Economía

Estrena banco de baterías en medio de los apagones


El régimen puso en marcha en El Cotorro, La Habana, el primer banco de baterías de Cuba, un sistema de 50 megavatios que el oficialismo presenta como un avance para estabilizar la red eléctrica. La noticia llegó el mismo día en que la Unión Eléctrica volvió a reconocer afectaciones superiores a los 2,000 megavatios y el país entero siguió a oscuras por otra jornada de déficit brutal.

La instalación, ubicada en la subestación Cotorro 220, fue anunciada por el Ministerio de Energía y Minas como parte de la etapa final de prueba. Ismael Ulloa Rodríguez aseguró en la televisión estatal que el equipo respondió ante la salida de la termoeléctrica Guiteras y otras averías sin provocar caídas del Sistema Eléctrico Nacional. Para la propaganda oficial, ese dato alcanza para vender una mejoría. Para los cubanos, la medida apenas confirma la magnitud del colapso.

Ese mismo miércoles, la UNE calculó una disponibilidad de generación de 1,100 megavatios frente a una demanda de 3,200. El déficit máximo llegó a 2,211 megavatios a las 10:00 de la noche, mientras 106 centrales de generación distribuida seguían paralizadas por falta de combustible, con otros 1,203 megavatios fuera de servicio. En ese escenario, un banco de baterías de 50 megavatios no resuelve el problema de fondo ni cambia la rutina de apagones que castiga barrios, hospitales, escuelas y centros de trabajo.

El proyecto chino almacena el excedente de energía solar durante el día para entregarlo por la noche y, según el ingeniero citado por el régimen, permitirá aprovechar mejor los parques fotovoltaicos y también la generación eólica e hidráulica. El dato técnico existe, pero la realidad económica también: Cuba tiene 49 parques solares conectados con 1,334 megavatios instalados y aun así apenas genera alrededor de 500 por falta de almacenamiento. El cuello de botella sigue ahí, intacto, porque la infraestructura eléctrica del país fue dejada caer durante décadas.

El propio plan oficial reconoce que El Cotorro es apenas el primero de cuatro sistemas de almacenamiento previstos en la isla, junto a otros en La Habana, Cueto y Bayamo. Todo quedará en manos de técnicos cubanos entrenados para operar esa tecnología, mientras el régimen intenta presentar como solución estructural una pieza aislada dentro de una crisis mucho mayor. La propaganda cambia el lenguaje, pero no enciende bombillos.

La lectura política es clara. Un gobierno que lleva años sin invertir de verdad en su sistema termoeléctrico y que ahora depende de baterías importadas para contener el derrumbe del SEN sigue administrando parches sobre ruinas. Los expertos estiman que sacar a flote la electricidad cubana exigiría entre 8,000 y 10,000 millones de dólares, una cifra fuera del alcance de un Estado arruinado por su propio modelo. Por eso el anuncio de El Cotorro no borra el apagón: solo exhibe, con más nitidez, la bancarrota energética del régimen.

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