Intelectual cubano alerta sobre expansión de la droga: «¿Hasta cuándo hay que esperar?»

El escritor, traductor y lingüista cubano Rodolfo Alpízar Castillo publicó este viernes en Facebook una denuncia sobre la expansión visible del consumo de «el químico» —nombre popular de los cannabinoides sintéticos— en el barrio Santos Suárez, municipio Diez de Octubre, La Habana.
El intelectual relata dos escenas presenciadas en días consecutivos. El miércoles 30, a media mañana, en Juan Delgado y Lacret: «Un joven en plena acera, en posición fetal. Múltiples espectadores. Una sola palabra: químico». Al día siguiente, al final de la tarde, en Lacret y Juan Bruno Zayas: «Un joven sentado recostado a la pared de la ponchera, brazos recostados en los muslos, cuerpo caído hacia adelante. Huella de que se ha orinado. Una sola palabra: Químico».

Alpízar también reporta casos en otras zonas del mismo barrio: conocidos le informaron que por las noches se ven personas bajo los efectos de la droga en Durege y General Lee, y él mismo presenció otro caso en la calle Flores, cerca de la secundaria Heredia. «¿Hace falta más?», cuestionó. «El mal está extendiéndose. ¿Hasta cuándo hay que esperar?», concluye su publicación.
La denuncia no es un caso aislado. A finales de septiembre, una habanera publicó en Facebook su indignación tras fotografiar a una persona tendida en posición fetal en el parque de 23 y 14, en el Vedado. «Al estrés, al apagón, la falta de agua, el costo de la vida y el mal vivir se suma la pandemia de la DROGA… «el papelito» o «químico», gana terreno. ¿Qué hacen las autoridades al respecto? Este es un problema que requiere acciones URGENTES», escribió. Entre los comentarios que generó, un internauta apuntó: «Las autoridades no miran eso. No les hace daño ni les importa».
Las cifras respaldan la alarma. Según datos oficiales citados por la agencia AP en un reportaje sobre el consumo de drogas sintéticas en Cuba, las urgencias médicas por cannabinoides sintéticos en La Habana casi se duplicaron entre 2024 y 2025, al pasar de 467 a 886 casos. Los laboratorios cubanos han identificado al menos 46 variantes de estas sustancias en circulación.
La droga se distribuye en tiras de papel impregnadas con la sustancia —de ahí el nombre «papelito»—, con un precio que ronda los 250 pesos cubanos por dosis (unos 0,50 dólares), lo que la hace accesible sobre todo para jóvenes de entre 14 y 25 años. Especialistas advierten que puede ser entre 50 y 100 veces más potente que la marihuana y que en muchos casos se mezcla con fentanilo, formol, benzodiacepinas y anestésicos veterinarios.
El régimen ha respondido con operativos dispersos. En septiembre, el MININT desarticuló una red en Centro Habana con 13 detenidos y la incautación de cocaína y 184 tiras de cannabinoides sintéticos. Ese mismo mes, dos operativos antidrogas en Guantánamo dejaron varios arrestados; en uno de los casos, en la vivienda convivían menores de edad. En agosto, un hombre fue detenido en Matanzas con 30 papelitos y una gran suma de dinero en efectivo. Las penas por tráfico de cannabinoides sintéticos oscilan entre cuatro y 15 años de prisión.
Los ciudadanos cuestionan, sin embargo, que estas acciones ataquen las consecuencias sin tocar las causas. La crisis social que empuja a los jóvenes hacia las drogas —apagones, escasez de alimentos y medicamentos, desempleo, ausencia de perspectivas— no tiene respuesta estatal visible. Un internauta lo resumió con amargura: «Este es un mal que llegó para quedarse […]. Con pena y dolor hay que reconocerlo, pero no hay antídoto para ese veneno —y no me refiero solo a la droga—».
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