El Flora en la memoria
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El Flora en la memoria

Cuba


Foto: Archivo de Granma

Entre el 4 y el 8 de octubre de 1963, la región oriental de Cuba sufrió el azote del ciclón tropical Flora, causante del segundo mayor desastre natural documentado ocurrido en nuestro país, superado solamente por el célebre huracán de Santa Cruz del Sur, Camaguey, el 9 de noviembre de 1932.

Surgido como depresión tropical el 26 de septiembre en aguas del océano Atlántico oriental, tres días después se convirtió en huracán y penetró en el mar Caribe, manteniendo un rumbo al oestenoroeste y luego al noroeste.

Antes de cruzar en la noche del 3 de octubre la península de Tiburón, en Haití, alcanzó la categoría 4 en la actual escala Saffir-Simpson.

Más debilitado, penetró en tierra cubana por la costa sur de la hoy provincia de Guantánamo en la tarde del 4 de octubre como huracán categoría 2, con vientos máximos estimados de 165 kilómetros por hora.

Como cuenta a Granma el profesor Luis Enrique Ramos Guadalupe, coordinador de la Comisión de Historia de la Sociedad Meteorológica de Cuba (SometCuba), una vez en el territorio oriental, hizo una lenta y errática trayectoria, al desplazarse sucesivamente al noroeste, oeste, suroeste, este, nordeste y de nuevo al oeste, hasta cerrar un lazo encima de la región oriental y salir al mar, el 6 de octubre, para internarse en el Golfo de Guacanayabo.

«Luego entró nuevamente por el sur de Camagüey, enrumbó al sudeste, y después al estenordeste, para salir definitivamente de Cuba dos días más tarde, por las inmediaciones de Gibara.

«El movimiento descrito hizo que la circulación del sistema, permaneciese sobre las antiguas provincias de Oriente y de Camagüey a lo largo de unas 120 horas, dejando caer grandes volúmenes de precipitaciones».

Durante ese tiempo, la región oriental recibió acumulados de lluvia que, en algunos lugares, superaron los promedios históricos de un año, al alcanzar los 1 600 milímetros, precisó.

Testimonios de la época citados por el profesor Ramos Guadalupe, señalan que las aguas del río Cauto se extendieron unos 20 kilómetros más allá de su cauce habitual, arrasando todo lo que encontraron a su paso.

Las crecidas de ríos y arroyos alcanzaron niveles sin precedentes, y muchos poblados y caseríos desaparecieron bajo la acción de violentos torrentes de agua. De ello dan fe numerosas imágenes captadas por fotorreporteros y camarógrafos, que muestran la agonía de muchas personas subidas a los techos de sus casas, o aferradas a la copa de árboles, esperando a que los helicópteros de las Fuerzas Armadas Revolucionarias los rescataran.

El número de fallecidos comprobados ascendió a 1 157, y la cifra de viviendas destruidas sobrepasó las 11 000. Hubo más de 175 000 evacuados y se perdió cerca del 70 % de la masa ganadera de la región oriental.

La infraestructura de comunicaciones telefónicas, el tendido eléctrico y los viales, incluidos los puentes y líneas de ferrocarril, colapsó de manera casi total, mientras la cosecha de café y los cultivos varios sufrieron severas pérdidas.

Según el historiador de la meteorología, la inusual trayectoria, caracterizada por la prolongada permanencia de los efectos del Flora sobre la región oriental, condicionada por la posición y persistencia de los centros anticiclónicos situados al norte y al oeste de Cuba, las características topográficas de la zona azotada y la carencia de una infraestructura hidráulica que permitiera reducir el efecto de las inundaciones, potenciaron la magnitud de los severos impactos.

Tampoco el país contaba, en la primera mitad de la década de los años 60, con un sistema nacional de protección bien estructurado y eficaz, para preservar la vida humana y los recursos materiales, frente a contingencias naturales.

LA IMPRONTA DE FIDEL

Es inevitable recordar los sucesos dramáticos del Flora sin mencionar la presencia del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz en el propio escenario de la tragedia, encabezando, junto a otros altos dirigentes del Partido y el Gobierno, las operaciones de rescate y salvamento de la población, en condiciones muy riesgosas.

Incluso, en una de ellas Fidel estuvo a punto de sufrir un accidente de consecuencias impredecibles, cuando el vehículo anfibio que lo transportaba estuvo a punto de ser arrastrado por la notable crecida de las aguas.

Al comparecer el 21 de octubre de 1963 por las cadenas nacionales de radio y televisión, el máximo líder de la Revolución esbozó la estrategia de recuperación y puntualizó las medidas para evitar la repetición de desastres similares en el futuro.

De la histórica intervención, surgió la iniciativa de invertir, en la región oriental, no menos de 200 millones de pesos para construir embalses y canales que, además de regular las inundaciones, aliviara los problemas del abasto de agua para la población y la agricultura.

Nació así lo que se conocería como voluntad hidráulica. La amarga experiencia del Flora condujo, también, a la creación del Sistema de Defensa Civil, en julio de 1966, y a la fundación del Instituto de Meteorología, en la noche del 12 de octubre de 1965.

Foto: Archivo de Granma
Foto: Archivo de Granma

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