La cosecha de tabaco en pinar del río
Guerrillero Portada

La cosecha de tabaco en pinar del río

 Por Rodolfo Acosta Padrón

ᵘHojas que hoy sonríen pero pronto morirán, para seguir vivasᵘ.

La significación de la cosecha de tabaco en Pinar del Río radica en los valores que la sostienen. Preguntados a 22 campesinos: ¿Qué significa para usted la zafra tabacalera? Las respuestas más coincidentes atribuyen los siguientes valores: Tradición, pasión, identidad campesina y  libertad personal, fortalecidos por el valor económico que aporta al país y al templo familiar.

La historia del cultivo del tabaco ha moldeado de cierta forma la historia y la cultura de la nación y la identidad pinareña; ser pinareño se asocia inmediatamente con la hoja verde que más tarde se trasforma en gris y que da origen al habano; la mayoría de los entrevistados lo asocian con el invierno cubano, el sol, el ron, la caña de azúcar, el café, mientras que algunos lo relacionan con el mar, la langosta, la música, el baile y las bellas mujeres.

Asimismo, se dice que los viejos de antes justificaban la zafra de tabaco con la naturaleza de sus fértiles tierras, las llanuras y el clima invernal favorable de noviembre a febrero. Para algunos antiguos era una especie de destino histórico y religioso, ᵘAlguien nos ordenó sembrar la hoja verde y aquí estábamos nosotros en Pinar del Ríoᵘ.  Tal vez haya sido una mezcla de mitología, leyenda y realidades histórico-culturales que han ido conformando poco a poco nuestra idiosincrasia.  

En la mente de los más viejos todavía se revuelven las escogidas particulares, que hoy reviven; los caballos con jinetes que transportaban el almuerzo a sus mujeres que planchaban y clasificaban la hoja gris en esos sitios; los bueyes tirando del arado que rompe el suelo y halando la carreta cargada de hojas verdes hacia las casas de curar tabaco y las pacas y tercios hacia las despalilladoras.

Ha sido el cultivo del tabaco el acontecimiento que más ha aglutinado familias y obreros de diversas zonas de la provincia y de otras provincias alrededor de las fincas tabacaleras, en barrios como Río Seco, Santa Damiana, Vivero y Río Feo, entre muchos otros nidos de la aromática hoja. 

Han sido los orientales los trabajadores que más han construido casas de tabaco destrozadas por los huracanes en los últimos años, muchos de los cuales han quedado atrapados en las vegas pinareñas por la magia del aroma y el verdor de la hoja, la belleza de las mujeres y los bellos paisajes de la naturaleza, matizados por palmares, pinos, llanuras y cañadas.

Infinita prosperidad ha brindado el tabaco a la familia pinareña, así como el comercio que este genera, desarrollado mediante ferias, verbenas y bodegas. Del tabaco salieron los primeros campesinos acomodados, algunos convertidos en hacendados, a veces en comerciantes. Ellos fueron los primeros en crear las bodegas y más tarde traer al barrio tabacalero los primeros autos, en su mayoría Chevrolet en la década del 50 del pasado siglo.

múltiples han sido las glorias y emociones que han brindado las zafras de tabaco a la familia campesina y obrera cubana: cuando se preparan los suelos y no se ve más que tierra fina, sin hierba y turrones; cuando sin luz, solo en la oscuridad visible se dibujan  las plantas  y hojas empinadas en  busca de la luz de la luna clara, suave y silenciosa; cuando ya grande  los pequeños arboles de tabaco comienza a brotar ese enigmático  olor que lo descubre en medio de la oscuridad; cuando después de un feliz día recogiendo hojas, sus manos quedan selladas de meluza, indicador de textura y calidad;   cuando el guajiro campesino dice: ᵘ!Qué clase de cosecha tengo este año!ᵘ, ahora sí celebraremos los 15 de Anita o compraremos un 32 pulgadas. 

Ha habido de todo, tristes han sido las derrotas, las penas y los fracasos sufridos debido a los malosos huracanes y tormentas, lluvias y sequias, escasez de combustibles, abonos, insecticidas y dinero.  Pero las esperanzas y la resiliencia de los campesinos pinareños nunca mueren. Es la identidad pinareña, a saber, defender lo propio, la familia, las vegas, las cosechas, la tierra, la patria.

Tal vez de la armonía de las plantaciones y el silencio de las vegas se ha forjado el carácter noble, hospitalario y gentil del veguero pinareño, en los largos y ligeros inviernos cubanos, nidos de los pobres del campo, quienes comentan: ᵘCorramos, corramos, se acerca el inviernoᵘ, y se meten en la cama temprano, para madrugar empapados de frío la siguiente mañana.   

Hoy quedan las imágenes y las palabras de aquella generación de viejitos que frente a toda inclemencia decían: ᵘEste año volveremos a sembrar tabacoᵘ, una y otra vez lo harían porque sabían que en las vegas estaba su tesoro y el de la nación.  

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