Héroe de La Coloma
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Héroe de La Coloma

Se siente orgulloso cuando habla del lugar donde alcanzó la más alta distinción entregada por el Consejo de Estado a los obreros, la de Héroe del Trabajo de la República de Cuba


Hay quienes aman el lugar en el que a diario hacen obra, como si se tratara de un familiar cercano. Hay titanes capaces de llorar cuando la desgracia devasta ese sitio, aunque las lágrimas les estén prohibidas a los semidioses. El secreto está en aprovechar la ira y vencer.

En el XXII Congreso de la CTC Alberto habló de la necesidad de mejorar salarios con respaldos productivos. / RICARDO R. GÓMEZ RODRÍGUEZ

Así sucede con Alberto Gandoy Menéndez, quien lleva en su pecho una pequeña estrella, atada a una diminuta bandera nacional. Él es Héroe del Trabajo de la República de Cuba.

Logró ese mérito en una unidad en la que hay muchos otros superhombres y mujeres de valía: la Empresa Pesquera Industrial La Coloma.

La entidad, una de las más importantes por sus aportes en la pesca, las exportaciones y adquisición de divisas para el país, está ubicada en la provincia de Pinar del Río, territorio en el cual desatan nudos ante la actual crisis.

Pese a que parezca imposible en estos tiempos duros, allí festejan la fecha del 26 de julio, siendo la provincia ganadora de las actividades centrales por el aniversario de los asaltos a los cuarteles Guillermón Moncada y Carlos Manuel de Céspedes.

A Alberto lo conocimos en el recién efectuado XXII Congreso de la Central de Trabajadores de Cuba (CTC). Conversamos en uno de los muebles de los pasillos del Palacio de Convenciones de La Habana acerca de los mismos temas abarcados luego por él en su intervención en el cónclave.

Sobre los asuntos tratados en ese encuentro del movimiento obrero, a él le interesó mucho lo relacionado con la necesidad de elevar los salarios, pero siempre mediante un respaldo productivo y, “para eso, hay que fortalecer a las empresas estatales”, dice.

“Por eso estamos a favor de las nuevas transformaciones, porque tienen la intención de sacar la economía adelante, a pesar del criminal e injusto bloqueo del imperialismo y del cerco energético”, agregó.

“Nosotros los cubanos vamos a ampliar nuestras riquezas y los obreros se sentirán mucho más estimulados con lo que perciban, gracias a sus aportes”, señala el hombre de pelo platinado y piel blanca maltratada por el sol.

Significativos son los aportes en divisas al país de la Empresa Pesquera Industrial La Coloma. / trabajadores.cu

Alberto Gandoy llevaba unas gafas oscuras casi todo el tiempo. Se las quitó cuando habló del lugar donde se gana el pan.

“Desde hace 45 años soy estibador en La Coloma. Uno de los 21 que se desempeñan en las neveras, de los 244 trabajadores de la planta. Hay un alto porcentaje de mujeres.

“Allí congelamos toda la producción, el bonito, la langosta. Esta última es de gran importancia, porque es el 60 por ciento de la capturada en Cuba, destinada a la exportación”.

–¿Y cómo son los salarios de ustedes?

–Hacía tiempo que no ganábamos lo percibido ahora, ahora hay un nuevo sistema de pago y salimos muy bien, hay quienes llegan a 15 000, 20 000 y hasta 30 000 pesos en el mes. Eso sí, es necesario tener buena producción. Cuando eso no ocurre, entonces no nos llevamos nada al bolsillo. Los sueldos decorosos deben tener un respaldo productivo.

–Hubo un accidente recientemente en La Coloma, ¿se están recuperando?

Al escuchar la pregunta, Alberto hizo una pausa en el diálogo, se pasó la mano por la cara y fue cuando vi humedecer sus ojos.

–Sí, sí. Tuvimos una desgracia. Se nos quemó la industria, una de las más lindas e importantes de Cuba. Muchas de las delegaciones extranjeras llegaban allá y la admiraban. Se nos calcinó completica.

“Al no podernos recuperar, creamos un método para poder beneficiar la langosta. Tenemos contratados con diversos países los recursos, pero usted sabe cómo están las importaciones, es imposible hacerlas entrar al país.

–¿Pero siguen produciendo ustedes?  

–Sí. Nunca hemos parado. A pesar de las afectaciones actuales, como las sufre también el pueblo por la falta de combustible. Tenemos grandes innovadores, son más de 300. Ellos hicieron renovar la planta de hielo, lograron mayor eficiencia; recuperaron la gasificadora, la máquina de picadillos, la autoclave, en la que se procesa el bonito enlatado. Parecía sin solución alguna, pero la sacaron adelante. Ahora funciona como si estuviera acabada de llegar de fábrica.

Cuando estábamos a esa altura del diálogo, alguien nos dio un grito: se reiniciaban las sesiones del Congreso de la CTC. Un rato después Alberto Gandoy compartía esas mismas experiencias con los delegados; en las sesiones recibieron la buena noticia de la sede del acto por el 26 de julio, otorgada a la provincia pinareña.

Fue cuando le prometimos visitar ese lugar del cual está enamorado y que seguro resurgirá como ave Fénix, porque los héroes siempre están rodeados de mitos.

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