Para evitar entuertos: Si un país es capaz de sancionarme y hundirme en la pobreza, con tiempo, debo evaluar esa realidad y buscar la manera de evitar lo haga. No puedo hacer planes, sabiendo de esa amenaza real; pues ella, por cruel e injusta que sea, es determinante. Entonces, culpar a mi enemigo, no haber logrado mis sueños, sabiendo del peligro que me acechaba, no parece inteligente ni nada justificable. Tampoco lo sería decir que Díaz Canel traiciona a alguien o algo, habría que jorungar en el pasado.
Suelo recordar una frase de Fidel Castro, en respuesta a un entrevistador de televisión, en Caracas, según la cual, “Si alguien sabe de errores cometidos, somos nosotros”. “Nosotros”, pronombre personal en plural, en ese caso, aludía a la dirigencia cubana. Liderada por él. O para decirlo, de manera más formal, al Partido Comunista Cubano.
Pero a partir de esas declaraciones y pese sus intensas relaciones con el presidente CAP, el gobierno de la isla antillana tuvo sus devaneos pero no dio muestra notorio de intentar ningún cambio; se acercó, evidentemente en busca de ayuda o se dejó tentar por invitaciones y hasta insinuaciones, pero mantuvo la misma conducta de antes, la inherente a lo que ellos llamaban una revolución que, supuestamente había cambiado radicalmente el modelo, de “capitalista a socialista”; un proceso en el cual, después de disuelta la URSS, Cuba quedó atrapada en grandes dificultades, uno que ellos llamaron algo así, como “período especial”, por las serias carencias y ruindad. Aunque, es valedero pensar que en EUU, por razones nada difíciles de entender, en ese tiempo no había interés alguno en intercambio diplomático con Cuba. Salvo que el gobierno se mostrase dispuesto al amansamiento.
Pero pese esa percepción, Fidel, por lo menos que yo sepa, no intentó ningún cambio; y digo Fidel, por las características del régimen. Quizás, hubiera sido una manera más explícita, de enseñar ¡cuánto error habían cometido!
Muerto Fidel, habiendo asumido el liderazgo su hermano, Raúl Castro, derivado del orden de cuando se inició la lucha armada contra Batista, siendo presidente de EEUU, Barak Obama, Cuba dio muestras de iniciar un proceso de cambio, el cual se inició con una discreta reforma constitucional, destinada a brindar mayores oportunidades a quienes ellos llamaron y llaman “el cuentapropismo”, que no era más que incentivar a los pequeños capitales acumulados, para invertir en áreas de la economía. Aquella actitud, estuvo acompañada por un intento de ambos gobiernos de recomponer sus relaciones, tanto que el presidente demócrata de EEUU visitó la isla. Pero aquello no pasó de eso, con el mismo Obama, a quien muy pronto sustituyó Donald Trump. Aquel intento, conocido como “el deshielo”, fue interrumpido por el cambio de régimen, en el 2017, cuando el antes nombrado, volvió a la misma ruta de antes, el sometimiento o rendimiento del régimen cubano
A partir de lo acontecido en Venezuela el 3 de enero, según los medios, Cuba ha sido objeto de amenazas de parte del gobierno estadounidense en el mismo sentido. Pero también hemos sabido de intercambios, como visitas de autoridades del país del norte a la isla antillana; declaraciones de sus autoridades acerca de su disposición de defender su soberanía a toda costa. Y hasta se ha hablado de reuniones entre factores militares de los dos países en el área de Guantánamo. Pues Trump, como suelo decir, combina la fuerza, el terror, con la diplomacia.
Ahora mismo, revisando el portal Aporrea.Org, he hallado un titular, según el cual, “Díaz-Canel anuncia reformas para dinamizar la economía cubana”.
Según la misma nota, el presidente cubano ha expresado que “Se trata de un amplio paquete de reformas económicas de carácter liberalizador y descentralizador, bajo el argumento de que “son tiempos en que hay que cambiar”.
