente del sector estudiantil, ya eran decididos partidarios de enfrentar al régimen por medio de las armas. En 1952 había quedado constituido en Santiago de Cuba un Directorio Estudiantil que empleó el atentado dinamitero como método de lucha.[3] Se habían organizado secciones del insurreccionalismo auténtico de la «Triple A » y Acción Libertadora, y ortodoxo del Movimiento Nacional Revolucionario de Rafael García Bárcena.
Luego del fracasado intento del MNR de tomar Columbia, y la firma del pacto de Montreal, mediante el cual las fracciones priísta y millista pretendían tomar para sí la hegemonía de la oposición antibatistiana y neutralizar a los grupos más radicales; el Movimiento de la Generación del Centenario,[4] dirigido por Fidel Castro, decidió actuar por su propia cuenta. Surgió así la estrategia del Moncada.
Durante los preparativos y ejecución de su primera acción armada con el ataque a los cuarteles Moncada y Céspedes el 26 de julio de 1953, jóvenes santiagueros tuvieron una participación destacada, como Pedro Miret Prieto en el entrenamiento militar de los futuros combatientes en la UH; Léster Rodríguez, uno de los organizadores del Congreso Martiano, y sobre todo, Renato Guitart Rosell, quien tuvo a su cargo importantes tareas de aseguramiento logístico y resultó muerto en la acción. También participaron en el asalto algunos integrantes de la única célula oriental del Movimiento, que presidía el dentista palmero Pedro Celestino Aguilera: el chofer Teodulio Mitchell Barbán, que manejó el automóvil donde viajó Fidel hasta la capital provincial de Oriente, y Oscar Nito Ortega, asesinado después de la acción.
A pesar del empeño de la dictadura de Batista por desacreditar ante la opinión pública lo ocurrido, presentándolo como un vulgar acto de sus opositores, carentes de toda base y apoyo popular y sin más pretensión e ideales que los de un grupito ambicioso de poder; no pudo evitar que la ciudadanía santiaguera conociera y viviera en carne propia los sucesos del 26 de julio, y se movilizara para auxiliar a los heridos y ocultar a los perseguidos.
El Dr. José A. Portuondo, recién contratado en la Universidad de Oriente y cuya vivienda quedaba cerca del cuartel narró sus vivencias años después en el artículo “Aquel 26 de julio”, donde escribió: “Poco a poco fue sabiéndose en Santiago lo ocurrido en el Moncada. El pueblo asombrado y conmovido, siguió tenso los episodios de la captura de Fidel Castro cuyo nombre oía pronunciar por vez primera. Una densa atmósfera de terror y de luto envolvió a la ciudad, pero también encendió la admiración y el respeto de muchos”. [5]
Frank País, recién graduado de maestro normalista, testimonió que ese día se las ingenió para entrar al cuartel y ver los cadáveres de los atacantes, que mostraban evidentes signos de torturas. La masacre le causó sentimientos encontrados de rabia y dolor, al ver como morían asesinados decenas de muchachos, jóvenes como él. A pesar de estar llenos de sangre y de balas, resalta que estaban llenos de honor. Después de eso, salió con Pepito Tey a buscar armas para sumarse a la lucha, y asevera «Te digo que si las hubiera encontrado a estas horas estaría yo también peleando con ellos».[6] Otras reacciones inmediatas fueron:
- El acto de desagravio realizado por el estudiantado secundario santiaguero contra la condecoración militar conferida al Regimiento 1, en el que participaron con sus voces acusatorias, entre otros, Félix Pena y Andrés Rosendo Ojeda por la Escuela de Comercio, Frank y Pepito por la Escuela Normal de Oriente, y por la Universidad de Oriente, el Dr. José A. Portuondo.
- Se publicó el manifiesto titulado ¡Asesinato! donde se acusaba por sus nombres y apellidos a los principales responsables y autores de los crímenes, motivo por el cual fueron detenidos y enjuiciados sus autores, entre ellos Frank País.
- En los meses de cárcel en Boniato, manos amigas de fuera y dentro de la prisión les hicieron llegar cartas, ropas, medicinas, libros, que pasaban de un modo u otro por la casa de Pedro Miret (padre) y Luisa Prieto, en lo que sería el germen del fuerte movimiento popular pro-amnistía política.
