El precio humano del bloqueo
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El precio humano del bloqueo

Voces parlamentarias denunciaron en el Instituto Nacional de Oncología y Radiobiología los daños causados al sector sanitario por el cerco económico, comercial, financiero y energético de Washington contra la mayor de las Antillas


“Levantar el cerco en este minuto no es una petición política, sino una exigencia ética”, afirmó la doctora Josefina Prosper Bruff entre las paredes del teatro del Instituto Nacional de Oncología y Radiobiología, sede de la Audiencia Pública Parlamentaria “Cuba no es una amenaza, el bloqueo sí”.

Durante su intervención, la doctora Josefina Prosper Bruff, especialista del Instituto, denunció el alto costo humano que impone el bloqueo a la salud pública cubana. / Gilberto Rabassa

El escenario escogido resultó un símbolo elocuente: un centro asistencial consagrado a combatir el cáncer. Allí, las políticas hostiles abandonan la abstracción para convertirse en pacientes sin medicación, equipos apagados y una angustia palpable.

Otros tres panelistas acompañaron a Prosper en la jornada: los diputados a la Asamblea Nacional del Poder Popular Carlos Antonio Leyva Issac, Leidys María Labrador Herrera y Yasel Toledo Garnache.

Igualmente, el evento contó con la presencia de Esteban Lazo Hernández, miembro del Buró Político y presidente de la Asamblea Nacional del Poder Popular y del Consejo de Estado; Yanet Hernández Pérez, gobernadora de La Habana; Josefina Vidal, viceministra de Relaciones Exteriores, y Julio Guerra, viceministro de Salud Pública.

También se sumaron miembros de comisiones parlamentarias, diputados, estudiantes de instituciones de salud y personal del hospital, quienes conocen de cerca el precio de cada carencia.

Prosper tomó la palabra con la autoridad de quien labora allí a diario. Detalló que, entre marzo de 2025 y febrero de 2026, la salud pública cubana perdió cerca de 367 millones de dólares, aunque advirtió que el costo más alto se mide en el tiempo robado a un enfermo.

El foro contó con la presencia del miembro del Buró Político y presidente de la Asamblea Nacional del Poder Popular y del Consejo de Estado Esteban Lazo Hernández. / Gilberto Rabassa

En neonatología, más del 95 por ciento del equipamiento depende del fluido eléctrico estable; al faltar la electricidad, sostener la vida exige ingenio, sacrificio y una vocación médica puesta a prueba permanentemente.

De 395 fármacos imprescindibles en el cuadro básico sanitario, faltan 300. La difícil adquisición de insumos y combustible a causa del asedio sostiene esa carencia. Tales faltantes obligan a sustituir, aplazar, improvisar y hacer magia mientras los pacientes aguardan respuestas.

Para Carlos Antonio Leyva Issac, “la cotidianidad de una planta industrial cubana es similar a un rompecabezas al que le faltan piezas”. Muchas veces se posee el capital humano, los equipos y la fórmula del producto, pero es entonces cuando escasea la materia prima, el envase o el reactivo necesario.

Por fenómenos como este, la supervivencia en niños y jóvenes con cáncer descendió de un 85 por ciento a un 65 por ciento. Por si fuera poco, existen novedosas inmunoterapias en otras naciones que podrían salvar la vida de numerosos cubanos, pero, debido a que contienen componentes estadounidenses, acceder a ellas resulta imposible.

Alrededor de 30 000 niños resultaron afectados en procesos de vacunación debido a la falta de transporte refrigerado. Además, garantizar a los pacientes con hemodiálisis un traslado adecuado no siempre es posible.

Como describió la diputada Leidys María Labrador Herrera, “miles de cubanos reciben injustamente un castigo colectivo por un solo hecho: defender su derecho a la libre determinación”. Y eso no es un delito.

El auditorio respaldó la exigencia de poner fin a una inhumana política de castigo colectivo. / Gilberto Rabassa

El cerco persigue a los proveedores de terceros países, a los bancos y a las embarcaciones que desean comerciar con Cuba. Si abastecerse de productos básicos para la subsistencia no es una opción, la presión alcanza la mesa familiar: alimentos en riesgo, noches largas, fármacos desaparecidos y una paciencia puesta al límite.

Ningún hogar escapa del bloqueo. Ni los sueños, ni los planes, ni la realización personal quedan intactos. La asfixia se convierte en un problema real que no constituye un mero detalle técnico, sino una decisión política genocida del gobierno estadounidense.

Sin embargo, “este pueblo, a pesar de las dificultades, jamás ha perdido la capacidad de mantener la alegría”, aseveró Yasel Toledo, quien es también presidente de la Asociación Hermanos Saíz.

Cuba resiste con el alma cosida a retazos de dignidad. Entre pasillos oncológicos, las cifras dejaron de ser números fríos para volverse rostros, camas y médicos que inventan soluciones donde escasean los recursos. El bloqueo no arranca la esperanza.

El pueblo aprende a sobrevivir entre apagones, a sembrar futuro en tierra sitiada y a vencer sin rendirse jamás. Cuba no es una amenaza; el bloqueo sí.

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