Varias esquinas pudieran ser hoy el argumento para escribir acerca de un mal, que, por común, creo yo, parece pasar inadvertido en una Cuba –o mejor en una Artemisa, para concentrarme en mi pedacito– necesitada de mayor prontitud para encontrar soluciones.
Esta vez, me escribe Yusimí Acosta Suárez, vecina de calle 76 edificio 314, apartamento 12, entre 3ra y 5ta en Boca, Mariel.
“Con el mayor de los respetos”, inicia su misiva, y ese hecho ya la convierte en prioridad, para quienes tenemos la responsabilidad de ser servidores públicos.
Se refiere a la impunidad con la que “resplandece” un macrovertedero en el centro del poblado de la Boca, en el área aledaña al antiguo mercado, zona céntrica y de trasiego de personas, comenta ella misma.
“La calle del costado del basurero, la cual baja hasta la farmacia, ya está casi tapada y minimizada a un trillo. Por estar en una pendiente, cuando llueve, los desechos más ligeros son arrastrados hasta el frente de la farmacia. “Para empeorar la situación, los escombros del mencionado mercado, el cual están desmantelando por peligro de derrumbe, son arrojados al furtivo pero visible vertedero, vaya contradicción.
“Esto es de conocimiento de todas las personas que viven en la localidad, incluyendo directivos a todas las instancias, organismos y organizaciones, alude sumando otra preocupación más, a la situación de sanidad que significa contar con ese basurero.
Reconoce también la marieleña, tener conciencia de la compleja situación del país, pero, “¿Debemos esperar a que se desate una epidemia? De ser así, considero que nos va a costar más que una planificación municipal de recogida de basura, al menos una vez al mes.
“Si las empresas, organismos y proyectos de desarrollo local no se unen en interés de la salubridad del pueblo, este último será quién pague las consecuencias y el pueblo somos todos”, concluye, y envía una estremecedora imagen, que según comenta, no es capaz de ejemplificar en toda la dimensión el problema.
Que son tiempos difíciles es obvio, pero si la unidad ha sido principio inviolable en estos años, entonces apelemos a ella con todas las manos, para encontrar caminos a soluciones que no se deben seguir dilatando en el tiempo.
No hay combustible para la cotidiana recogida de desechos planificada por la entidad estatal que le corresponde, ¿entonces? ¿Cruzarnos de brazos? ¿Dejar que campeen la indisciplina y el libertinaje, al verter de todo sin horarios ni control?
Hay comunidades, cuadras y hasta consejos populares, en los cuales hay rigor con la ubicación de los desechos en horarios y días de la semana, carretoneros convenidos para su recogida, y otras alternativas que funcionan como reloj en tiempos de crisis.
Subestimar la basura que vertemos todos y cada uno por doquier, a nivel superlativo va en contra de la salud, de los valores humanos, de la responsabilidad social. La ineficiencia estatal y hasta no estatal, no puede ser el legado que dejemos a los más pequeños, quienes aún no entienden por qué tanta dejadez interrumpe el camino, y a veces nos deja solo un trillo.
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