Muy bien por las lluvias, por la crecida y por una higiene que a todos corresponde
Hace tiempo que no sucedía. El Yayabo, emblemático río que serpentea y abastece a la ciudad de Sancti Spíritus, lo necesitaba. Un buen torrente, una crecida le vendría como anillo al cauce. Moría de sed y también víctima de las más diversas e increíbles formas de desconsideración social por parte de quienes suelen verter en sus márgenes, hasta… lo que la madre naturaleza no parió.
Lluvias, muy oportunas, acaban de recordarles a los habitantes de la cuarta villa fundada por los españoles en la Cuba colonial, fértiles años en que el Yayabo corría con envidiable salud, alimentado por arroyos, cañadas y otros afluentes.
Lo más alentador, sin embargo, pudiera ser “el trabajo voluntario, de higiene y saneamiento” realizado por las aguas, río abajo.
Lentes y celulares se hicieron eco rápidamente del nivel que alcanzaron las aguas, reflejo, por demás, de un anhelo que ha venido fluyendo de calendario en calendario.

Autoridades y personas más cercanas al giro, han estado pidiendo “a gritos o por señas” similares crecidas en otros ríos del territorio que tributan directamente a la presa Zaza: el mayor embalse cubano, muy afectado en los últimos tiempos por el discreto comportamiento de las precipitaciones.
Ojalá san Pedro siga posibilitando lluvias, escurrimientos y volúmenes superiores, a favor de todo: del abasto a la población, de otras formas de consumo social y de programas estratégicos, como el del arroz, alimentado y respaldado precisamente por la presa Zaza.
Pero vendría muy bien –volviendo al serpenteante curso del Yayabo– también una mayor comprensión ciudadana, en particular por parte de quienes vierten o lanzan en sus riberas desechos que devienen mortal veneno para un río así, que merece no solo toda el agua que las nubes sean capaces de ofrecerle, sino la higiene y la salud que, en general, lo distinguió en etapas anteriores.
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