
Los camagüeyanos estaban comprometidos con el alzamiento de Carlos Manuel de Céspedes, en la Demajagua, sin embargo existían algunas indecisiones entre ricos hacendados que consistían en cuál sería la mejor fecha para iniciar la Revolución.
Algunos consideraban necesario contar con mayores recursos bélicos y financieros, y otros hombres dudaban del éxito de la guerra y se inclinaban a la vía reformista.
Para una mayor organización del alzamiento fue constituido el Comité Revolucionario del Camagüey, formado por Salvador Cisneros Betancourt, Ignacio Agramonte Loynaz y Eduardo Agramonte Piña, quienes designaron para la dirección militar a Augusto Arango Agüero.
A inicios de noviembre de 1868 Salvador Cisneros Betancourt conoce de la llegada de un barco por Nuevitas cargado de armas para el ejército español.
Ya no era posible esperar, Cisneros dio órdenes y expresó: “Señores, yo mañana me iré solo o acompañado a detener ese tren, porque le tengo escrito a José Ramón que las armas no llegarán a manos de Mena; y sepan ustedes, que si llegara a recibirlas, antes habrá pasado el tren por sobre mi cadáver”—,
Quedaban convocados para la mañana del 4 de noviembre, en el paso del río Saramaguacán conocido como Las Clavellinas.
Los patriotas se organizaron en siete pelotones y designaron como jefes de los mismos a Ignacio Mora de la Pera, Manuel Boza Agramonte, Martín Loynaz Miranda, José Recio Betancourt, Eduardo Agramonte Piña, Francisco Arteaga Piña y Manuel Agramonte Porro.
Salvador Cisneros Betancourt e Ignacio Agramonte no estuvieron presentes en el alzamiento por estar cumpliendo tareas de apoyo al mismo en Puerto Príncipe.
También los hermanos Augusto y Napoleón Arango, en un aparente derroche de firmeza y convicciones, tomaron los caseríos de San Miguel de Nuevitas y Bagá y del poblado de Guáimaro.
Sin embargo el día 11, Ignacio Agramonte se dio a la tarea de organizar su Estado Mayor, así como formar y entrenar a una infantería y caballería.
Agramonte se convierte en un ente fundamental de la unidad y el radicalismo. Tal es el caso que en reunión efectuada en Paradero de las Minas no estuvo de acuerdo en deponer las armas al expresar que “…acabarán de una vez los cabildeos, las demandas que humillan, Cuba no tiene otro camino que conquistar su redención, arrancándosela a España con la fuerza de las armas”.
Los patriotas de ese territorio tuvieron su bautismo de fuego el 28 de noviembre frente a las tropas de Blas Villate, Conde de Valmaseda, quien con 800 hombres de las tres armas avanzó por la línea férrea hacia Nuevitas y tuvo que enfrentarse a una emboscada mambisa.
El oficial hispano no tuvo otra salida que retirarse y saber bien de cerca que los cubanos estaban decididos a mantener la guerra y que nada detendría la llama independentista.
El Camagüey entraba en la guerra todos convocados por el grito de ¡Viva Cuba Libre!
Los patriotas camagüeyanos encabezados por el Mayor General Ignacio Agramonte, fueron refuerzos imprescindibles para consolidar la primera gesta libertaria para alcanzar la independencia.
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