AJEDREZ SIN MIRAR. Hay un momento en el cual el tablero desaparece. No porque se retire: deja de ser necesario. En ciertas salas donde el silencio pesa, los grandes maestros cierran los ojos o miran a ninguna parte y, sin embargo, lo ven todo. Las piezas avanzan en la memoria con una precisión asombrosa: un caballo salta en la mente, una torre recorre columnas invisibles, el rey respira cercado en un espacio solo existente en la imaginación. Cuba, tierra de Capablanca, campeón mundial, conoce bien esa elegancia casi invisible del pensamiento ajedrecístico, donde la claridad vale más que el ruido. Jugar así no es un truco, es una forma superior de concentración, una música interior donde cada movimiento tiene timbre y cadencia.
RÉCORDS LONGEVOS. El tiempo, que todo lo desgasta, a veces se rinde. Hay marcas deportivas resistentes como si hubieran sido fijadas fuera de la historia. Cambian los materiales, se perfeccionan las técnicas, se multiplican los datos… y, sin embargo, ciertos registros permanecen intactos, desafiando a generaciones enteras. No son solo números: son momentos irrepetibles donde confluyeron talento, audacia y una circunstancia exacta, casi milagrosa. También el deporte cubano guarda esas huellas obstinadas, gestas que aún hoy dialogan con el presente y recuerdan que la grandeza no necesita repetirse para permanecer. Uno de ellos es del cubano Javier Sotomayor: el 2,45 en salto de altura logrado en Salamanca. En pie desde 1993.
ESCENARIOS IMPROBABLES. El deporte no siempre habita en la comodidad. Hay sitios que parecen un acto de obstinación humana: incrustados en montañas, abiertos al viento del desierto o asomados a mares sin descanso. Allí, la geografía no es telón de fondo, sino adversario y aliado. El aire escasea o arde, la luz cambia, el entorno impone sus reglas. Y, sin embargo, se juega. Como en ciertas canchas caribeñas, donde el sol cae a plomo y el público late cerca, recordando que el deporte también es clima, paisaje y cultura viva.
RITUALES ANTES DEL ABISMO. Minutos antes de competir, cuando todo está en silencio o en ruido, el atleta se refugia en pequeños gestos. Una cinta que se ajusta siempre del mismo modo, una palabra susurrada, un orden invariable en la rutina. Desde fuera parecen supersticiones; desde dentro, son anclas. No aseguran la victoria, pero organizan el espíritu frente al vértigo. En ese instante íntimo, previo al estallido, el deportista se recompone y encuentra una forma de equilibrio. Luego vendrá la acción, imprevisible y feroz. Pero ese breve ritual, casi secreto, es el umbral donde comienza todo.
ALGO QUE A USTED PUEDE INTERESARLE. Fuera de las canchas, otro fenómeno redefine la manera en la cual millones acceden a la información. La expansión de plataformas de transmisión y servicios en la nube ha provocado picos de tráfico que obligaron a reforzar redes y ajustar protocolos de seguridad. La multiplicación de dispositivos conectados —teléfonos, tabletas, televisores inteligentes— crea un entorno donde cada usuario funciona como nodo activo de circulación de datos. Ese proceso revela una dependencia creciente de la infraestructura digital y expone brechas tecnológicas aún persistentes. También muestra cómo la vida cotidiana se reorganiza alrededor de pantallas, notificaciones y sistemas de respaldo que sostienen la continuidad informativa en momentos de alta demanda. (R. P. V.)
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