Hasta la prensa oficial rusa retrata el desastre de Cuba: apagones de más de 20 horas, basura y gasolina a casi 3 dólares
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Hasta la prensa oficial rusa retrata el desastre de Cuba: apagones de más de 20 horas, basura y gasolina a casi 3 dólares

Hasta la prensa oficial rusa retrata el desastre de Cuba: apagones de más de 20 horas, basura y gasolina a casi 3 dólares

Díaz-Canel y Putin ante una Habana a oscuras. Creada con IA. © Ilustración: CiberCuba / IA
Díaz-Canel y Putin ante una Habana a oscuras. Creada con IA. Foto © Ilustración: CiberCuba / IA

Hasta la prensa oficial de Rusia, uno de los principales aliados de la dictadura cubana, reconoce la gravedad de la vida cotidiana en La Habana. Un reportaje publicado el 6 de octubre por Rossiyskaya Gazeta describe apagones diarios que en ocasiones superan las 20 horas, acumulación de basura, dificultades con el agua y gasolina vendida en el mercado informal a casi tres dólares por litro.

La contradicción es evidente: el diario oficial del Gobierno de Vladímir Putin, aliado político y energético de La Habana, retrata el deterioro de una capital que el régimen de Miguel Díaz-Canel lleva años prometiendo recuperar. El corresponsal Dmitri Kulemiakin intenta destacar la capacidad de adaptación de los cubanos, pero llega a una conclusión que desmonta cualquier triunfalismo: no se puede hablar de que la crisis haya sido superada.

Más de 20 horas sin electricidad y gasolina a precio de lujo

Según el reportaje ruso, los apagones son parte de la rutina y en ocasiones se prolongan más de 20 horas. La escasez de combustible afecta tanto al transporte como a la recogida de residuos y otros servicios municipales. A ello se suman los problemas de abasto de agua y las consecuencias sanitarias de la basura acumulada en las calles.

El corresponsal observa más automóviles circulando que durante la primavera, pero no porque se haya normalizado el abastecimiento. Describe puntos informales donde se vende gasolina a entre 2,5 y 2,8 dólares por litro. Es el precio señalado para ese mercado paralelo en el reportaje, no una tarifa oficial ni un promedio comprobado para todo el país.

Uno de los emprendedores entrevistados expresa su temor a que las restricciones de Estados Unidos reduzcan esa oferta informal. Se trata de la preocupación de un entrevistado, no de una explicación completa de la crisis. Para quienes dependen de un vehículo para trabajar o trasladar mercancías, comprar combustible por esas vías implica asumir costos extraordinarios en una economía marcada por bajos ingresos y escasez.

Los pequeños negocios tampoco escapan del problema. El diario describe cafés y restaurantes que necesitan generadores de diésel o paneles solares para seguir operando. El dueño de un establecimiento de La Habana Vieja asegura que en su zona los cortes son menos frecuentes: un contraste entre áreas de la capital que no permite generalizar la situación de todo el casco histórico, pero revela cómo el lugar donde se vive o se trabaja puede determinar las posibilidades de resistir la crisis.

El panorama que describe Moscú encuentra respaldo en los propios reportes eléctricos cubanos. En la madrugada del 8 de octubre, la Empresa Eléctrica de La Habana informó de 91 circuitos sin servicio y 235 megavatios de afectación por déficit de generación, según documentó CiberCuba. Varios circuitos acumulaban más de ocho horas de interrupción. Era un balance de un momento concreto de la madrugada, no una cifra constante para toda la jornada.

El aliado Putin promete ayuda, pero los apagones continúan

Rusia no es un espectador ajeno a esta crisis. Moscú lleva años estrechando su relación con el régimen cubano mediante acuerdos políticos, energéticos y de cooperación militar, mientras lo defiende en los foros internacionales. Sin embargo, esa alianza estratégica no ha impedido que la población siga padeciendo cortes extremos y falta de servicios básicos.

El 31 de marzo llegó a Matanzas el petrolero ruso Anatoly Kolodkin con unas 100.000 toneladas de crudo, equivalentes a aproximadamente 730.000 barriles. El cargamento fue procesado para obtener gasolina, diésel y otros derivados, pero el propio Díaz-Canel reconoció en abril que alcanzaba para cubrir alrededor de diez días de necesidades de combustible. Se trataba de un alivio temporal, no de una solución estructural.

La sintonía política, en cambio, permanece intacta. El 7 de octubre, un día después del reportaje ruso, Díaz-Canel felicitó públicamente a Putin por sus 74 años. Mientras ambos gobiernos exhiben su amistad, los cubanos siguen buscando maneras de cocinar, transportar agua, conservar alimentos y mantener abiertos sus negocios.

La responsabilidad de un sistema construido por los Castro

El encuadre de las «restricciones» exteriores, habitual en los discursos de La Habana y Moscú, elude una responsabilidad central: la del modelo político y económico que Fidel Castro instauró en 1959, Raúl Castro mantuvo durante décadas y Miguel Díaz-Canel administra hoy. Las restricciones comerciales y financieras tienen consecuencias, pero no bastan para explicar el deterioro acumulado de las termoeléctricas, la ausencia de inversiones y mantenimiento suficientes, la ineficiencia estatal y la incapacidad de asegurar servicios básicos.

Durante décadas, la familia Castro concentró el poder político y la dirección de las estructuras militares que también adquirieron un peso decisivo en la economía. GAESA, el conglomerado empresarial vinculado a las Fuerzas Armadas, se expandió bajo el mando de Raúl Castro y fue dirigido durante años por Luis Alberto Rodríguez López-Calleja, quien fue su yerno. La concentración de actividades económicas estratégicas en estructuras militares y la falta de transparencia sobre sus cuentas alimentan una pregunta inevitable: ¿cómo se justifican esas prioridades cuando el Estado no logra garantizar electricidad, agua o recogida de basura?

El reportaje de Rossiyskaya Gazeta no es una denuncia opositora ni puede leerse como un ejercicio de periodismo independiente del poder ruso. Precisamente por eso resulta revelador. Incluso un medio oficial del país que protege diplomáticamente al castrismo describe una Habana con apagones prolongados, gasolina de mercado negro y servicios municipales desbordados.

El régimen puede seguir recibiendo felicitaciones, petróleo y respaldo político de Moscú. Lo que no puede mostrar, después de más de seis décadas de poder de los Castro y sus sucesores, es un sistema capaz de asegurar de forma estable las necesidades más elementales de sus ciudadanos. Esa es la realidad que ni siquiera el periódico oficial de su aliado logra ocultar.

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