La ciudad que late en el centro
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La ciudad que late en el centro

Cada 15 de julio, los santaclareños conmemoran un nuevo aniversario de la fundación de su ciudad. Aquella villa que en 1689 nació al amparo de un tamarindo y huyendo –según unos– de piratas, y –según fabulaciones populares– hasta de 35 legiones de demonios, es hoy una urbe cargada de historia y con un latido rebelde que se siente en sus calles.

La verdad histórica es más terrenal: 18 familias de San Juan de los Remedios dejaron atrás el hostigamiento de los corsarios que asolaban el litoral y buscaron tierra adentro suelos fértiles para la ganadería y la agricultura.

El 15 de julio de 1689, en una elevación entre los ríos Sabana y Monte (hoy Bélico y Cubanicay), se ofició la primera misa al pie de un frondoso tamarindo. Así comenzó la vida de Santa Clara, en el mismo corazón de la antigua región taína de Cubanacán, «la tierra del medio».

Aquel tamarindo original ya no existe, pero el parque El Carmen conserva la atmósfera fundacional con un árbol simbólico de este mismo tipo centrado en un monumento que guarda los nombres de aquellas primeras familias. Como un rito que une generaciones en cada aniversario se siembra uno nuevo árbol de tamarindo.

Pronto la villa se articuló alrededor de su Plaza Mayor, hoy parque Leoncio Vidal, un espacio único que ha sido atacado en tres guerras por la independencia: en 1876 por el general mambí Federico Fernández Cavada, en 1896 por el Generalísimo Máximo Gómez –acción donde cayó el teniente coronel Leoncio Vidal, cuyo apellido bautiza al parque– y en diciembre de 1958 por las tropas del Che Guevara, en la batalla que decidió la libertad de Cuba.

El alma de Santa Clara no se entiende sin dos figuras tutelares. La primera es Marta Abreu de Estévez, «la Benefactora», cuyo legado de obras sociales y culturales sigue vivo. A ella se debe, entre otras joyas, el teatro La Caridad, inaugurado en 1885, insignia de la cultura villaclareña y uno de los escenarios más hermosos del país.

La Plaza Leoncio Vidal, antes Plaza Mayor se erige la mayor benefactora de la villa, Marta Abreu Estevez, cuyo legado de obras sociales y culturales sigue vivo.

El otro referente es el Comandante Ernesto Che Guevara. La batalla de Santa Clara, que él dirigió a fines de 1958, trajo la ansiada libertad y sus restos, junto a los de sus compañeros de lucha en Bolivia, descansan en el Complejo Escultórico que lleva su nombre. Ese sitio, de peregrinación mundial, es también un altar del orgullo local.

Santa Clara ha sido bautizada muchas veces como la tierra del Che, y es por ello que sus restos descansan, junto a otros compañeros en el complejo escultórico que lleva su nombre.

En la Loma del Capiro, desde donde el Che comandó el descarrilamiento del tren blindado y colocó su ametralladora, se domina con la mirada toda la ciudad. Y en sus aulas, la Universidad Central «Marta Abreu» de Las Villas (UCLV)–reconocida entre las mejores del mundo– forma a miles de jóvenes que llegan de toda Cuba.

En la Loma del Capiro, desde donde el Che comandó el descarrilamiento del tren blindado y colocó su ametralladora, se domina con la mirada toda la ciudad.

Sobre tan prestigiosa institución, Amelia Quintero Becquer, quien cursó allí el colegio universitario de periodismo, afirmó que “La UCLV transmite un amor especial, desde sentarse en ´el rincón de las mentiras´ a conversar hasta pasar por el campus lleno de árboles, o pasear por el jardín botánico que parece salido de un sueño”

La Universidad Central «Marta Abreu» de Las Villas (UCLV)–reconocida entre las mejores del mundo– forma a miles de jóvenes que llegan de toda Cuba.

La historia menuda también agiganta a Santa Clara: en 1696 se creó aquí el primer Cuerpo de Bomberos de Cuba; en 1762, la villa rechazó el ataque inglés a La Habana y envió milicias criollas a enfrentar a las casacas rojas; llegó a proponerse como capital de la Isla y tuvo su propia Torre Eiffel de madera, adornada con 25 000 flores de papel, que se alzaba en la antigua Plaza de Armas. De aquí también partieron, el 6 de febrero de 1869, Miguel Gerónimo Gutiérrez y Eduardo Machado para encabezar la Junta Revolucionaria de Villa Clara en el Cafetal González, sumándose a la causa iniciada por Céspedes.

Hoy, bajo la mirada cómplice de Marta y del Che, la ciudad que palpita en el centro de Cuba celebra un nuevo aniversario. Otro tamarindo echará raíces, y los pilongos– como se les conoce a los nativos de esta tierra– volverán a demostrar que Santa Clara es puro corazón.

Foto de portada: El parque El Carmen conserva la atmósfera fundacional de la villa con un árbol de tamarindo –sembrado como símbolo a aquel que existió en el mismo lugar hace más de 300 años– centrado en un monumento que guarda los nombres de aquellas primeras familias.

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