Espionaje, subversión y ‘radicalismo de izquierda’: la larga mano del castrismo en EEUU – DIARIO DE CUBA
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Espionaje, subversión y ‘radicalismo de izquierda’: la larga mano del castrismo en EEUU – DIARIO DE CUBA

Carteles a favor de régimen cubano en Nueva York.

Carteles a favor de régimen cubano en Nueva York.

MINREX

El Departamento de Estado de EEUU publicó este lunes un amplio informe en el que expone cómo, «durante más de seis décadas, el régimen cubano ha sido el principal patrocinador del radicalismo izquierdista y del tercermundismo en EEUU«, apuntó Marco Rubio, al tiempo que destacó que el documento contiene «la historia completa del espionaje y la subversión cubanos en nuestro país».

A lo largo de 100 páginas, el informe sostiene que las tensiones entre Washington y La Habana «nunca se trataron de una disputa territorial, económica o de soberanía», sino que el régimen «ha operado de forma deliberada como una plataforma global de guerra de desgaste a largo plazo» y como «un epicentro de subversión ideológica contra los valores de EEUU».

«El régimen cubano comprendió tempranamente que su mayor ventaja en una guerra asimétrica no radicaba en el poder de fuego, sino en la capacidad de explotar las divisiones internas, los conflictos sociales y las vulnerabilidades institucionales de las sociedades abiertas«, sostuvo el Departamento de Estado.

El informe resaltó que la campaña sostenida por La Habana «penetró en los niveles más altos del Gobierno estadounidense, reclutó y cultivó a generaciones de activistas locales y apoyó una ola de terrorismo de izquierda sin precedentes dentro de nuestras fronteras».

En tal sentido, el documento expuso que «la penetración de la inteligencia cubana en las estructuras federales de EEUU no fue un esfuerzo esporádico de recolección de información, sino una estrategia coordinada de décadas para moldear la toma de decisiones políticas desde el núcleo mismo de Washington».

Así, «los servicios de inteligencia de La Habana lograron establecer agentes de influencia profundamente arraigados que permanecieron activos e indetectables durante generaciones», agregó.

«El éxito de sus operaciones no se midió en documentos robados, sino en la capacidad de neutralizar la política exterior estadounidense hacia la región y sembrar desconfianza en nuestras propias agencias de seguridad«, agregó, al tiempo que recordó los muy conocidos casos de Ana Belén Montes, quien llegó a ser la principal analista sobre Cuba de la Agencia de Inteligencia de Defensa del Pentágono, y del exembajador Víctor Manuel Rocha, quien ocupó importantes cargos en el Gobierno estadounidense.

«Los cubanos perfeccionaron un nuevo modelo de guerra de desgaste a largo plazo, cuyas herramientas principales incluían el espionaje, la infiltración, el sabotaje, las redes de representación y una infraestructura revolucionaria diseñada para hacer que EEUU se volviera contra sí mismo desde su propio interior«, apuntó.

«En marcado contraste con el fracaso absoluto de casi todos los demás aspectos del Estado cubano, este modelo [de subversión e inteligencia] ha tenido un éxito notable«, destacó el informe y subrayó que la estrategia del castrismo superó la escala que correspondería a su propio tamaño geográfico o capacidad económica.

Al propio tiempo, EEUU señaló que la subversión no ha sido solo contra Washington, sino que Cuba ha sido, a lo largo de casi 70 años, «el eje de una red transnacional que ha entrenado a decenas de miles de guerrilleros izquierdistas en múltiples continentes y que ha servido históricamente como refugio para prófugos y extremistas».

En tal sentido, apuntó: «El apoyo logístico y el refugio seguro otorgado a fugitivos de la justicia estadounidense y extremistas violentos durante los años 70 y 80 no fueron actos aislados de asilo, sino componentes de una infraestructura revolucionaria activa».

Teniendo en cuenta el análisis meticuloso de los últimos 70 años, el Departamento de Estado destacó que «el ‘comunismo del siglo XXI’ promovido por La Habana es la evolución de la Guerra Fría clásica adaptada a la era de la información, donde las redes sociales, los frentes culturales y las misiones de fachada reemplazan a las guerrillas rurales del pasado».

El informe concluyó con una reflexión que apunta a reforzar la escalada de tensiones entre Washington y La Habana: EEUU no debe ver a Cuba como una crisis insular o un vestigio obsoleto de la Guerra Fría, sino como un adversario activo y sofisticado que continúa exportando inestabilidad política a través de métodos no convencionales.

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