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Washington, La Habana, Pionyang – castellonaldia.elmundo.es

FÓSILES del comunismo. Clavos ardientes donde se sostiene la -absolutamente- desdibujada idea de la hoz y el martillo. Cuba y Corea del Norte. Dos naciones aisladas. Una, atormentada. La otra, auto enclaustrada. ¿Han seguido ambos países estrategias distintas para afrontar la presión exterior? ¿cuál está obteniendo mejores resultados?Cuba acaba de anunciar un paquete de reformas descentralizadoras, con mayor espacio para la iniciativa privada, la inversión y una reducción de trabas burocráticas. Resulta difícil desligar ese movimiento del endurecimiento de la presión estadounidense, que en los últimos meses ha intensificado las sanciones y el cerco económico. La interpretación oficial en Washington es que la presión obliga al régimen a reformarse. Pero, me temo, la vía es deteriorar tanto las condiciones de vida de la población que al propio gobierno cubano le resulte inviable no doblarse ante E.E. U.U.Así se utiliza el sufrimiento económico (que deriva en degradar la vida de los ciudadanos) como mecanismo de transformación política. «Cuba es Cuba, de los cubanos. Sabemos que el bloqueo nos ha rezagado décadas. También sabemos que el régimen es caduco. No nos gusta Estados Unidos, nos gusta Cuba, pero también nos gusta la libertad. Estamos entre la espada y la pared», me comenta un cubano con el que hablé la semana pasada acerca del tema.Mientras tanto, Corea del Norte tomó un camino radicalmente distinto. Durante décadas sacrificó su integración internacional para priorizar el desarrollo militar y nuclear. Han salido noticias que describen una etapa de mayor dinamismo económico e inversiones en infraestructura y desarrollo urbano en Pionyang, aunque esto es difícil de verificar. El extraordinario hermetismo de Corea del Norte tampoco se salva de generar hambre, penuria y estándares de libertad que no llegan ni al tobillo a los de Occidente. O eso creemos. Desgraciadamente no conozco a ningún norcoreano dispuesto a contrastar su estado político.Los ciudadanos de Corea del Norte sufren enormes privaciones para que el Estado alcance una capacidad disuasoria que le permita frenar a USA. Una vez convertida en potencia nuclear de facto, ningún actor internacional contempla ejercer una presión extrema como la que afronta Cuba. La existencia nuclear modifica el cálculo geopolítico. Ahora bien, afirmar que «Corea del Norte lo hace bien» sería ir mucho más allá de lo que permiten los hechos conocidos. Primero, porque el coste humano de décadas de aislamiento y privaciones ha sido inmenso. Segundo, porque disponer de una capacidad nuclear no garantiza ni prosperidad ni bienestar para la población. Sea coreana, cubana o norteamericana.

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