
Foto: Tomado de ACN
Joel Despaigne no pudo asistir a la ceremonia de exaltación al Salón de la Fama del Voleibol Internacional, por la negativa de visa del Consulado de Estados Unidos en Roma.
No le permitieron vivir junto a su esposa ese histórico momento, porque odian que «es un honor y orgullo para un atleta de Cuba ser seleccionado entre los mejores del mundo», después de años de sacrificios y competencias internacionales, afirmó en entrevista concedida a Prensa Latina.
Ese orgullo molesta a la actual administración de Estados Unidos. Imposibilitarle estar en la sede del evento en Holyoke, Massachusetts, constituye una de las tantas maneras de intentar ignorar los éxitos de la Mayor de las Antillas, reconocida mundialmente por la calidad y entrega de sus deportistas.
Despaigne, radicado en la ciudad de Chieti, de la región Abruzzo, confesó sentirse «muy triste y decepcionado. Estuve siempre entre los atletas que representaban a su país, que representaban su bandera y su deporte», expresó.
No faltaron las gestiones de los organizadores del Salón de la Fama para ayudarlo a que asistiera a la ceremonia. Ellos no tienen nada que ver con esa decisión impuesta, son cuestiones del Consulado de Estados Unidos, aseguró.
«Nunca he estado de acuerdo con que el deporte tenga que mezclarse con la política. Yo represento a Cuba, yo represento a mi familia, yo represento el honor del pueblo cubano en el deporte». Reconoció a compañeros del equipo nacional, entre ellos al pasador Raúl Diago y a los atacadores Idalberto Valdés, Lázaro Beltrán y Abel Sarmiento.
Reiteró su rechazo al incrementado bloqueo comercial, económico y financiero de Estados Unidos contra Cuba y dijo que esas medidas obstaculizan la participación de los atletas de la Isla en acontecimientos internacionales.
«Siempre hay que creer en las capacidades propias, incluso en los momentos más difíciles. Creímos en Cuba, creímos en el deporte y creímos en todas las posibilidades que nos dio el gobierno cubano», concluyó.



