Hay instituciones que se explican por sus muros, por sus aulas, por los números que cuelgan de sus expedientes. Y hay otras que se explican por lo que provocan en quienes las habitan.
El Complejo Vocacional José Marcelino Maceo Grajales pertenece a ese segundo grupo. Lo dice su director, Rafael Vázquez Thompson, con la certeza de quien traduce una experiencia vivida.
«La palabra que define al complejo vocacional, es vanguardia. Ha sido en 45 años vanguardia, y seguirá siendolo en la Educación en Guantánamo», dice con optimismo.
Vázquez Thompson la describe como una institución entrañable, casi imposible de comprender del todo desde afuera. «No se repite en todos los lugares que convivan juntas el IPVC, la Escuela Pedagógica y un Politécnico, eso nos hace únicos y fortalece los procesos formativos.
«La vocacional es una única, y sin embargo, aquí conviven tres y se han desarrollado experiencias muy buenas de cómo integrarnos. Aunque muchos lo vean como un problema, nosotros lo vemos como una fortaleza».
Esa mirada —la de convertir la diferencia en ventaja— parece ser marca de la casa. La escuela no se repliega sobre sí misma, sino que se piensa como un tejido donde cada nivel aporta al otro.
Para Vázquez Thompson, dirigir la institución en el aniversario 45 es, antes que un cargo, un reencuentro con su propia historia.
«Para mí constituye un honor estar al frente de esta gran escuela .Primero porque fue donde me formé como maestro, fue donde adquirí mi carnet de la Unión de Jóvenes Comunistas, fue donde me formé como dirigente estudiantil y ahora me continúo formando como cuadro revolucionario».
Hay en sus palabras una continuidad que emociona: el estudiante que fue, el dirigente que es, el maestro que sigue siendo.
«Es todo un honor estar aquí en este momento en la Escuela del León de Oriente, tras casi medio siglo de ser fundada por una idea de Fidel que nos llena de compromisos».
Le pregunto por la escuela de sus años, la de su propia formación, y su respuesta no se pierde en la nostalgia fácil.
Y lo que ve, al mirar atrás, no es una institución distinta sino una escuela parecida a la de hoy: «una escuela con principios definidos, con un claustro comprometido, y estudiantes con deseos de aprender y de motivarse».
Reconoce que el contexto social y económico es otro, pero se apresura a subrayar lo que no ha cambiado.
«La esencia no se ha perdido, ha sido la misma: formar un hombre, un joven, un adolescente de bien, formar un joven integral y apto para asumir los diferentes retos de la sociedad».
Esa continuidad entre el pasado y el presente es, quizás, el hilo que explica por qué una institución educativa puede llegar a los 45 años sin perder el alma. No se trata solo de enseñar contenidos, sino de sostener una idea de formación que atraviesa generaciones.
Y en ese empeño, la celebración del aniversario es una manera de reafirmar la identidad.
«Como parte del programa de actividades realizamos acciones que acogen a todo el espectro educacional: estudiantes, familias, clúster de trabajadores, instituciones de la comunidad.
“Realizamos jornadas científicas, estudiantiles, de capacitación para los docentes, festivales de artistas aficionados, copas deportivas, encuentros de conocimientos, la preparación de aulas especializadas inuguradas este 15 de octubre”, explica.
Menciona, además, el rescate de los proyectos «Andando con infinito amor», apuesta por el protagonismo estudiantil que ha sido de las acciones fundamentales de este programa.
La manera en que Vázquez Thompson habla de su escuela subraya el referirse al lugar de propia formación: la Escuela del León de Oriente, fundada por una idea de Fidel, la cual cumple 45 años y su director lo dice como quien agradece una herencia.
“Vanguardia, entrañable, única”, así la define. Sus palabras se acumulan, y suenan a verdad contada desde adentro. Y quizás eso sea lo más difícil de transmitir a quien nunca ha puesto un pie en el complejo vocacional: que una escuela puede ser, al mismo tiempo, institución y hogar.

