El nuevo magartismo
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El nuevo magartismo

Si alguien podía pensar que los excesos del macartismo habían llegado a los límites máximos posibles, quedará anonadado al revisar el documento que el Departamento de Estado estadounidense acaba de liberar. Si se le aplica un razonamiento elemental, de humana lógica, el documento podría pasar como un nuevo esperpento, un bodrio de asertos anodinos que dejarían pasmado al más crédulo de los acólitos del nuevo magartismo. (Magartismo, la tendencia al uso del movimiento MAGA: Make America Great Again). No debe ser entendido de ese modo, sin embargo. Salido de una administración que ha usado el poder constitucional como su propio instrumento de beneficio corporativo, y ha anulado cualquier diferencia que, aún dentro del entramado conceptual del capitalismo imperial, pueda competir con los intereses de quienes detentan el poder, es, en primer orden, una agenda de procedimiento para aquellos que deban secundarlos. Como además dice denunciar un peligro global que ha estado operando contra la civilización occidental, es también una amenaza concreta, con visos de chantaje, para cualquiera que se atreva a cuestionarlo.

Las bases vigentes del nuevo magartismo se erigen en una potencial amenaza contra la humanidad.

Los representantes de MAGA han abolido la lógica del buen comportamiento ético que debe respetar el funcionario en un cargo de servicio público. Les basta con que el argumento responda a sus propios intereses para convertirlo en válido, y obligatorio. Sustentan así las bases ideológicas fascistas de exclusión cultural como si fuesen ideas civilizatorias de valor universal. Y de antemano condenan cualquier reivindicación que pueda reclamar el más modesto grupo de activismo racial, feminista, ecológico, emancipador o de cualquier tipo que sea su manifestación, para definir como delito el espíritu ideológico de la descolonización cultural.

La anodina construcción de Cuba como el poderoso enemigo que ha penetrado ideológicamente a todo el globo terráqueo, siendo a la vez un estado fallido, revela qué poco interesa al magartismo en el poder la comprobación factual del hecho: basta esgrimir una falacia argumentativa para que se convierta en ley suprema. La mentira flagrante, discriminatoria, supremacista, se asume como norma civilizatoria de estricto cumplimiento. No hay religión ni conducta, personal o colectiva, nacional o comunitaria, fuera de la norma corporativa que esa ideología magartista proclama como credo. Los sistemáticos discursos de Rubio han reiterado explícitamente este precepto.

Tampoco se trata de un credo filosófico, espiritual u ontológico, pues responde a una estrategia operativa que elabora ad hoc y de inmediato, para justificar cualquier acción arbitraria de poder que en nombre de esa “ley suprema” decidan emprender. Tan coherente es el documento en ese aspecto, que cualquier fragmento que se cite lo demuestra. Más que un llamado de advertencia, se ha lanzado una agenda para el resto del mundo: ¡ay de aquel que ose cuestionar los supremos valores del imperialismo estadounidense!

El magartismo constituye, por tanto, una amenaza concreta e inmediata para la humanidad; un anuncio de que a las tácticas de purgas macartistas unirán las estrategias expansionistas del fascismo a un nivel global sin precedentes. Tampoco se trata de uno de esos juegos de payasadas análogas de las que se rodean los procesos electorales del sistema de partidos políticos que como democracia se presenta. El documento es una nueva encíclica del poderío que se aviene en el ámbito ideológico, por cuanto el militar colonialista ha mantenido su práctica habitual durante muchas décadas.

Los representantes de MAGA sustentan las bases ideológicas fascistas de exclusión cultural como si fuesen ideas civilizatorias de valor universal.

No solo se crean así las bases para aislar a Cuba de toda relación solidaria, diplomática, además de las de intercambio comercial que ya el bloqueo naval ha conducido a extremos genocidas, sino que se define a quién debe responder cualquier conducta en el ámbito global de relaciones. Y por supuesto, cómo debe ser presentada esa respuesta.

El documento, por demás, prueba muy poco, o tal vez nada, ya que el sesgo de interpretación ideológica que rige cada conclusión pone en entredicho el hecho referente; simplemente alude y de inmediato usa como verdad comprobada esa alusión. Son las bases vigentes del nuevo magartismo que se erigen en una potencial amenaza contra la humanidad. No hay legitimidad alguna en su paquete de argumentos; solo el miedo a la anunciada represalia, y el oportunismo deshumanizado de la mentalidad corporativa, pudieran sustentarlo. Y así está sucediendo, lamentablemente, en no pocos países de todo el hemisferio.

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