
Cientos de vecinos de Jaimanitas salieron este domingo a la 5ta Avenida de La Habana para protestar después de más de 24 horas sin electricidad. La calle se llenó de cacerolazos, gritos contra la dictadura y una presencia policial que volvió a acompañar el reclamo ciudadano antes que cualquier respuesta útil del régimen.
La manifestación comenzó en la tarde y siguió hasta la noche, según los videos difundidos en redes sociales. En plena oscuridad, los vecinos hicieron visible el hartazgo que se acumula en los barrios cubanos cada vez que un apagón prolongado corta la vida doméstica, paraliza rutinas y deja a las familias a merced de una crisis que ya no se explica como incidente aislado.
El caso de Jaimanitas tiene peso político porque ocurre en una zona considerada de mayor poder adquisitivo dentro de La Habana. Cuando hasta ahí estalla la protesta, queda expuesto el alcance real del derrumbe de los servicios básicos y la incapacidad del sistema para esconder su fracaso detrás de la propaganda o de las diferencias entre barrios.
Los vecinos también señalaron el contraste entre la oscuridad en sus casas y el suministro que, según denunciaron, se mantiene en Punto Cero, donde residen altos dirigentes del régimen. Esa imagen resume una desigualdad brutal: el cubano común enfrenta apagones, escasez de transporte, combustible, alimentos y medicinas, mientras la cúpula conserva privilegios y protección.
La protesta en Jaimanitas se suma a un malestar que ya se expresa con menos paciencia y más frecuencia en distintas provincias. Los apagones dejaron de ser solo una molestia nocturna y pasaron a detonar reclamos abiertos por el deterioro de la vida cotidiana, en un país donde la gente protesta por la luz, pero también por todo lo que se descompone alrededor de ella.
La presencia policial en la zona confirma la respuesta habitual del régimen: vigilancia y presión sobre los ciudadanos que se atreven a reclamar en la calle. Aun así, las protestas se repiten. Cada nueva salida de vecinos a una avenida de La Habana vuelve a señalar el mismo responsable: un poder que administra la escasez, tolera el colapso y responde con control cuando la población se cansa.



