La temporada de incendios de 2026 redujo a cenizas unos seis millones de hectáreas en Europa y América del Norte, lo cual demuestra la necesidad de reforzar las inversiones en prevención, resiliencia y adaptación al cambio climático.
Según la Comisión Económica de las Naciones Unidas para Europa (CEPE-ONU), más de 434 mil hectáreas han sido destruidas por los incendios en 2026 en ese continente.
En Francia, los incendios que afectaron a la Gironda destruyeron cerca de 42 mil hectáreas de pinares y provocaron la evacuación de decenas de miles de habitantes y turistas.
España supera las 200 mil hectáreas quemadas, el doble de su media anual histórica, mientras que la Comisión Europea alerta del desplazamiento del riesgo hacia Grecia e Italia.
Al otro lado del Atlántico el balance es aún más grave con cerca de 1,85 millones de hectáreas que ardieron en Estados Unidos y 3,8 millones en Canadá, donde decenas de incendios gigantes permanecen fuera de control.
Paola Deda, directora de la División de Medio Ambiente y Bosques de la CEPE-ONU, dijo que si bien las intervenciones de emergencia son esenciales, la mayor oportunidad reside en la prevención, la gestión sostenible de los bosques y el establecimiento de paisajes y comunidades más resilientes.
Alrededor de nueve de cada 10 incendios forestales son causados por la actividad humana, ya sea por negligencia o por actos deliberados.
Según la agencia de la ONU, muchos de los incendios pueden evitarse mediante una mejor sensibilización del público, una regulación más estricta, restricciones temporales durante los períodos de riesgo extremo de incendio y un comportamiento responsable en bosques y espacios naturales.
La Comisión de la ONU aboga por una gestión sostenible de los bosques para reducir los riesgos de manera preventiva.
Se propone un enfoque global que combine prevención, evaluación de riesgos, vigilancia, detección temprana, medios de intervención y restauración de las zonas siniestradas, con un objetivo: aumentar la resiliencia de los bosques y de las comunidades que dependen de ellos.
El aumento de las temperaturas, sequías prolongadas, olas de calor y la evolución de los regímenes de precipitaciones alargan las temporadas de incendios y exponen a regiones hasta ahora relativamente poco afectadas.
La Comisión de la ONU recuerda que los incendios forestales amenazan vidas, destruyen viviendas e infraestructuras, y obligan a poblaciones enteras a desplazarse.
Sus efectos van mucho más allá de las zonas afectadas, pues el humo puede recorrer cientos de kilómetros, degradar la calidad del aire y aumentar los riesgos de enfermedades respiratorias y cardiovasculares.
En la Unión Europea los incendios cuestan anualmente unos dos mil 500 millones de euros en pérdidas relacionadas con daños materiales, perturbaciones económicas e impactos en ecosistemas, degradación de la biodiversidad, disminución de la productividad de la tierra y restauración de paisajes.