A las sesiones del juicio por los sucesos del 26 de julio de 1953–Causa 67/53- considerado el más trascendental en la historia republicana, asistieron el presidente de la FEUO, Jorge Ibarra, y Pilar Seisdedos, graduada de la Escuela de Derecho de la Universidad de Oriente. Profesores de esa Facultad fungieron como abogados defensores de algunos de los encartados, entre ellos, el doctor Baudilio Castellanos, quien había sido compañero de estudios de Fidel en la Universidad de La Habana y se distinguía por defender los derechos de los estudiantes y demás sectores populares. [7]
Las asociaciones estudiantiles, lidereadas por la Federación Local de Centros de Segunda Enseñanza. La FEU-O, y el Bloque Estudiantil Martiano, coordinaron en la realización en 1953 de las manifestaciones del 27 de noviembre y el 7 de diciembre. Esta última partió desde la Escuela Normal hasta la casa de los Maceo, con los jóvenes gritando consignas tales como: ¡abajo el chacal Chaviano!, ¡Díaz Tamayo, Diez x Uno!, ¡Abajo Batista!. La manifestación fue interceptada y reprimida por la policía y el ejército con un saldo de varios estudiantes detenidos y lesionados. Al día siguiente, se produjeron nuevos enfrentamientos en el Instituto de Segunda Enseñanza de Santiago, con 30 detenidos. De inmediato se inició una huelga estudiantil en todos los centros secundarios de la ciudad y algunos de la Primaria Superior, apoyada por la Universidad de Oriente.
Al comenzar el nuevo año, los estudiantes de todo el país realizaron un movimiento de protesta a favor de Abelardo Crespo. Las hermanas Vilma y Nilsa Espín Guillois, estudiantes de Ingeniería en la Universidad de Oriente, rubricaron una carta pública en la que abogaban para que no lo enviaran al presidio junto a sus compañeros, sino al hospital Calixto García, por encontrarse afectado debido a la herida sufrida en el Moncada, reclamo que fue desoído por el dictador.
Por orientación de Fidel, la Liga Patriótica daría a conocer públicamente el “Manifiesto a la Nación”, [8] documento que llegó a Santiago de Cuba a través de Temístocles Fuentes, presidente de la Federación Nacional de Centros de Segunda Enseñanza, y quien había hecho muy buenas relaciones con Raúl y Fidel cuando estuvo preso en Boniato luego del 26 de julio. Después de las manifestaciones del 27 de noviembre y del 7 de diciembre fue a La Habana e hizo contacto con Luis Conte Agüero, quien le entregó una copia cuando iba para Santiago con el propósito inicial de publicarlo el 28 de enero como una edición del BEM, y cayó preso. Un grupo de estudiantes se encargó de reproducirlo y distribuirlo, amplificando así el reclamo de Fidel a la oposición antibatistiana de que el primer deber era denunciar los crímenes de Santiago y Bayamo.[9] El dibujo de portada lo hizo Frank y consistía en un rostro de Martí entre dos banderas cubanas y el gorro frigio del escudo nacional, en la parte superior las siglas del BEM, y debajo un pensamiento del Apóstol: “Sólo con la muerte cesará nuestro amor por la libertad”.[10]
Para Pepín Lupiáñez, un protagonista y cronista del movimiento estudiantil santiaguero: “Si Félix [Pena] quedó impactado por los sucesos del Moncada y la orgía de sangre desatada contra los asaltantes, más aún lo conmocionó el documento redactado por Fidel Castro “Para Cuba que sufre”, también conocido como “El Manifiesto a la Nación” en cuya impresión había participado”.
En el segundo aniversario del fatídico golpe militar el presidente de la FEU-O Pepito Tey, suscribió la declaración de ese organismo mediante la cual se denunciaba la situación existente después del golpe y los males crónicos que padecía la república; de igual modo, se afirmaba que su solución no podía lograrse por los medios legales que habían sido cerrados por la dictadura; lo cual quedaba demostrado según el documento, por la cantidad de exiliados políticos, las persecuciones y detenciones arbitrarias, los sucesos vergonzosos del 26 de julio, y los crímenes en plena calle.
Ese era el ambiente político que reinaba en la ciudad cuando la visita del Dr. Hart, quien vino a reorganizar la filial del MNR. Ese era el ambiente político que reinaba en la ciudad cuando la visita del Dr. Hart, quien vino a reorganizar la filial del MNR. La perspicacia y audacia mostrada para organizar las acciones, la firme actitud y valentía en el juicio mostrada por los atacantes para denunciar los crímenes cometidos en contra de sus compañeros, y el alegato de autodefensa de Fidel, en el que dio a conocer los ideales y objetivos que precedieron a la acción, causaron un tremendo impacto y un especial estímulo para la juventud revolucionaria santiaguera. El ejemplo brindado por los moncadistas reafirmó el camino de la lucha armada como vía fundamental para enfrentar al régimen y poner en marcha la revolución; y mostró en la práctica el papel a desempeñar por la nueva generación en la lucha, para lo cual debía organizarse y actuar como una fuerza independiente con un programa y estrategia de lucha propios.
