Guerrillero

Profesor de Pinar del Río en el desierto

El profesor sanjuanero Adrián Paz Reina es de los que piensa fielmente que sus  padres le inculcaron principios y valores, y que gracias a eso él se formó como un hombre de bien, porque lo enseñaron a ser honesto y guiaron por el camino de la laboriosidad.

Una persona que al hablar de sí mismo se refiera  primero  a su familia y a la deuda de gratitud con ellos en su formación, se merece lo mejor del mundo. Esa fue la primera impresión acerca de este educador de 40 años, que hoy presta sus servicios en la  República Árabe Saharaui Democrática.

DE SUS PROFESORES APRENDIÓ 

Adrián nos contó que desde muy pequeño, en la edad escolar, sintió curiosidad por la profesión de las tizas, el borrador y la pizarra. De esa etapa recuerda a Flora Guerra, Lucía y Cecilia, que influyeron grandemente en él.

Luego, en la Secundaria Básica,  la vocación cobró más fuerza, y siguió los pasos de sus profesores Osvaldo, Tere, Andrés y Sara Gener.

“Ellos y otros fueron un ejemplo a imitar,  sus consejos me siguieron motivando por el magisterio. Ya en el politécnico  Pedro Téllez, en Pinar del Río, sí me decidí por la profesión,  pues en el transcurso  de mi carrera  mis maestros Sergio Rojas, Claudia Guerra,  Juana,  Maruli, Pedro Hernández, Pedro Luis Rodríguez,  Roberto  Díaz, Guillermo, Nancy,  entre otros, me inculcaron el cariño hacia la profesión.

 Desde el cuarto año de la carrera impartió clases de Física como monitor. 

“Recuerdo  el primer día, los nervios  los tenía a flor de piel,  pero tenía fe en que todo estaba bien  y me había preparado  para ese momento. Me dije ‘esta es mi profesión’,  y desde  ese  momento los estudiantes han ocupado un lugar en mi corazón. Al concluir ese año me incorporé al instituto superior pedagógico Rafael María de Mendive, en la carrera de  Matemática- Física”.

Cada día Adrián se afianzó de más conocimientos para enfrentarse a los alumnos.

En el Pedagógico  tuvo la gran experiencia de ser alumno de profesores como el doctor Carlos Calaballo, el doctor Tomás Castillo, Rafael ( Chuchi), el doctor Miranda,  Paco, ente otros, donde cada clase y  conferencia  era una enseñanza. Se graduó en 2010, y cinco años después  comenzó la maestría en Pedagogía Profesional.

“Lo aprendido lo guardo y llevo a mis estudiantes para que se sientan útiles en la vida, y que mis experiencias les sirvan para su futuro  profesional”, nos aseguró, como aquel que vela porque sus discípulos se lleven lo mejor.

El agradecimiento es algo que siempre lo acompaña, por eso en su formación como máster destaca a los doctores Mena,  Pulido, Tomás Castillo y a Elida Fredesvinda, quien  fue su tutora. 

“No puedo dejar de mencionar a mi hermana  que me ha guiado, a la máster en Ciencias Nerkys Edairis Paz Reina,  mi gran ejemplo  de perseverancia”, aseguró el entrevistado. 

MARCHÓ LEJOS A LLEVAR SU PEDAGOGÍA

En 2024 marchó de misión como cooperante a la hermana República Árabe Saharaui Democrática, como profesor de Matemática.

“Al inicio  fue un poco fuerte la experiencia  por el clima que es extremadamente inestable,  pues las temperaturas  en el invierno  llegan a estar por debajo  de cero grados  y en el verano  sobrepasa  los 50.

“Aquí  los profesores  cubanos somos como una familia  para estos alumnos que habitan en los campamentos  de refugiados, en el desierto del Sahara”, nos dijo con orgullo. 

Allí trabaja  en la Escuela  Nacional Básica y Preuniversitaria Simón Bolívar,  donde el día a día en las aulas  con los estudiantes  lo motivan a prepararse cada día más y a amar la profesión.

“Aunque el Español es el segundo idioma que se habla en este país, cada día en las aulas  les enseñamos palabras nuevas  que los alumnos  van incorporando.

“Porque estos chicos al vivir en estos campamentos  tienen muy  poco acceso a paisajes y animales de la naturaleza,  y cuando mencionas algún árbol o animal  que ellos no conocen tienes que explicarles y mostrarles fotos.

“Ellos no tienen  conocimiento  de estos animales tropicales,  ni conocen qué es un río, ni una playa, entre otras cosas más”.

Nos dijo Adrián  que en las clases les enseñan paisajes y tratan   de relacionarlos con las clases. 

“Esto los motiva para su mayor desarrollo, y pueden una vez graduados ir a Cuba a estudiar la carrera de Medicina y regresar a su tierra para ayudar a sus comunidades (Wilaya)”.

LA AÑORANZA

Una tarea bien linda y útil tienen los profesionales cubanos en este país, pero la lejanía de la familia pesa, sobre todo, en el horario de la noche, y así nos lo confiesa el maestro pinareño.

“Es cuando  te acuestas y comienzan  los recuerdos, y hay que hacer un gran esfuerzo,  y pensar  que  pronto estaremos juntos nuevamente. 

“La familia  es lo que más amo, ellos  son mi motor impulsor para enfrentarme  cada día a una experiencia  única. Mis padres me apoyan en toda decisión  que tome, al igual que mi esposa y demás familiares, ellos aportan una gota de fuerza  para lograr que esta distancia  no sea tan larga y agotadora”.

También habla de sus exalumnos cubanos, para él son como sus hijos, a los que trata de transmitir sus experiencias  y conocimientos.

 “Los estudiantes a los que ahora les imparto clases se destacan por el cariño y la unidad entre ellos y  a sus maestros. En algunas ocasiones  el idioma no les permite  intercambiar  fluidamente,  pero con gestos y con la ayuda de otros estudiantes  logramos comunicarnos”.

Hay mucha valentía en los profes cubanos que están en esta región del mundo, ellos saben lo que es trabajar por llevar la enseñanza a todos los lugares.

“Los estudiantes  siempre pueden contar con nosotros, y a la vez se sienten muy agradecidos por las enseñanzas  que les damos, y por dejar a nuestras familias  por detrás para venir desde tan lejos a prepararlos para un futuro  en sus vidas”.

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