Guerra de cuerdas
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Guerra de cuerdas

Por Frank Padrón

Tras 25 años cosechando éxitos y  fama mundial, en plena preparación de un concierto para celebrar su cuarto de siglo profesional, el futuro del cuarteto de cuerdas  Fuga, de Nueva York,  recibe un duro golpe que puede poner en entredicho su carrera y supervivencia.a.

 

El violonchelista de la formación está padeciendo los primeros síntomas del Párkinson, una enfermedad que en poco tiempo pondrá fin a su trayectoria como intérprete.

La incertidumbre sobre su futuro se apoderará del ensemble, dando rienda suelta a emociones reprimidas, egoísmos y reproches que pondrán en entredicho años de amistad y colaboración profesional.

Es la sinopsis del filme El último concierto (The Last Quartet, Estados Unidos ,2012) literalmente El último cuarteto, que el pasado domingo a las 5 pm propuso el Cine Club Sin Fronteras en su sede del cine La Rampa.

La cinta la dirigió Yaron Zilberman (Valle de lágrimas,  Incitación) y entre sus características esenciales está el hecho de recibirse como una fuga, esa forma musical tan cara al barroco basada en la  polifonía vertebrada por el contrapunto entre varias voces o líneas instrumentales (de igual importancia) basado en la imitación o reiteración de melodías en diferentes tonalidades y en el desarrollo estructurado de los temas expuestos.

Así mismo se superponen, alternan y/o coexisten los temas y problemas de este cuarteto en un momento de crisis y probable disolución.

Pese a algunos desbalances narrativos,  el filme engancha por su exposición y desarrollo de conflictos profesionales y humanos,  a veces, como aquí, tan ligados y sin que por la hondura y alcance de estos, el tono del filme se vuelva exaltado o hipérbolico,  por el contrario,  no abandona su equilibrio que corresponde a una bien armada estructura minimalista.

La música,  por supuesto, desempeña un rol diegético esencial, y donde además de las piezas incorporadas del patrimonio, merece destaque la incidental creada por Angelo Badalamenti.

El resto de los rubros (fotografía,  montaje, dirección de arte…) se suman a la consecución de una puesta tan sobria como atractiva, algo que la crítica ha destacado.

«A Zilberman podríamos echarle en cara la ausencia de un estilo (…) Pero, lo cierto es que, intrincada en los diálogos, la metáfora que construye es tan bella y atinada que te costará sacártela de la cabeza (…), escribe, por ejemplo, Andrea G. Bermejo, en Cinemanía.

Mientras su colega Anton Merikaetxebarría, del diario El Correo, considera que se trata de  «una de las películas más inteligentes de la temporada cinematográfica (…) filmada a media voz, con breves intervalos de intensa emoción, realzada por una iluminación precisa y preciosa, ajustada en todo momento a los sentimientos que se reflejan en la pantalla» .

Otro mérito en que todos los colegas han coincidido es en el capítulo actoral.

Philip Seymour Hoffman, Catherine Keener, Christopher Walken y Mark Ivanir son el virtuoso «cuarteto», también desde el punto de vista histriónico.

El pasado domingo, El último concierto, inundó la sala del cine La Rampa de agradables acordes musicales…y cinematográficos.

 

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