París, En medio de las condiciones impuestas por una persistente canícula, la esperada Fiesta de la Música abre hoy en Francia con apego a estrictas medidas de protección de la salud de espectadores y artistas.
El 21 de junio se acaban todas las restricciones en Francia para la música, al menos ese es el mensaje que parece traslucir aquí a partir de cómo se organiza uno de los eventos más masivos de la cultura en esta nación europea.
Durante una jornada, se borra la débil división existente entre espectador y artista, cuando muchos de los que generalmente escuchan en los conciertos, ahora suben al escenario para probar suerte con el canto o la música como tal.
La idea de los organizadores es contar con conciertos, miniconciertos o espectáculos particulares de diferentes públicos y grupos etarios, sin que nadie quede ajeno a esta fiesta cultural.
Aunque la canícula se presenta como principal depredador del disfrute en al menos 60 departamentos del país, ahora en la alerta naranja, la Fiesta de la Música se abre paso con soluciones alternativas.
El camino seguido por el ayuntamiento capitalino fue dejar hacer: nada de restricciones al disfrute, pero si mucho rigor de vigilancia de salud a las autoridades y alerta ciento por ciento a las fuerzas del orden para garantizar el goce pleno.
La empresa de espectáculos Spotify organiza un sonado concierto en la emblemática Plaza de la Bastilla, con artistas jóvenes como Miki, Tiakola y RnBoi, adelanta el diario Le Figaro.
Así que, además de convertir cada uno de los más de 550 parques y fuentes de esta capital en oasis para atenuar las altas temperaturas, estos también se convierten en improvisados escenarios para los amateur que se aventuren a ser escuchados.
Pero hay de todo para disfrutar, como el anunciado concierto (la regla de oro, todo gratuito) del excéntrico pianista Chilly Gonzales, quien se presenta, junto a Ino Casablanca y Makala, en L´Olympia, una famoso espacio en el Bulevar de los Capuchinos.
Las reglas al dorso
Generalmente, la limpia y organizada París exige rigor para todos sus habitantes, como el cumplimiento del artículo R623-2 del Código Penal francés.
Pero en las 24 horas de la Fiesta de la Música, se abre un paréntesis para aplicar multas de 45 euros por ruidos o alborotos nocturnos que perturban la tranquilidad ciudadana.
A propósito del evento cultural, las autoridades francesas advierten que los improvisados artistas deben cargar con sus medios de generación de electricidad, pues por lo general no existe conexión eléctrica en los espacios públicos.
Por cierto, cuando se habla de hacerlo todo gratuito ello concierne, incluso, a los músicos callejeros que tampoco tendrán derecho a exigir una compensación económica por sus presentaciones.
En varias regiones del sur francés, donde las altas temperaturas ya casi llegan a 40 grados centígrados, las autoridades decidieron cambiar los lugares donde se desarrollan, en lugar de suspender el esperado evento del verano.
Tomado de Prensa Latina