De acuerdo con Jorge Ibarra, al encontrarse la vanguardia moncadista en presidio y reavivarse el insurreccionalismo de los montrealistas, se configuraba un cuadro que amenazaba seriamente la viabilidad de la solución revolucionaria a la crisis política, por lo que la dictadura retornó al cauce electoral. En esas circunstancias no es concebible el proceso de avance y consolidación del movimiento revolucionario sin tomar en cuenta el papel que desempeñó el movimiento estudiantil en el período posterior al asalto al cuartel Moncada, creando las condiciones subjetivas para la insurrección armada entre la juventud obrera y desempleada del país. El historiador destaca de manera especial el desprendimiento, la generosidad y el espíritu de sacrificio de dirigentes de la talla de Frank País, José Tey y Félix Pena en Santiago de Cuba y de José Antonio Echeverría y Fructuoso Rodríguez, en La Habana.
Desde el inicio se produjo la gradual vinculación de los elementos más radicales de la juventud estudiantil santiaguera al movimiento dirigido por Fidel Castro. Ese proceso atravesó por un primer momento de simpatía y solidaridad espontánea con los participantes en las acciones del 26 de julio, pasando por la identificación con su causa y la posterior incorporación orgánica e ideológica, que se tradujo en el establecimiento de su hegemonía sobre otras fuerzas políticas e insurreccionales.
Para entonces el BEM, que presidía Pena, ya había comenzado a ramificarse por los demás centros de Segunda Enseñanza y la Universidad de Oriente. También se sumaron estudiantes de las escuelas primarias superiores, llegándose a crear esta organización en algunos centros de la capital del país.[11] El segundo de los planteles secundarios donde se constituyó el BEM fue la Escuela de Artes y Oficios mediante un acto donde estaban presentes Félix Pena, Temístocles Fuentes, Manuel Juantorena, Jorge Romero, Arsenio Ferrer, José Lupiáñez, Mariano Martínez, Santiago Romanidi, Félix Mayor, Ercides Almenares, Sergio Álvarez y algunos estudiantes de otros centros. Allí se dio lectura al manifiesto “Asesinato”; después Temístocles narró sus experiencias junto a los combatientes del 26 de julio en la prisión de Boniato. En el cierre, Félix Pena pronunció un emotivo discurso en el cual reconoció la validez de la lucha armada, senda abierta el 26 de julio, a la vez que planteó la necesidad de desplegar junto a esta, simultáneamente o durante un tiempo, la lucha política contra la tiranía por medio de acciones de movilización y enfrentamiento de calle, cuando expresó:
…al hablar de la lucha estudiantil no se puede omitir la lucha insurreccional. Todos los estudiantes no se incorporarán desde un inicio a la lucha clandestina, pero hay que irles creando conciencia de esta necesidad. Esa será la tarea del BEM que con los modestos aportes de cada uno a la lucha, se vaya creando un estado de conciencia tal que los conduzca a la vertical decisión de ir a la lucha armada como una vía de emancipación, ya está dado el ejemplo.
Posteriormente, Félix Pena, desde su celda en el Vivac, expresó sus ideas antiimperialistas y nacionalistas,[12] y reiteró su voluntad de luchar por sus ideales que no eran otros que los predicados por José Martí, siguiendo el ejemplo de Julio Castillo Torné, -mártir estudiantil de la Escuela de Comercio en la lucha antimachadista- y Renato Guitart.
De acuerdo con las orientaciones dadas por Fidel, el primer aniversario del 26 de julio debía conmemorarse dignamente. Para ello, el movimiento estudiantil en Santiago de Cuba programó acciones de tributo a los caídos. Durante los preparativos fueron detenidos Temístocles Fuentes y Orlando Carvajal, acusados por el SIM de organizar actividades para ese día. Fuentes, quien había entrevistado a las heroínas del Moncada al ser puestas en libertad, declaró: “…los compañeros del 26 de Julio vinieron a devolvernos las libertades públicas perdidas, a repartir la tierra al campesinado, a proteger al obrero y ayudar a la niñez desamparada (…) nosotros juramos ante los mártires del 26 mantener firme la lucha por la libertad y el progreso de Cuba.”[13]. Ese mismo día, Josué País fue detenido y torturado por pegar proclamas alegóricas a la fecha, y condenado a reclusión domiciliaria. Mientras el Frente de Mujeres Cubanas que dirigía Gloria Cuadras organizaba una misa y peregrinación a la tumba de los caídos en Santa Ifigenia, esta última se realizó de forma insólita al ser custodiadas sus participantes por la propia policía del régimen. Ya en el cementerio y luego de depositar las flores se llevó a cabo un mitin, por lo que los asistentes fueron detenidos y conducidos al cuartel Moncada. Mientras, Eduardo Yasells Ferrer, director de la revista Taína, fue detenido y enjuiciado, acusado de participar en los preparativos de un atentado a Batista. En el juicio declaró que la verdadera causa había sido la publicación de un artículo bajo el título “26 de Julio”.