Se habla entonces de liberar y descentralizar, es decir, empezar a disolver el esquema persistente desde el inicio, de un Estado propietario de todo y donde como dijo un cubano, unos años atrás a alguien que lo entrevistaba, “aquí el gobierno, dueño de todo, hace las veces que nos paga salario y nosotros, hacemos las veces que trabajamos”.
Las palabras liberalizador y descentralizador, usadas por Diaz Canel, más que un poema, son una rústica confesión de males cometidos por el Estado cubano.
Pero hay algo significativo en el discurso de Díaz Canel, “son tiempos de cambiar”, o para mejor decirlo, “son momentos” cuando, quienes gobiernan en Cuba, se han convencido que, es necesario desmontar aquel modelo improductivo, por las razones que cada quien crea, pero impuesto por la determinación de una vanguardia apoderada del Estado. El proceso de descomposición social cubano, como el de la URSS, Estados dueños de todo o “de nada”, derivó de imposiciones de la realidad, generando, entre otras cosas, acumulación de capital privado que, desde años atrás viene demandando cambios para expandirse y hacer crecer la economía cubana, más cuando el Estado se muestra incompetente para eso.
Ha dicho Díaz Canel, que lo implementado obedece a “las exigencias de los tiempos actuales”. Unos tiempos, donde las dificultades son las mismas de antes, como que llevó a Fidel Castro a decir lo que antes escribimos y a Raúl a promover una reforma constitucional en favor del “cuentapropismo”, una manera de llamar a los pequeños y hasta relativamente grandes capitales que, en cuba se acumulan, tal como sucedió en la URSS, como respuesta natural ante la incapacidad del Estado, propietario de todo, de general unas relaciones ventajosas para la multitud. Entonces, no es sólo es cuestión de los tiempos de ahora, son muchas cosas más.
Disuelta la Unión Soviética, fue por lo menos para mí, muy breve el tiempo transcurrido, que llevó a Rusia a retomar el lugar de importante potencia mundial. Aquel auge, me generó, de inmediato, una interrogante, como qué, ¿de dónde salieron rápidamente esos capitales para generar aquel cambio tan drástico? La primera idea que “emergió de mi mente”, es que ellos se habían acumulado en aquella sociedad y orden que no les ofrecía espacio y ellos contribuyeron a abrírselos.
Diaz Canel ha hablado, precisamente de “nuevos actores” en el sector turístico, dado que, según él, este fue abandonado por los capitales extranjeros que antes lo explotaban, dadas las amenazas de sanciones de EEUU. Y no es extraño que, entre esos “nuevos actores”, estén esos capitales acumulados internamente, más los de EEUU mismos, dadas las conversaciones semi ocultas que se llevan a cabo y los de China, más en un momento cuando, el gobierno de ese país asiático, ha declarado, por intermedio de uno de sus voceros, “Al menos por ahora, la perspectiva del Gobierno chino es que su relación con el gobierno de Trump es mejor de lo que jamás habían esperado”, según el NY Times.
Pero dijo algo más Díaz Canel, se dará “autonomía a las empresas estatales en materia de salarios, de inversión de utilidades, de importación y exportación, de asociación con otros actores económicos, de diseño de planes de negocio y de acceso al mercado cambiario”. De acuerdo a lo anterior, el Estado permitirá a las gerencias de sus empresas, tomar decisiones, romperá el estricto control estatal que generalmente lleva a decisiones contrarias al fortalecimiento de esas empresas, un poco por aquello de “cada amo cuida su caballo”. Ellas dejan de estar sujetas a las decisiones derivadas del estricto control estatal que, por el burocratismo, por lo menos, las lleva al deterioro y la quiebra, como sucedió en Venezuela con muchas empresas sustentables y rentables. Permite que los gerentes, operen la empresa desde una perspectiva más cercana, real y cuidando “el caballo”.
