Carmelo Noa Gil, nació en la finca San Miguel, del barrio de Capellanías en Artemisa, el 16 de julio de 1926.
Desde niño se dedicó a la agricultura y ayudaba a sus padres en los quehaceres del campo, alternando el estudio con el trabajo.
Estudió solo hasta 5to grado en la escuela pública número 36; a los 14 años tuvo que abandonar la escuela para laborar como traseguero de leche para ayudar económicamente a su familia.
Era de carácter alegre, firme, siempre dispuesto a manifestarse contra cualquier injusticia y ello le granjeaba el respeto y el afecto de sus compañeros.
Sus hermanas Martha y Jaisy, lo describieron como “noble, fuerte, de firmeza y convicciones, a pesar de su juventud, y que no admitía imposiciones”.
Su amistad con el revolucionario Julito Díaz lo introdujo en el grupo de conspiradores que ya estaban en contacto con Fidel Castro.
Milita en las filas del Partido Ortodoxo y formó parte del Movimiento 26 de Julio de Artemisa.
Cuando conoce del golpe de estado dado por Fulgencio Batista el 10 de marzo de 1952 le dijo a su familia… “Esto no lo podemos permitir: cuando suene el primer tiro, allí estaré yo”.
Sus palabras no quedaron en el vacío, llegó a formar parte del grupo de revolucionarios que, dirigidos por el abogado Fidel Castro Ruz, asaltaron el 26 de Julio de 1953, los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes, en Santiago de Cuba y Bayamo, respectivamente.
El viernes 24 de julio, se despidió de su familia en compañía de su amigo Julio Díaz. Así nadie sospecharía de cuál era su misión. Vestía un pantalón de mezclilla y camisa blanca. Se despidió, con la certeza de que regresaría pronto, que no tenían que preocuparse.
El joven destacaba por su buena puntería y estuvo en el grupo de los que asaltaron la posta tres del Moncada. Jesús Montané, quien formó parte de esa avanzada, recordó: “En la primera máquina en el asiento delantero, íbamos Pedro Marrero al timón, yo en el medio y Renato Guitart, a mi derecha en la ventanilla. Renato con un arma larga y una pistola, yo con un rifle calibre 22 y Marrero con una 45, en el asiento trasero, Noa, Tasende, Ramiro Valdés y Suárez Blanco, con armas largas y cortas distribuidas”.
Carmelo estuvo entre los valerosos cubanos que perdieron la vida en el combate.
Sus restos descansan en la cámara mortuoria del mausoleo a los Mártires de Artemisa. Allí los lugareños y personas de toda Cuba y el mundo le rinden tributo a él, y al resto de sus compañeros de lucha.
Fuentes consultadas
Ecured / www.radioflorida.icrt.cu
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