Al finalizar el mes de octubre, el candidato a presidente por la fracción auténtica electoralista, el Dr. Ramón Grau San Martín, cerró su campaña electoral con un mitin en la capital oriental. A la tribuna improvisada de Trocha y carretera del Morro llegó Grau a las 12 de la noche, pero el nombre que corearon millares de gargantas al unísono no era el del “caudillo de la Cubanidad”, sino el de Fidel, en una muestra de solidaridad con el prisionero 4914. El expresidente auténtico aceptó, demagógicamente, incluir la sincera petición del pueblo santiaguero en su discurso electoral. Fidel, quien desde su celda siguió las incidencias del acto escribió: “Estudié detenidamente la multitud desde el punto de vista sicológico, y la reacción que se produjo allí es un fenómeno que no tiene precedentes ¡Qué lección tan formidable para la alta jerarquía allí reunida! ¡Qué leales son los hombres de nuestra provincia!”.[14]
Asimismo, Fidel había orientado distribuir su alegato de autodefensa previo a las elecciones de noviembre, y que a Oriente se le asignara la mayor cantidad de ejemplares, pues le interesaba que el pueblo de la indómita provincia, más que nadie, estuviera bien informado de los verdaderos móviles e ideales que los llevaron a realizar las acciones del 26 de julio, así como de los crímenes cometidos y sus responsables. Su cumplimiento requirió de una misión especial para rescatar cinco mil ejemplares de dicho documento en el departamento Expreso de los ferrocarriles de Santiago de Cuba.[15]
Félix Pena, a propósito del 58 Aniversario de la caída del Mayor General Antonio Maceo escribió: “El hombre fuerte aquí no es el madrugador que jugó al seguro, pues no solamente iba amparado por grandes intereses extranjeros, sino hasta por la cancillería de un imperio en decadencia. El hombre aquí es Fidel Castro, joven oriental que ha sabido salvar en parte el prestigio y honor de la juventud de este triste centenario del Apóstol”.[16]
No es por casualidad que los santiagueros tuvieron una participación activa en la movilización popular para lograr la Ley de amnistía, sin exclusiones, propósito que se hizo realidad el 15 de mayo de 1955, cuando Fidel y sus compañeros traspusieron las puertas del Presidio Modelo. En Santiago de Cuba fue liberado otro grupo de revolucionarios. Otto Parellada declaró que seguiría atentamente las orientaciones del doctor Fidel Castro, al que consideraba como el máximo guía y símbolo de la juventud cubana. A su vez, Temístocles Fuentes y Félix Pena se entrevistaron con el principal organizador de los hechos de Oriente, para expresarle su adhesión y simpatía. Los organismos funcionales de la Ortodoxia en Oriente saludaron alborozados el regreso de Fidel -a quien llamaron “líder revolucionario” y valiente defensor de las más genuinas aspiraciones del pueblo- a la lucha activa; además de abogar por la unidad del Partido Ortodoxo.
Otro que acudió a conversar con el jefe moncadista -por orientación de Frank- fue Ibarra, quien le propuso coordinar sus esfuerzos para protagonizar una insurrección rural, idea que este declinó, argumentando “… que había que preparar orgánicamente el movimiento, es decir, que había que organizar todo el movimiento primero, antes de lanzarse a ninguna acción”[17].
Cuando se constituye el Movimiento Revolucionario 26 de Julio (MR 26-7) en Oriente, la organización insurreccional Acción Nacional Revolucionaria fundada por Frank País se fusiona con el MR 26-7 bajo sus siglas y el liderazgo de su jefe máximo, Fidel. Además, de otros integrantes de grupos insurreccionales, de Acción Libertadora -Otto Parellada, Casto Amador y Oscar Lucero Moya- que estaban entre los más activos en la provincia, del MNR y la Triple A. Asimismo, integrantes del Partido y la Juventud Ortodoxa, y de la masa estudiantil y sus organizaciones como el BEM, canalizando su actividad a través de las Brigadas Juveniles, cuyo jefe provincial fue Félix Pena Díaz.
El discurso pronunciado por el Comandante Fidel Castro Ruz en el Balcón del Ayuntamiento de la ciudad la madrugada del 2 de enero de 1959, es ilustrativo de la incuestionable comunión entre la ciudad y el líder. Al explicar la decisión de declarar a Santiago de Cuba como capital provisional de la República, Fidel expresa:
“Cuando hacemos a Santiago de Cuba capital provisional de la República sabemos por qué lo hacemos. No se trata de halagar demagógicamente a una localidad determinada, se trata, sencillamente, de que Santiago ha sido el baluarte más firme de la Revolución (Aplausos) […] En Santiago de Cuba y en la Sierra Maestra tendrá la Revolución sus dos mejores fortalezas (Aplausos). (Texto y Foto: R,