Y anunció además el presidente cubano que, “Para las formas de gestión no estatales, las actividades prohibidas van a ser limitadas para que su objeto sea lo más amplio posible”. Es decir, se abren más mercados para los capitales privados.
Pero también anunció, Díaz Canel, “una reestructuración del aparato del Estado, con menos ministerios y una reducción importante de los empleados estatales”. Por supuesto, una medida se deriva de la otra, pues el Estado, abre espacios al capital privado y, a este destina, mano de obra, antes bajo su patronazgo, sin efecto alguno.
Esto último, en mucho coincide con lo anunciado recientemente por el gobierno venezolano a través de Héctor Rodríguez, encomendado por la presidente encargada para promover reformas del Estado.
Además, según La Jornada, dijo el presidente cubano, “para la inversión y gestión no estatal se limitarán las actividades prohibidas, se agilizará la aprobación de micro, pequeñas y medianas empresas, y se facilitará la inversión extranjera directa, incluida la participación de cubanos residentes en el exterior y en la isla”. Y agregó, “Son tiempos en que hay que cambiar y el país no puede seguir funcionando igual… Cada oportunidad en medio de una crisis hay que aprovecharla como un momento de despegue, un momento de crecimiento. Entonces nosotros hemos establecido un grupo de prioridades para enfrentar toda esta situación”. Díaz-Canel anuncia cambios al modelo económico de Cuba.
De todo lo anterior uno puede deducir dos cosas; la primera de ellas es que, el gobierno cubano, por su propia iniciativa, ha optado por unas reformas demandadas por la realidad y llegados a la conclusión, como los chinos que, aquella aventura, fundamentada en sueños y manuscritos nada ocultos, según la cual la sociedad se cambia por exclusiva decisión del Estado y la buena voluntad de la vanguardia que lo controla, no tiene fundamento real y es la causa del deterioro o estancamiento de su economía. Hay factores y necesidades como las que ahora enuncia que cuentan en el manejo de la cosa pública.
Como que, al hombre, le llevó muchos, muchos años, acceder a la producción agrícola y muchos más, lograr que a ella se incorporasen multitudes, no fue por orden o mandato de gobierno o autócrata alguno.
Pero también es curioso que, después de lo acontecido en Venezuela, las amenazas de Trump a Cuba, envueltas en expresiones y gestos aparentemente chistosos y en paralelo las gestiones diplomáticas, coinciden con estos anuncios de Díaz Canel. Por lo menos, este cambio, tal como marcha hasta ahora, pudiera no dar motivo para que se hable de traición. Aunque no será extraño eso se repita.
Pero de todo esto, es bueno tomar en cuenta que, Rusia emergió de la crisis de la URSS, convertida casi prontamente en una potencia, sin la presencia, por lo menos determinante de capitales estadounidenses, lo que le ha permitido exhibirse como una soberana, hasta desafiante y competitiva.
En Cuba, sin duda, eso que allá llaman “cuentapropismo”, que desde los inicios del gobierno de Raúl Castro, como ya dijimos, comenzó a recibir un trato preferencial y mejores oportunidades, ha crecido, se ha fortalecido, como para generar capitales que, ahora pueden incursionar en actividades antes prohibidas y generar un cambio, tanto como que el Estado cubano, vuelva a ser el clásico aparato determinado por los dueños del capital; sólo que ahora, pudieran emerger, esa es la alternativa probable, unos propietarios del capital de carácter privado, el interno, de eso que llaman el “cuentapropismo” y los nuevos “actores” de los cuales habló Díaz Canel. Y no es extraño, dado los intercambios de los últimos meses, entre el gobierno de EEUU y el de Cuba, a los que aparecen asociados estos recientes anuncios, el capital estadounidense retorne a la isla antillana.
Los cambios profundos de una sociedad, de manera que deje de ser una por otra, no obedecen a simples decisiones de individualidades, ni del Estado, sino de la sociedad toda. Por eso, es bueno reflexionar sobre ello; recordar cuánto error cometido y asumir la realidad tal como ella es.
