A menos de noventa millas de las costas de la Florida, Cuba ha dejado de ser un remanente geopolítico de la Guerra Fría para convertirse en un nodo estratégico desde el cual China, Rusia e Irán proyectan inteligencia, cooperación militar, influencia política y capacidades tecnológicas sobre el hemisferio occidental. La convergencia de infraestructura de inteligencia de señales (SIGINT), cooperación militar, tecnologías de doble uso y operaciones de sharp power (penetración autoritaria) representa uno de los desafíos estratégicos más significativos para la seguridad nacional de Estados Unidos en el Caribe desde el colapso de la Unión Soviética. La evidencia disponible indica que estas actividades no constituyen iniciativas aisladas, sino componentes de una estrategia sostenida de competencia entre grandes potencias cuyo propósito es ampliar la capacidad de influencia de regímenes autoritarios dentro del entorno geopolítico inmediato estadounidense (Center for Strategic and International Studies [CSIS], 2024; Office of the Director of National Intelligence [ODNI], 2026).


